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El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, metió esta semana en un inesperado apuro a sus pares de la OTAN luego de hacerles un regalo bastante peculiar: un revólver personalizado con balas. El gesto sucedió en medio de la cumbre de la alianza militar realizada en Ankara.
Cada uno de los líderes políticos que asistieron al evento en el complejo presidencial turco recibió una Gumusay 357 Magnum, arma de seis disparos producida por el fabricante estatal turco MKE e inspirada en las emblemáticas Colt Python.
Se trata de una versión ligeramente modificada de la pistola para la cita diplomática y fue presentado en una caja con la bandera turca, el logo de la OTAN y una placa que decía “Gumusay, el primer revolver fabricado en nuestro país”.
La oficina presidencial de Lituania compartió una foto del arma en cuestión, donde se puede ver que el empaque vino acompañado de una carta firmada por el mismo Erdogan y munición para una carga completa.

Más allá de lo anecdótico, varios de los gobernantes que acudieron a la reunión dieron cuenta de los inconvenientes que provocó el mencionado obsequio de Estado. El mandatario turco emitió una orden de exención para la exportación de estas armas, pero la gestión burocrática de los países de retorno fue el principal factor de complicación.
Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, fue uno de los primeros jefes de Estado en hablar sobre el presente y lo hizo durante su comparecencia ante los medios tras retornar a Londres.
El dirigente británico comentó que la pistola fue dejada en la embajada de su país en Turquía, debido a que Gran Bretaña cuenta con una regulación sumamente restrictiva respecto a la posesión de armas de fuego. Fuentes del entorno de Starmer indicaron a Reuters que el arma recibida por él incluía equipo de limpieza y 500 balas.
El gobierno británico indicó que el revólver conmemorativo será inutilizado y luego de ello será llevado a Londres.
Algo similar sucedió con el canciller de Alemania, Friedrich Merz, quien también entregó la pistola a la legación de su país en la capital turca.
Según la prensa de Bélgica, su primer ministro, Bart De Wever, no se enteró de la naturaleza del obsequio hasta que volvió de Turquía. La pistola fue remitida a los controles aeroportuarios y guardada en una caja fuerte hasta que se completen los procedimientos aduaneros necesarios.
Karol Nawrocki, presidente de Polonia, pasó por una situación parecida a la de su homólogo belga y un portavoz gubernamental señaló que la pistola será almacenada mientras se regulariza el trámite de importación para poder garantizar un adecuado tratamiento del regalo diplomático.
El despacho de Mark Carney, primer ministro de Canadá, comunicó una historia análoga, señalando que “el regalo fue transferido a la Policía Montada para ser desactivado” y que la munición que acompañaba al arma fue dejada en Turquía.
En España se mantuvo el mismo discurso y el diario El País relató que desde el entorno presidencial se confirmó que el obsequio recibido por Pedro Sánchez va a ser custodiado por el Ministerio del Interior para su inutilización antes de que sea añadido al inventario de Estado.

Funcionarios supranacionales también recibieron el mismo presente, entre ellos Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea con quien Erdogan había protagonizado un polémico episodio en el pasado.
La representante del órgano ejecutivo de la Unión Europea “agradeció el gesto” y señaló que su revólver sería donado a un museo militar luego de ser desactivado.
Menos cortés fue el presidente de Croacia, Zoran Milanovic, quien llamó “chatarra” al obsequio de Erdogan y dijo que el gobierno turco les había dado “gato por liebre”. El mandatario balcánico indicó que desea entregar la pistola al Museo de la Policía croata para que forme parte de su exposición permanente.
Las formas de Erdogan
La historia de los revólveres turcos es un capítulo más de un frecuentemente impredecible comportamiento diplomático de Recep Tayyip Erdogan, quien ha dejado un nutrido historial de anécdotas singulares.
El llamado “Sofagate” fue uno de los incidentes diplomáticos más controversiales que ha protagonizado el líder turco y tuvo lugar en abril del 2021 durante la visita a Ankara de Ursula von der Leyen y Charles Michel, por entonces presidente del Consejo Europeo.
Cuando los invitados fueron recibidos por Erdogan en su despacho, encontraron únicamente dos sillones que estaban destinados a Michel y al mandatario turco. La transmisión televisiva del evento mostró el desconcierto de Von der Leyen, quien permaneció parada y tras un silencio incómodo fue invitada a sentarse en un sofá ubicado a un costado.
El hecho fue criticado duramente por los gobiernos europeos y los funcionarios comunitarios, que calificaron el acto de machismo institucionalizado por Erdogan y de una humillación contra una de las figuras más importantes de la Unión Europea (UE). La misma Von der Leyen se pronunció diciendo que no fue tratada a la altura de su investidura, algo que sí sucedió con su acompañante en el viaje diplomático.
“Soy la primera mujer en presidir la Comisión Europea. Soy la presidenta de la Comisión Europea, y así es como esperaba que me trataran cuando visité Turquía, pero no fue así. No encuentro justificación alguna para la forma en que me trataron. Por lo tanto, tengo que concluir que ocurrió porque soy una mujer. ¿Habría ocurrido esto si llevara traje y corbata? En las imágenes de reuniones anteriores, no vi escasez de sillas. Pero tampoco vi a ninguna mujer en esas fotos”, lamentó entonces la titular de la Comisión Europea.
El gobierno turco se defendió de las acusaciones indicando que el protocolo no tuvo motivación ulterior relacionada al género, alegando que la distribución de los asientos estaba condicionada por la distribución de la sala y que actuaron en función de lo que la UE solicitó.
“Las acusaciones contra Turquía son injustas y no es la primera vez que organizamos una visita de Estado. El protocolo aplicado durante la reunión con los líderes de la UE cumplió con las demandas del propio equipo de la UE. Es decir, la disposición de los asientos se realizó en línea con sus sugerencias” declaró Mevlut Cavusoglu, ministro de Relaciones Exteriores turco.
Charles Michel no se libró de las críticas, pues se señaló su falta de caballerosidad y de haber perdido una oportunidad de demostrar los principios de igualdad que promueve la Unión Europea, por priorizar su imagen.
Cuatro años antes del “Sofagate”, la conducta de Erdogan en citas diplomáticas ya había sido discutida a raíz del ataque de su equipo de seguridad a un grupo de manifestantes en Washington.
El hecho tuvo lugar el 16 de mayo del 2017 durante una visita oficial del líder turco cuando el líder turco llegaba a la residencia del embajador del país otomano en la capital de Estados Unidos.

