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Su escape fue digno de un guion de película de acción. Acechada por el régimen chavista, con un riesgo inminente sobre su vida, María Corina Machado, la lideresa de la oposición venezolana, huyó de su país clandestinamente para evitar ser detectada y detenida. Se subió a una lancha artesanal y llegó a la isla de Curazao, después de surcar olas de hasta tres metros. Su objetivo era llegar a Noruega, donde recibiría el Premio Nobel de la Paz. Era diciembre del 2025 y Nicolás Maduro aún estaba en el poder. Pero no por mucho tiempo. El 3 de enero de este año, Estados Unidos intervino militarmente, lo ‘extrajo’ y lo llevó a Nueva York, donde sigue detenido.
La caída del dictador trajo un soplo de esperanza para la oposición. Machado esperaba regresar a Venezuela por la puerta grande, aupada por los estadounidenses y legitimada por una población que había votado por su proyecto político en las elecciones del 2024, que el chavismo arrebató.
Sin embargo, la historia no ha seguido el guion que tenía previsto. La política de 58 años no puede volver a su país porque no solo se lo impide el régimen dirigido ahora por Delcy Rodríguez, sino porque no cuenta con el visto bueno de Washington, que tiene otros planes para Venezuela. Unos en los que, por ahora, no está incluida.
Antes de los terremotos del pasado 24 de junio, Machado aún se contenía. Pero tras la tragedia, la exlegisladora está decidida a volver. “Estoy absolutamente convencida de que, para facilitar el avance de un proceso de transición, mi presencia (en Venezuela) contribuye”, ha dicho en recientes entrevistas, tras dos infructuosos intentos que han puesto en evidencia los desencuentros entre la política opositora y la administración Trump.
Según fuentes de “The Wall Street Journal”, Machado viajó primero desde Estados Unidos hacia Curazao en un vuelo privado, pero el avión fue obligado a regresar debido a presiones de funcionarios estadounidenses, quienes le dijeron que si seguía adelante con su plan corría el riesgo de perder el apoyo del gobierno. Pese a ello, lo intentó por segunda vez vía Panamá, pero Copa Airlines se negó a llevarla por miedo a represalias.

“La postura de Washington es no permitirle el regreso a Venezuela en el corto y el mediano plazo”, afirma a El Comercio José Enrique Arrioja, editor gerente de la revista Americas Quarterly. El experto sostiene que esto forma parte de la hoja de ruta definida por la administración Trump para el país caribeño, que supone este orden: estabilización, reconstrucción y reconciliación, y transición democrática.
Desde que Maduro fue sacado del poder, se esperaba que EE.UU. condujera una transición y que la cúpula del chavismo fuera desmantelada, pero no ha sido así. La compleja estructura del régimen venezolano continúa y Delcy Rodríguez cuenta con el beneplácito de Trump, pues ha accedido a los diferentes acuerdos comerciales y energéticos exigidos por EE.UU. “Rodríguez y su grupo de acólitos están en una transición existencial, pues están tratando de mantenerse en el poder sin importar el costo. Ellos están intentando perpetuar su proyecto político más allá del 2030 y eso implica esta relación simbiótica con Estados Unidos”, agrega Arrioja desde Nueva York.
“Hay que tener presente que el chavismo sigue dominando las instancias de poder en Venezuela. El poder político y las nuevas relaciones con Estados Unidos están encabezadas por los hermanos Rodríguez, y eso es algo que no se puede ignorar”, dice a este Diario Andrés Felipe Agudelo, profesor del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, en Bogotá.
Según el portal Axios, que suele tener acceso a información especial dentro de la administración Trump, el gobierno considera que los intentos de Machado de regresar a Venezuela son un “acto de grotesco oportunismo político” en medio de la tragedia. Otros dos altos funcionarios le revelaron a la agencia AP que la administración se está sintiendo cada vez más frustrado con Machado y su decisión de regresar en momentos en que deben enfocarse en la ayuda humanitaria y en la reconstrucción tras los terremotos.
Y no solo lo han dicho de forma anónima, sino también de manera oficial: “Añadir cuestiones políticas sensibles a la situación en este momento es contraproducente para nuestros esfuerzos de respuesta tras esta tragedia”, declaró a la AFP el miércoles un portavoz del Departamento de Estado.
Sin embargo, el propio Donald Trump dijo que no estaba al tanto de la situación y que él no había dado ninguna orden prohibiendo el regreso de Machado a Venezuela. “Puede que el presidente diga eso, pero el mensaje subliminal de parte de la administración siempre ha sido que aún no es momento de regresar”, reflexiona Arrioja.

