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Puede que el tránsito entre 2025 y 2026, con el enorme éxito de “El agente secreto” —la película protagonizada por Wagner Moura que consiguió cuatro nominaciones al Óscar—, sea el que más notoriedad le haya dado a su director, Kleber Mendonça Filho (Recife, 1968). Sin embargo, el brasileño lleva ya una importante carrera compuesta por cinco largometrajes y varios otros cortos que lo encumbran como el cineasta más laureado de su país en la actualidad. Pero no son los premios los que lo definen, sino su singularidad: la filmografía de Mendonça Filho resalta por su inventiva formal, una gran habilidad narrativa, mucho sentido político y una inocultable cinefilia. Sus personajes pueden parecer seres comunes, pero casi siempre se enfrentan a realidades hostiles con coraje y valentía. Y es en ese choque áspero que el director encuentra sus motivos: la resistencia, los afectos, la celebración de la vida.
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Habitual presencia en el Festival de Cine de Lima PUCP, donde sus películas han obtenido varios premios, Kleber será el gran homenajeado internacional de la edición que ya comenzó hace un par de días. A propósito de dicho reconocimiento, conversamos virtualmente con él desde Lisboa.
― Hasta ahora, en ninguno de tus largometrajes has salido de Recife, o de Pernambuco. ¿Has pensado en hacerlo? ¿Qué sientes que podría faltarte para conseguirlo?
Para mí es muy natural hacer una película en un espacio, en una ciudad. A veces me he preguntado si es un tipo de perversión, pero no creo. Hay muchos ejemplos en la historia de cineastas que casi nunca cambiaron de escenario. Hay tantas películas en Nueva York de Scorsese, Spike Lee, James Gray o Woody Allen. O de Almodóvar en Madrid. Pero también soy muy curioso sobre hacer una película en otro país, por qué no. Lo que pasa es que hasta ahora no ha ocurrido. Estoy siempre con los ojos abiertos para encontrar un proyecto de película en Los Ángeles o en Londres. O en Burdeos, una ciudad que me gusta mucho. Cuando mis amigos de París me escuchan decir eso, me preguntan por qué allá. Ellos sienten que París es la primera candidata, pero yo tengo una relación más fuerte con Burdeos. No es una cuestión matemática, es una cuestión de sentimiento.
― ¿Y cómo es tu relación con Recife? Hay gente que habla de amor-odio, otros hablan de nostalgia. ¿Tú cómo la describirías?
Es una relación muy íntima. Creo que las mejores cartas de amor no solo están llenas de amor, sino también de otros sentimientos. Puede ser odio, puede ser distancia, puede ser desprecio. Y creo que las películas también están llenas de amor, pero a la vez de miedo, de violencia, de humor. Porque muchas cosas en Recife no siempre son buenas. La utilización del espacio urbano, por ejemplo. Ninguna ciudad es perfecta. Nueva York no es perfecta. Burdeos no es perfecta. No me interesa crear una postal al hacer una película, no me parece interesante. Lo que sí me parece muy interesante es que películas como “Aquarius” o “Retratos fantasmas” o “El agente secreto” provoquen, en muchas personas que nunca visitaron Brasil, una curiosidad muy grande por conocer Recife. Y no se trata de turismo o de postal, sino de una verdad: esta ciudad tiene algo que es interesante. Eso es algo que puede conseguir el cine con su forma de encuadrar los espacios. Recuerdo mi primera vez en Los Ángeles, en 1991. Yo tenía 20 o 21 años, y fue como si ya conociera la ciudad, gracias a todas las películas que había visto. Esa es una sensación que solo el cine puede lograr. La película que acabo de ver aquí en Lisboa (“Rolling Thunder”) ocurre en Texas, pero Texas para mí es Sam Peckinpah, los westerns, el Panavision y el Cinemascope. Tengo una imagen muy clara en mi cabeza que viene del cine, aunque nunca he estado en Texas.
― Quiero hablar un poco de tus cortometrajes. A mí me gusta mucho en particular “Vinilo verde” y siempre pensé que podrías hacer un muy buen largometraje de terror. ¿Lo has pensado?
Sí, me gustaría. Pero algo que suelo decir es que para mí no existen las fronteras en el cine. No trabajo con los límites del drama, de la comedia o del terror. Me gusta mucho hacer una película que no sea oficialmente de terror, pero que lo posea, que puedas sentir el miedo en la piel. En “O Som ao Redor”, en “Aquarius”, en “Bacurau” o en “El agente secreto” hay momentos de terror. Creo que “Vinilo verde” es donde más se siente porque es la adaptación de una fábula soviética, ucraniana, y tiene elementos fantásticos. Pero la vida, el cine, la literatura tienen siempre momentos de fantasía, momentos en que las reglas quedan suspendidas. Ahora todo puede ser terror. Para mí, como director y como espectador, es uno de los sentimientos más increíbles que puede tener el cine. Pero me gusta más hacer películas que sean difíciles de poner en cajas o etiquetas.