Manifestantes con símbolos kurdos y armenios que protestaban contra el gobierno turco fueron golpeados por los guardaespaldas de Erdogan tras una interacción previa bastante tensa.
La delegación turca argumentó que se trató de un acto de legítima defensa; sin embargo, videos difundidos en las redes sociales mostraron al personal turco iniciando la agresión contra quienes protestaban, incluso evadiendo a los agentes de la policía estadounidense presentes.
Otras grabaciones mostraron a Erdogan observando la gresca desde lejos y también hablando con uno de sus guardias, generando especulación sobre la posibilidad de que la arremetida hubiera sido ordenada por el mandatario.
El hecho terminó con arrestos de miembros del cuerpo de seguridad del líder turco, además de procesos por ataques a ciudadanos estadounidenses y oficiales de policía, aunque estos cargos fueron levantados al año siguiente en medio de otras actividades diplomáticas entre Estados Unidos y el estado euroasiático.
De forma algo menos caótica, el mandatario de Turquía también ha protagonizado intercambios tensos con el presidente ruso, Vladimir Putin. Este último es conocido por emplear la impuntualidad de forma punitiva, haciendo esperar a otros líderes internacionales frente a las cámaras como demostración de poder.
El primer episodio de estos desencuentros con Putin tuvo lugar en marzo del 2020, cuando Moscú y Ankara mantenían una discusión por sus intereses en Siria agudizada por la muerte de soldados turcos en Idlib tras un ataque de fuerzas respaldadas por el Kremlin.
Erdogan viajó a la capital rusa para discutir con su homólogo para negociar un alto al fuego en territorio sirio y Putin lo hizo esperar junto a toda su delegación en la antecámara de su sala de reuniones, al punto que el gobernante turco se terminó sentando hasta que le abrieran la puerta. El momento fue televisado por los medios oficiales rusos con un contador de tiempo.
Dos años más tarde, el presidente turco devolvería el gesto en una reunión bilateral en Teherán (Irán) cuando Rusia ya se encontraba en pleno conflicto con Ucrania, enfrentando sanciones y aislamiento internacional.

Putin llegó al encuentro en una sala de prensa asignada para la reunión con su par turco, pero se encontró con que este último no estaba. Durante un incómodo minuto, el jefe de gobierno ruso esperó parado frente a los medios internacionales hasta que Erdogan apareció para estrecharle la mano.
Presumiendo de las armas
La prensa occidental ha atribuido el regalo de Erdogan a sus socios de la OTAN a una intención de mostrar el poderío y crecimiento de la industria bélica de su país, que ha sido significativo desde que el líder del AKP asumiera el liderazgo en Turquía.
Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, Turquía es el undécimo productor de armamento del mundo y estima que en el 2024 cinco empresas turcas del rubro alcanzaron ingresos combinados superiores a los 10.000 millones de dólares, luego de que MKE ingresara al top 100 de fabricantes a nivel global.
El estado otomano cuenta con un portafolio de armas cada vez más grande, que incluye su propio avión caza, el TAI KAAN con el que busca mitigar la dependencia de las aeronaves de combate estadounidenses y de otras procedencias.
En el tiempo reciente la empresa de drones militares Baykar, dirigida por el yerno de Erdogan, se ha convertido en uno de los grandes pilares del aparato bélico turco dentro de un contexto en el que ya se ha estandarizado el uso de estos equipos en la guerra convencional y asimétrica. Los aviones no tripulados Bayraktar TB2 han adquirido notoriedad por su bajo precio y su despliegue en los conflictos de Siria, Nagorno Karabaj y Ucrania
Asimismo, Turquía cuenta con un ambicioso plan naval para producir la mayor parte de su propia flota: el programa LILGEM o “Proyecto del Buque Nacional”. Bajo ese marco, el país presidido por Recep Tayyip Erdogan fabrica las corbetas de clase Ada, las fragatas Istanbul y los destructores TF-2000. No obstante, el más importante de estos proyectos de desarrollo ha sido el TCG Anadolu, considerado “el primer portadrones del mundo” por el presidente turco.
El buque fue construido por la firma de astilleros turca Sedef y originalmente estaba planeado como un portaaviones tradicional. Aunque el uso del Anadolu está contemplado también para aeronaves tradicionales, su diseño fue redirigido hacia el transporte de drones luego de que EE.UU. retirara a Turquía del programa de los F-35 por la adquisición de sistemas de misiles rusos.
Con lo anterior, el TCG Anadolu conjuga dos de los frentes de desarrollo militar más importantes del estado turco, siendo capaz de operar drones Bayraktar TB2 y Baykar Bayraktar Kizilelma.
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Fuente: elcomercio.pe