Empezó como una pequeña fuente de soda en el Rímac y hoy es un ícono de los pollos a la brasa: así nació Hikari

Fundada en 1978 en el distrito del Rímac por Violeta Kohashigawa y Julio Gushiken, Hikari, que en japonés significa “resplandor”, es mucho más que una pollería. Es la historia de una familia nikkei que convirtió una pequeña fuente de soda en una tradición limeña que hoy celebra más de cuatro décadas de sabor, persistencia y evolución.

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Hikari nació con una idea clara y mucha intuición. Julio Gushiken, entonces repartidor de pollos crudos a las primeras pollerías de Lima, identificó una oportunidad en el corazón del Rímac. En julio de 1978, junto a su entonces enamorada Violeta, quien más tarde sería su esposa y socia, abrió un modesto local en la avenida Tarapacá.

Al principio, era un pequeño local que servía pollo a la brasa, pero su éxito creció rápidamente gracias al movimiento nocturno del barrio, lleno de discotecas y salones de baile, lo que llevó a los fundadores a ampliar su oferta gastronómica y horarios. “Mi papá trabajaba desde las 7 de la noche hasta la madrugada, mi mamá en la mañana. Se turnaban para sacar adelante el negocio mientras cuidaban de nosotros”, recuerda Johnny Gushiken, gerente e hijo de los fundadores.

El nombre Hikari fue heredado de un pequeño restaurante que tuvo la abuela paterna de Johnny en Breña, un guiño a las raíces niponas de la familia, pero también un símbolo del espíritu con el que nació la empresa.

Hikari significa resplandor en japonés.

Hoy, ese “resplandor” sigue vivo en la memoria del Rímac, donde el local original se mantiene como un ícono del distrito. “Visitar ese local es siempre un ejercicio de nostalgia. Hay amigos de mi padre que me vieron crecer, y es lindo seguir viéndolos allí”, cuenta Johnny.

Una pollería con alma de restaurante

Lo que distingue a Hikari de otras pollerías no es solo su tradición, sino su identidad “híbrida”: una pollería con espíritu de restaurante. Desde su fundación, el sabor ha sido su prioridad. El aderezo del pollo a la brasa es una receta única que combina toques criollos y orientales, trabajada durante años hasta lograr una sazón inconfundible.

Además del pollo a la brasa, Hikari a diversificado su propuesta.

Además, la carta incluye platos criollos como lomo saltado, arroz chaufa y tallarines, consolidando a Hikari como una de las pollerías más versátiles y queridas.

Con el paso del tiempo, y pese a múltiples crisis, Hikari se mantuvo firme. La pandemia, sin embargo, golpeó con dureza: de nueve locales, la empresa tuvo que cerrar cinco. “Fue una decisión dura, fría y necesaria. Había que cuidar a nuestros trabajadores y adaptarnos para sobrevivir”, explica Johnny.

La estrategia de contención permitió a la familia reorganizar el negocio y hoy, con cuatro locales operativos (Rímac, San Miguel, dark kitchen (Lince9 y uno en apertura en La Molina), el futuro luce prometedor. “Tenemos planes de crecer en Lince y Surco. El sueño sigue vivo”, adelanta Johnny.

Parte del éxito de Hikari se basa en su fuerte vínculo con sus comensales. Muchos de ellos comenzaron yendo al Rímac y hoy siguen fieles desde otras zonas de Lima. “Nos conocen desde hace décadas, y ahora sus hijos también son nuestros clientes”, cuenta Johnny.

Hikari cuenta con cuatro locales y sueña con dos más.

Un legado que sigue brillando

A pocos años de llegar a los 50, Hikari no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que ha sabido mantenerse vigente sin perder su esencia. Fundado por una pareja de enamorados que creyeron en su intuición, sostenido por sus hijos y rodeado de una clientela que lo siente como propio, Hikari es un ejemplo de emprendimiento familiar que honra sus raíces y se adapta con inteligencia al presente.

Desde el Rímac hasta La Molina, el resplandor de Hikari sigue iluminando toda Lima.

Fuente: elcomercio.pe

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