La tarde de este domingo 29 de junio arribó a la caleta de Cabo Blanco, en la provincia de Talara (Piura), la gran balsa oceánica, una réplica exacta de la embarcación usada por última vez hace un siglo por los pueblos costeros piuranos. Los herederos de esta cultura milenaria zarparon el pasado 19 de junio desde Playa Blanca, en la provincia de Sechura, para recorrer parte de la mítica ruta del spondylus. Esta ambiciosa reconstrucción y su travesía forman parte del proyecto Andanía, un esfuerzo que también quedará plasmado en un documental que se estrenará a fines de 2026.
Según los documentalistas Daniela Laínez y Marco Carpio, el primer encuentro registrado entre Occidente y el antiguo Perú ocurrió precisamente en el mar, a bordo de una de estas balsas oceánicas. Desde aquel momento, su asombrosa capacidad para desafiar las corrientes y el viento maravilló a los primeros marineros europeos.
La expedición que demostró que las balsas ancestrales aún pueden navegar contra viento y corriente
A diferencia de célebres expediciones inspiradas en ellas, como la Kon-Tiki, que navegó a favor del viento y la corriente hacia el oeste, Andanía se propuso un reto mayor: enfrentar uno de los cruces de vientos y corrientes más intensos del Pacífico peruano rumbo a la remota isla Lobos de Tierra. Hacia este punto navegaban los antiguos balseros hasta inicios del siglo XIX, antes de continuar hacia Guayaquil para intercambiar su pesca.
"La balsa fue construida desde cero en el estuario de Virrilá para navegar hacia la isla Lobos de Tierra y luego regresar a Cabo Blanco. "Aunque no pudimos cumplir el rumbo a la perfección debido a los fuertes vientos, logramos demostrar lo que queríamos: estas balsas pueden gobernarse navegando hacia el sur, algo que no se hacía desde hace casi un siglo", explicó Laínez, quien además de documentalista es científica. Como parte del viaje, el equipo recorrió todas las caletas piuranas que aún practican la pesca sostenible en balsilla.
Así se construyó la balsa ancestral que permitió revivir una tradición de siglos
Junto a los dos directores viajaron otros siete tripulantes, todos ellos pescadores de Sechura y herederos legítimos de la cultura que dominó este medio de transporte. La tripulación se movilizó en una imponente embarcación de 12 metros de largo y 8 metros de ancho, fabricada con ocho troncos amarrados con más de 1.200 metros de cabo reciclado de la industria pesquera. Además, la nave contaba con una vela principal tejida mediante la técnica ancestral del telar de cintura.
El proyecto Andanía comenzó a gestarse hace seis años con una idea singular: viajar a la isla Lobos de Tierra para recoger un hueso de ballena. El artista Marco Carpio señaló que pronto comprendieron que la única manera auténtica de trasladar ese objeto era en una balsa tradicional.
"Eso nos hizo ver que teníamos que involucrar a los pescadores que han heredado este conocimiento. En el camino encontramos a un señor de 95 años que había navegado en estas balsas en su juventud, y fue él quien dirigió la construcción de la embarcación", relató el documentalista.
Vientos, remos y largas jornadas: así fue el desafiante recorrido de la balsa ancestral
Jorge Luis Tume, patrón de la barca ancestral y quien dirigió la travesía, narró que el recorrido fue sumamente duro, ya que las ráfagas de viento amenazaban constantemente con volcar la balsa. Para dosificar fuerzas, la tripulación hizo escalas estratégicas en los puertos de Paita, Talara y Lobitos, antes de tocar tierra de forma definitiva en la caleta de Cabo Blanco. En estos puntos descansaban apenas unas horas, pues la navegación exigía un extenuante esfuerzo físico: los navegantes debían usar remos constantemente.
Fuente: larepublica.pe