¿Por qué no le convendría a Washington que Machado regrese a Venezuela? Según Arrioja, tiene que ver con los costos de la negociación pues Estados Unidos ya está trabajando con el gobierno liderado por Delcy Rodríguez y no consideran que sea el momento adecuado para también negociar con Machado y el grupo opositor que ella representa. “Ella es una pieza con suficiente peso y autoridad moral para estar también en la mesa de negociaciones sobre el nuevo futuro que se está gestando para Venezuela, pero Washington no quiere tener otro elemento adicional con el cual lidiar en un momento de alta fragilidad en el país”, comenta Arrioja.
Para Agudelo, es importante que Machado no pierda el diálogo con EE.UU., pese a que tiene unos tiempos políticos distintos a los de Washington. “Ella debe ser muy cuidadosa de esa interacción y debe mantenerla, pues sin el respaldo norteamericano no podrá continuar con su propio proyecto político”.
En los planes norteamericanos también estarían otros nombres. Poco antes del terremoto, hubo conversaciones auspiciadas por Washington entre otra figura de la oposición en el exilio, Dinorah Figuera, y el actual presidente del Legislativo y hermano de la mandataria, Jorge Rodríguez, uno de los principales operadores del régimen.
La premura de Machado es comprensible. Ella sabe que cuanto más tiempo lleve fuera de Venezuela le será más difícil reconectarse con su base, así como ocurrió con anteriores líderes de la oposición que huyeron del país.
“No poder regresar a Venezuela la coloca en una situación muy incómoda pues está en una especie de cárcel virtual, porque la deja fuera del país incapaz de continuar haciendo la labor política que venía realizando. Aunque hay líderes importantes en la oposición, ninguno tiene el calado de María Corina y ella sabe que su momento como lideresa se va desvaneciendo cada día que ella permanece fuera de Venezuela”, explica Arrioja.
Sin embargo, su regreso tampoco significaría una fuerza abrumadora de movilización social contra el chavismo, pese al descrédito del régimen ante la opinión pública, sobre todo después de los terremotos que han demostrado la inoperancia y corrupción del gobierno.

“Hay que tener en cuenta la profunda polarización de la sociedad venezolana. Si bien el chavismo no es el mismo y hay un gran rechazo, todavía tiene un porcentaje considerable de adeptos. El eventual regreso de Machado también implicaría un escenario de polarización, dependiendo de cuándo y cómo regrese”, sostiene Agudelo.
“El régimen sin duda teme su regreso porque es la política con mayor capacidad de movilización social, pero tampoco su llegada va a ser tomada como el retorno de la redentora de la patria”, asevera Arrioja. “Al final de cuentas ella es una importante lideresa, pero su regreso no va a representar un cambio tangible en el entramado del régimen que ahora encabeza Delcy Rodríguez. Al menos en el corto plazo, no hay visos de que esto vaya a cambiar”, añade.
Mientras la administración Trump sigue haciendo cálculos, María Corina Machado ve desde la distancia cómo los venezolanos siguen recogiendo los escombros que dejaron los devastadores terremotos y los que sembró el chavismo hace 27 años.
Fuente: elcomercio.pe