― Otro corto documental interesante es el de la Copa del Mundo en Brasil, el 2014, que también se jugó en Recife. ¿Te incomodaba mucho cómo se celebró el torneo en tu ciudad?
Tuve la oportunidad increíble de estar en la copa de 2014 haciendo ese pequeño proyecto sobre fútbol. Y ese cortometraje me gusta mucho porque es como una cápsula del tiempo de mi ciudad, de Brasil, de ese emprendimiento económico gigantesco que es la copa de la FIFA. Para mí siempre fue como si una gran multinacional hubiese llegado a Recife ese año, con todas las reglas de juego europeas. Por primera vez, por ejemplo, pude ver a brasileños de clases sociales acomodadas usando el metro, un transporte que es muy popular en Recife.
― Y ahora estuviste siguiendo el último Mundial. ¿Qué impresiones te dejó?
Han pasado muchos años y es una relación muy diferente. Ahora tengo dos hijos de 12 años y he sentido muy fuerte la diferencia entre el fútbol y el producto fútbol. Para mí es siempre chocante el juego tan fuerte con las marcas, y especialmente un problema muy grande en Brasil que son las apuestas. Explicarles eso a dos chicos de 12 años es complejo. La copa de este año ha tenido un sabor un tanto amargo, fue una copa un poco rara. Con Trump cambiando una tarjeta roja también. Y eso que no hablo del fracaso brasileño. Es otra cosa, algo mucho más grande.

― Vuelvo al cine: quiero hablar de “O Som ao Redor”, que sigue siendo mi película favorita de tu filmografía. Allí explorabas una sociedad paranoica y violenta. ¿Crees que, de alguna manera, anticipabas lo que pocos años después vendría en Brasil con Michel Temer y Jair Bolsonaro?
Creo que cada película que he filmado fue un tipo de reacción a lo que pasaba en aquel momento. Casi como un barómetro. Y no es que quiera colocarme en la posición de un barómetro, pero es que para mí es muy fácil reaccionar a lo que ocurre a mi alrededor. Escribir un guion es una reacción natural a lo que está ocurriendo. Antes del crecimiento de la extrema derecha en Brasil, ya había algo desagradable en el aire. Era un proceso de calma tensa, todo muy tranquilo, un no sé qué. Y creo que “O Som ao Redor” es eso. Un retrato muy real de lo que observaba en la sociedad. Y además todo pasa en la calle donde tenía mi departamento. Es muy honesta esa película, también con algunos elementos del western, del thriller, un poco de terror. Pero siento que tiene los pies muy firmes en la calle. Es una película con la que tengo una relación muy íntima, porque funciona como la transición perfecta del Kleber crítico de cine y director de cortos al Kleber cineasta con más reconocimiento. Además funcionaba como una previa a mis siguientes películas. “Aquarius” es casi “O Som ao Redor”, pero yo ya estaba empezando a escuchar cosas que estaban adormecidas en Brasil. Las cosas que no estaban siendo dichas en “O Som ao Redor” comenzaron a ser dichas sin vergüenza alguna.
― Han pasado 10 años desde “Aquarius”, que se enfrentó a censuras y varios problemas. ¿Cómo recuerdas esa época?
El 2016 fue un año lleno de cosas increíbles y también de cosas muy feas. La persecución política no es una cosa agradable. Pero, para intentar ver el lado positivo, para mí fue como la forma más extraordinaria de crítica positiva. Porque si mi cine genera tanto miedo en tantos idiotas es porque estoy en el camino correcto como persona y como artista. ¿Cómo puede una película de 2 horas y 22 minutos dejar a unos hombres en ese estado de odio y llevarlos a inventar acusaciones absolutamente absurdas en su contra? En estos diez años, creo que Brasil logró salir de alguna manera de esta etapa horrible, pero ahora hay otro momento muy dramático también, toda una red de mentiras y locura que cuenta con el auspicio internacional de los EE.UU., de la Argentina de Milei, de Netanyahu y de una derecha brasileña que es cada vez más demente y alejada de la realidad. Es un caso clínico muy grave. Y un momento muy raro para ser ciudadano del mundo.
― En ese sentido, tu cine siempre ha sido muy político. ¿Qué piensas cuando directores dicen que el cine no debe mezclarse con la política?
Para mí es como decir que las películas no pueden ser hechas fuera de un estudio, que no puedes rodar en el exterior o ver el cielo. Es completamente absurdo. No es posible evitar la verdad del mundo. Si una película tiene una verdad, la verdad es política. Es cierto que hay artistas que son capaces de hacer una gran obra de arte que tal vez no tenga un trazo político muy claro, pero no creo que sea posible hablar de la vida sin ser político. Tampoco creo que las provocaciones sean buenas: la mejor literatura y el mejor cine no se basan en la provocación. Simplemente hablan de una manera honesta y clara acerca de la vida de las personas, de cómo vivimos la vida en sociedad. Y eso es naturalmente político.
― Sobre “El agente secreto”… ¿imaginabas antes de filmarla todo el alcance internacional que llegó a tener?
No, no. Creo que he tenido mucha suerte con mis películas, pues cada una tuvo éxito a su manera. Cada película es como una bacteria que debe interactuar con el exterior. Es muy difícil saber qué les va a pasar, pero estoy muy feliz con lo que le ocurrió a “El agente secreto”.
― ¿Y cómo te sentiste con el furor del Óscar, de los premios y las giras?
Todo eso es parte de la historia del cine. Para mí fue tan interesante trabajar en el estudio Babelsberg en Berlín como con mis amigos en Recife. Cada una de estas cosas forma parte de la realización. Y lo mismo ocurrió con el Óscar. Lo que sí me parece importante es no tomártelo muy en serio. Es decir, puedes tomártelo en serio profesionalmente, pero no en tu corazón. Porque es un sistema de valores muy loco. Yo puedo ganar un premio, y que eso me resulte muy grato. Pero también podría no ganarlo. Debes tener una construcción emocional muy fuerte, porque hay muchos factores culturales de por medio. Fue muy interesante. Espero escribir un libro acerca de esa experiencia, de todo lo que ocurrió en el último año.
― Como en los Critics Choice Awards, cuando te entregaron el premio en plena alfombra roja…
Completamente absurdo, sí. ‘Facepalm’.
― Permíteme preguntarte por la película más discutida de las últimas semanas: “La odisea” de Nolan. Él es, como tú, un defensor del cine como experiencia en las salas.
Hay una cosa que para mí es muy fuerte y muy importante en Christopher Nolan: la valorización de la experiencia del cine. Él tuvo un trauma o decepción muy grande con “Tenet”, en 2020, durante la pandemia, cuando Warner decidió estrenarla directamente en el streaming; una idea muy poco inteligente del estudio hacer eso con todas sus producciones de ese año. Fue la primera vez que un estudio no respetó las reglas históricas de primero estrenar en salas, con una ventana de tres o cuatro meses antes de que pasen a otra plataforma. Un pánico capitalista estúpido. Pero creo que Nolan tiene la fuerza y el poder de construir una plataforma de presentación de sus películas y eso está muy bien. Todos nosotros sabemos que “La odisea” eventualmente estará disponible en pantallas de 32 pulgadas o en los teléfonos. Pero cuando pienso en una película, siempre la pienso en una sala de cine. Esa es la razón por la que no creo que lograría hacer una serie de televisión. Porque para mí es muy importante el sentimiento de hacer una película para el cine.
― Pero también se ha dicho que el estreno en grandes pantallas como las IMAX puede terminar resultando excluyente o elitista…
Quizá pueda sonar un poco ‘old fashioned’, pero no creo que sea elitista. Sobre “La odisea” se habla mucho de que solo 40 salas son capaces de proyectarla en 70 mm, pero no se dice que son 25.000 las que la exhiben con DCP digital, que es como yo la vi. Y para mí estaba muy bien, no tengo problema alguno con eso. Lo que sí creo es que hay una fuerza muy grande de márketing que me resulta rara y muy graciosa: que tantas personas estén discutiendo si ver “La odisea” así o así, hablando sobre formatos y aspectos. Es una locura. De pronto, todos son expertos en fotografía y en celuloide.
― Usualmente no me gusta preguntar esto, ¿pero ya has comenzado a trabajar en algún nuevo proyecto?
Estoy pensando. La parte de pensar una película comienza cuando no sabes que ya empezó. Después de un año recién llega la certeza de que estás pensándola. Y ahora estoy en el tercer año de pensarla. Hay un ‘overlap’ con “El agente secreto”, se superpone con esa película. Así como “El agente…” se superpone con “Retratos fantasmas” y como “Retratos…” se superpone con “Bacurau”. Pero quiero comenzar a escribirla en las próximas semanas. Es un momento muy interesante aquel en que no sabes cuál es tu próxima película. Tienes una sospecha, pero no sabes cuál es. Lo que sí te puedo decir es que la idea ocurre en Recife, en los años 30 del siglo pasado.
― Ahora llegas para recibir un homenaje en el Festival de Cine de Lima. ¿Qué significa para ti este reconocimiento?
¿Sabes? Los brasileños siempre nos hemos sentido separados del resto de América, a pesar de ser geográficamente muy cercanos, por la barrera del idioma. Pero desde hace un tiempo me siento más cerca del español. Antes intentaba hablar un portugués muy lento, como si le estuviera hablando a alguna persona no muy inteligente [risas]; o peor aún, me inclinaba por hablar en inglés. Ahora me siento mucho más libre. Pero lo que quiero decir es que el Festival de Lima siempre fue, luego de Europa, la puerta de entrada para mis películas en Latinoamérica y en Estados Unidos. Siempre fue la primera señal, para alguien tan curioso como yo, de cómo mi película era decodificada. Las reacciones de la gente que la veía en Lima, y por supuesto los premios, eran la confirmación de que estaba todo bien. //
Fuente: elcomercio.pe