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La música afroperuana empezó a transformar objetos comunes en sonido mucho antes de que el concepto de reciclaje se pusiera de moda. Para los miembros de esa comunidad, era el ingenio imponiéndose a la necesidad de expresarse. Así, una sencilla caja de embalaje de frutas, golpeada por las manos correctas, se convertía en un cajón musical. Una quijada de burro, secada al sol, aportaba un color brillante a la percusión. “Incluso la cajita que se usa en la música afro es la que se usaba para guardar las limosnas”, recuerda Lucho Sandoval, quien hace 25 años fue uno de los fundadores de Kimba Fá, el elenco afroperuano de percusión. Kimba Fá, desde luego, sabe mucho de hacer música con instrumentos raros o no convencionales: en sus espectáculos ellos usan cañas de bambú, barriles o toneles, mangueras, tubos y ollas con el fin de recrear el verdadero sonido de una ciudad.
El nombre del conjunto tiene una historia particular. Kimba es un africanismo recuperado por el investigador Fernando Romero en su libro “Quimba, Fa, Malambo, Ñeque: afronegrismos en el Perú” (IEP, 1988), y significa algo así como sabor, salero. Fa denota energía. Sandoval y su elenco, entonces parte del colectivo Teatro del Milenio, le pusieron ese nombre a uno de sus primeros espectáculos, “Kimba Fá, como suena la ciudad”. El público empezó a llamarlos así hasta que el título terminó por absorber al grupo entero. Esa idea de recrear la ciudad, de hecho, no se quedó solo en los instrumentos: también definió al colectivo. Con los años se sumarían peruanos de todas las etnias al elenco, y el repertorio amplió su mirada de lo afroperuano a las identidades y herencias del país en general, una visión que hoy resume “Legado”.

La exploración sonora del grupo, sin embargo, había arrancado antes, en escena, con “Caribú”, un montaje ambientado en una comunidad africana imaginada, donde una ceremonia de iniciación se resolvía percutiendo cañas de bambú. De ahí el grupo saltó a la calle: apareció el afilador de cuchillos, el emolientero, la anticuchera, la vendedora de mazamorra, personajes que ya hacían ritmo con las herramientas de su oficio sin saberlo. “Nuestra búsqueda era encontrar sonidos urbanos, elementos de la vida cotidiana que nos llevaran al mundo urbano, pero peruano”, recuerda Sandoval. Años más tarde llegarían referentes internacionales como Stomp o Mayumaná, pero para entonces, precisa Sandoval, Kimba Fá ya tenía una voz propia, construida desde las calles de Lima.
Esa voz no se conformó con hacer sonidos percusivos. La idea era contar historias pequeñas, cotidianas, con una reflexión de fondo sobre temas como la comunidad, la solidaridad o la injusticia. Para lograrlo, el grupo no ha dudado en valerse de cualquier medio expresivo, algunos muy sorprendentes. Por ejemplo, tienen un taxi que suben a escena y no es un vehículo de utilería o de cartón. Es un taxi de verdad partido en dos, que encima funciona. Para transportarlo, el elenco debe desarmarlo y volver a armarlo en cada teatro. Hay también una combi que entra hecha pedazos, como fierro viejo, y se ensambla ante el público hasta arrancar aplausos de asombro. “Manejamos esas cosas mágicas, entre comillas, para generar la espectacularidad que siempre es importante en lo teatral”, dice Sandoval.

Esa espectacularidad viajó, además, fuera de las fronteras peruanas. La agrupación llevó su lenguaje percusivo a festivales en México, Ecuador, Argentina y varias ciudades de Estados Unidos como Nueva Orleans, Miami, Orlando, Washington. Allá, ante un público anglosajón, comprobaron eso de que el ritmo no necesita traductor porque es nuestro primer lenguaje compartido.
El legado generacional es, precisamente, el corazón de “Legado”. Hoy el elenco reúne a 22 artistas. En sus 25 años de historia, calcula Sandoval, unas 150 personas han pasado por sus filas. “Lo nuestro trascendió ya a varias generaciones. Creemos que esa es una bonita manera de hacer que la tradición sobreviva, se renueve y continúe”, resume. Piensa que la historia, sin embargo, está lejos de terminar. Mientras celebra su cuarto de siglo, Kimba Fá ya trabaja en su próximo reto: una adaptación de “La ópera de los tres centavos”, de Bertolt Brecht, llevada a su propio universo de percusión, teatro físico y ritmos afroperuanos. //
Fuente: elcomercio.pe