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El Mundial se acaba y la FIFA se alista a contar los millones que ha generado por organizar el torneo deportivo más importante del planeta y el más ambicioso celebrado hasta el momento, con 48 selecciones, tres países anfitriones y 104 partidos que han tenido en vilo a más de 6 mil millones de espectadores en todo el mundo.
Aunque aún no hay cifras oficiales, se calcula que el Mundial podría generar ingresos para la FIFA entre US$15 mil millones y US$19 mil millones, lo que supondría un récord respecto a torneos anteriores, sobrepasando largamente su objetivo de US$11 mil millones. Esa es la previsión que hace el profesor emérito en finanzas, experto en economía del deporte y autor del libro “Keeping Score: The Economics of Big Time Sports”, Richard Sheehan, en un artículo publicado en “The Conversation”.
Teniendo en cuenta que la FIFA es una organización sin fines de lucro, las ganancias irán directamente a sus arcas en Suiza, dejando beneficios marginales a los países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá. Aunque un informe de la propia FIFA y la OCDE señala que el torneo aportaría unos US$41.000 millones de dólares al PBI de los tres países, además de generar 824 mil trabajos, varios estudios señalan que se trata de números exagerados y cuyo impacto solo se conocerá en el largo plazo.
Uno de estos informes es el realizado por el Saxo Bank de Suecia titulado “La copa del mundo del 2026: Un macroevento con microimpactos”, donde señalan que si se cumplen las previsiones más optimistas, el impacto económico en Estados Unidos sería de US$17 mil millones, es decir un aumento del 0,1% del PBI. México y Canadá, que han alojado menos partidos, tendrían beneficios de entre 0,2% y 0,5% de su PBI. Si se toma en cuenta que los tres países han invertido unos US$9 mil millones de dólares en mejorar su infraestructura y su seguridad con dinero del fisco, es difícil predecir en qué mejorará la vida de los ciudadanos tras la realización del Mundial.
“El impacto económico tiende a ser muy marginal y hasta negativo en cuanto a la realización de este tipo de megaeventos. Hay mucha inversión que no necesariamente trae un retorno importante”, señala a El Comercio Bruno Rivas, doctor en Ciencias Políticas, quien recuerda que, a diferencia de otras sedes, como Brasil, Rusia o Qatar, en este Mundial los países norteamericanos han hecho una inversión inferior gracias a que los estadios ya estaban construidos y solo se han adaptado a los requerimientos de la FIFA.

“En cuanto al turismo, a veces los visitantes habituales cambian sus itinerarios para ver los partidos, o los turistas deciden no viajar a los países que alojan los mundiales debido a los precios altos. Entonces el impacto termina siendo muy pequeño”, agrega.
Teniendo en cuenta que Estados Unidos ha sido el anfitrión de la mayoría de los partidos, no hubo una llegada ingente de turistas debido a que muchos extranjeros prefirieron no viajar debido a los duros controles migratorios y al precio exorbitante del transporte y hospedaje.
Otro estudio de Michael Edwards, profesor de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, señala que los beneficios de estos grandes eventos deportivos son puntuales y temporales. “Una vez que el evento termina y los visitantes se marchan, la demanda suele volver a los niveles normales, lo que limita el impacto económico a largo plazo en la economía local en general”, explica en su informe.
Para el Saxo Bank, este Mundial no representará un motor de crecimiento significativo para la economía estadounidense.
Aunque los países anfitriones no se vean especialmente beneficiados, esto no significa que otros sectores no se vayan con las arcas llenas. Además de la FIFA, los patrocinadores y las grandes multinacionales ya están contando sus millones, como las cadenas de televisión y plataformas de transmisión, las casas de apuestas, las marcas deportivas, las compañías de bebidas, las grandes cadenas hoteleras y los videojuegos.
Pero siendo la FIFA quien se encarga de administrar los contratos y las licencias comerciales, es ella la que se lleva la mayor parte de la torta. Sobre todo, y de manera muy evidente, con el ingreso por la venta de entradas, que para este Mundial aumentaron de precio de manera considerable, gracias a las entradas dinámicas, que subían o bajaban de precio de acuerdo con la demanda o a la expectativa del partido. Incluso la FIFA se ha encargado de gestionar la reventa, con precios que han llegado, para el partido de la final, hasta los US$155 mil.

Al estar inscrita como organización benéfica, la FIFA tiene como objetivo utilizar sus ganancias para la organización de sus torneos, así como para impulsar el fútbol y hacerlo más accesible en todo el mundo. Sin embargo, la corrupción y los sobornos -no olvidemos el FIFA Gate- hacen poco creíble que los objetivos del ente rector del fútbol sean únicamente loables.
“La FIFA ha generado un mecanismo que busca que el dinero que ingresa vaya a la promoción del deporte. Así, el dinero recaudado va a las federaciones locales, que lo deben invertir en infraestructura y nuevas competiciones. Pero eso es en el papel, porque no necesariamente las federaciones locales terminan actuando de manera transparente”, dice Rivas. “No soy muy optimista respecto a cambios en la FIFA. Todo indica que el camino es hacia una búsqueda cada vez mayor de beneficios comerciales por encima del juego y la transparencia y el desarrollo deportivo”.
Rivas, experto en temas deportivos, expresa que en este tipo de eventos no solo deben analizarse las ganancias económicas, sino también el posicionamiento de los países. “Los mundiales también pueden servir como búsqueda y reposicionamiento internacional. Brasil y Rusia son dos miembros de los BRICS, y Qatar es una potencia en el Golfo Pérsico. Que estos países hayan sido sede de un Mundial significa que son vistos y aceptados como Estados capaces de realizar estos megaeventos y a los que se les puede considerar potencias regionales”, comenta.
También considera que este Mundial es atípico en cuanto a las posiciones de poder. “Lo que ha quedado en evidencia en este Mundial es que, si antes la FIFA actuó como todopoderosa y obligó a los países a adaptarse a sus condiciones, ahora hemos visto que el reparto de poderes ha sido al revés. La FIFA ha tenido que adaptarse a los deseos estadounidenses, como la pausa de hidratación o la suspensión de la tarjeta roja a Balogun. Dudo mucho que algo así se repita en futuros mundiales”.
Fuente: elcomercio.pe
