El primer gabinete de Keiko Fujimori

La primera entrevista de Keiko Fujimori, como presidenta electa, grabada para un podcast de autoayuda con su amigo personal Ismael Cala, quedó en frases sobre casarse con el Perú y sanar heridas, sin tocar las preguntas concretas que el país tiene pendientes.

Sin embargo, la historia peruana y mundial enseña que por más edulcorado que sea el discurso, la realidad siempre prevalece. Y la realidad que espera a la nueva presidenta exige mucho más que buenas intenciones. Es una propuesta con visión de Estado exigir un gabinete que esté a la altura de la oportunidad que el momento le ofrece.

Durante su campaña, Keiko Fujimori prometió un gobierno de diálogo, con un gabinete amplio, plural y con experiencia, más allá de su partido. En los últimos días, los nombres que circulan en distintos medios son especulaciones que la propia presidenta electa se reserva confirmar hasta el cambio de mando. Ese hermetismo es su derecho.

No obstante, lo que este diario plantea es la oportunidad histórica que ese gabinete representa. El Perú llega al nuevo gobierno con términos de intercambio comercial en sus niveles más altos en 75 años. La inversión privada postergada durante el ciclo electoral espera señales claras para desbloquearse. El mismo Banco Mundial proyecta un crecimiento del 3.1% para 2026. Son condiciones que muy pocos gobiernos peruanos han heredado.

Pero esa ventana no es eterna. Los ciclos de materias primas se revierten, el Fenómeno El Niño erosionará la producción agrícola y pesquera desde setiembre, y el Congreso fragmentado exigirá negociaciones permanentes.

Quien administre el Estado y aproveche esta coyuntura para construir instituciones sólidas, respetar la autonomía del sistema de justicia y una política de seguridad ciudadana sostenida, no solo atacando las consecuencias sino sus causas, dejará un país resiliente cuando las condiciones favorables ya no estén.

Un gabinete que refleje esa visión de Estado, con ministros que el Perú del sur, del centro y de las zonas rurales pueda reconocer como propios, sería la señal más poderosa que la nueva presidenta puede dar antes del 28 de julio. Y para ello, el trabajo del parlamento en la derogación de las leyes pro crimen será fundamental.

La promesa de pluralidad claro que puede convertirse en política real. La oportunidad está ahí. La pregunta es si la voluntad del fujimorismo también.

Fuente: larepublica.pe

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *