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Como si fuera una casa de campo detenida en el tiempo, permanece en pie el hogar donde pasó décadas de su vida la artista peruana Julia Codesido (1883-1979), en la avenida Paso de los Andes, en Pueblo Libre. No cabe duda de que se diseñó pensando en las principales necesidades de una pintora: grandes ventanas que permiten el ingreso de la luz natural, además de techos amplios. Es una casa rodeada de jardines donde sucedían las jaranas criollas y se escuchaban géneros como el tango y el jazz. La vida social era activa, pero al llegar la medianoche todos sabían que debían partir. Codesido tenía una huerta y bellos árboles de nísperos y pacaes que ella misma plantaba. Además, desde el ingreso, se ve un iluminado zaguán donde la artista recibía a sus amistades antes de pasar a la sala o al comedor. Con estas disposiciones fue trazada la casa de Codesido por su maestro y amigo José Sabogal, el mayor representante de la plástica indigenista.
“Sabogal diseña la casa como si fuese parte de una pintura. La ves por diferentes lados, es como una casita de campo que él hubiese pintado. El diseño está concebido para que el corazón de la casa sea el taller, donde se tiene la mejor luz. Aquí recibía la luz fría de la mañana y ella pintaba durante prácticamente todo el día. Inclusive era el lugar donde hacía la siesta”, nos cuenta Marilú Ponte, directora de Asuntos Culturales de la PUCP, institución que preside la Fundación Julia Codesido y Estenós desde el año 2004.


El taller es un amplio salón donde encontramos en estos días a las especialistas encargadas del cuidado y organización del fondo artístico, documental y bibliográfico de Codesido. Aquí vemos su antiguo diván. Lo ubicaba al centro del estudio y sobre él se recostaba al terminar de pintar, observaba el trabajo avanzado, descansaba y continuaba su labor. Aún se conserva el caballete, sus pinceles y pigmentos.
El terreno para la construcción de la casa se compró en 1942 y se terminó de levantar en 1957. Debe ser una de las pocas casas de una sola planta que se conservan tal cual se hicieron en la época. Al salón principal le sigue un sobrio comedor sin mucho aspaviento. En su habitación está su cama con el mismo colchón y cobijas usadas por ella. En toda esta gran galería de arte que es su hogar, Codesido designó un espacio al que llamó “galería”, donde colgó sus pinturas y las de su papá. Toda la familia pintó, pero solo ella estudió arte como profesión. Lo hizo tardíamente, sobre los 35 años, al regresar de vivir en Europa, en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Allí abrazó el indigenismo y, posteriormente, desarrolló su propio estilo.

Recorriendo sus salones, pasadizos y rincones, vemos los objetos personales de Julia Codesido. Los retratos familiares, las pinturas hechas por su padre, una vajilla quizá heredada, pequeñas esculturas (entre ellas identificamos una de la escultora boliviana Marina Núñez del Prado, su gran amiga), sillones, muebles, repisas, libros, así como parte de su colección de arte popular ayudan a recrear su cotidianidad. “Lo característico es que pertenece a un grupo de mujeres artistas como Carmen Saco y Teresa Carvallo, que eligen la profesión del arte por sobre el rol típico de la mujer de la época. Ninguna de las tres fue madre. Son de una generación de vanguardia, decididas a dedicarse al arte”, comenta Ponte. Y esta pasión se percibe en este recinto donde la artista se dedicó exclusivamente a pintar, siempre muy consciente de su entorno, por ello muchos investigadores analizan sus archivos para reconstruir su contexto.
Un año antes de su muerte, Julia Codesido crea la fundación con el objetivo de preservar su casa, su obra y promover el arte entre más personas. “El reto actual es poner en valor la vivienda”, comenta Marilú. Para ello, la PUCP, a cargo de la Fundación Julia Codesido, invita al empresariado y a las personas con afinidad por el arte, la conservación y su difusión a brindar su apoyo para que el inmueble y la obra de Codesido estén abiertos al estudio y al conocimiento de la comunidad. “Quisiéramos convertir la casa en parte del circuito cultural, musealizarla y acercarla a la investigación. Podría ser un espacio muy importante en Pueblo Libre”, agrega Ponte. ¿Por qué no pensar la casa de Codesido como la de Frida Kahlo en México?
En el MALI
Algunas de sus pinturas se mantienen sobre las paredes del inmueble, pero la mayoría ha sido trasladada al Museo de Arte de Lima, donde permanecerán hasta noviembre en la exposición “Codesido”. Se han reunido 150 piezas entre pinturas, grabados, archivos y su colección de arte popular. “A ella se la cataloga casi siempre como pintora indigenista, pero creo que la muestra da a conocer a una pintora que dialoga con otras tendencias, como el arte abstracto. Es una mujer que está atenta a lo que sucede en el mundo. No se niega al diálogo, siempre desde su punto de vista personal”, nos comenta Luis Eduardo Wuffarden, quien curó la muestra junto a Ricardo Kusunoki.

En ella, se podrá entender y reconocer el pensamiento de Julia Codesido a lo largo del tiempo. Afortunadamente, fue una artista longeva, por lo que dejó mucha obra con personajes peruanos de regiones andinas, amazónicas y costeñas. Una mirada del Perú como solo ella pudo entender. //
Fuente: elcomercio.pe
