La foto más viral de Messi en el Mundial la tomó un peruano: La historia detrás de un viaje por carretera y de un ángulo único que conmovió al mundo

Hay fotografías que explican un partido. Otras, una época. Y unas pocas, las más extraordinarias, parecen atravesar el tiempo para unir dos generaciones separadas por cuarenta años. Antes de que Lionel Messi tuviera una de sus mejores actuaciones ante Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026, hubo un silencio que apenas duró unos segundos. El capitán argentino estrechó la mano de Harry Kane durante el sorteo inicial y, mientras el delantero inglés desviaba la vista hacia la moneda del árbitro, Messi jamás dejó de observarlo. Fue una mirada firme, casi desafiante, imposible de interpretar en ese instante, pero que adquirió un significado inmenso apenas terminó el partido.

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Cuando Argentina selló su clasificación a una nueva final del mundo y Messi volvió a conducir a su selección con una actuación memorable, aquella fotografía dejó de ser simplemente una gran imagen. Se convirtió en un símbolo. Porque en esa expresión serena, capturada justo antes de que rodara el balón, millones de argentinos volvieron a encontrar un recuerdo que creían reservado para la eternidad: el de Diego Armando Maradona observando fijamente a Giuseppe Bergomi antes del partido por la segunda fecha de la fase de grupos de México 1986. Cuarenta años después, la historia parecía repetirse con otro capitán, otro Mundial y otro capítulo inolvidable para la Albiceleste.

La foto más icónica del Mundial 2026: Messi mirando fíjamente a Harry Kane en el sorteo inicial de la semifinal entre Argentina e Inglaterra por el Mundial 2026. (Foto: Andrés Lino / ITEA Sport)

Lo que casi nadie sabía era que detrás de esa fotografía existía otra historia igual de extraordinaria. No comenzaba en el estadio ni en el sorteo de capitanes. Empezaba muchos kilómetros antes, en una carretera interminable entre Dallas y Atlanta, donde un fotógrafo peruano luchaba contra el reloj para no perder el partido más importante de su carrera.

La foto de Maradona con Bergomi en el Mundial México 1986.

Trece horas para perseguir una fotografía

Andrés Lino, fundador de ITEA Sport, jamás imaginó que la imagen que daría la vuelta al mundo estaría precedida por una odisea. Su agencia nació hace trece años cubriendo el Rally Dakar, aunque la verdadera pasión por el fútbol venía desde mucho antes. La heredó de su padre, quien durante su infancia lo llevaba desde Huancayo hasta Lima en viajes de siete horas para asistir a partidos de Copa Libertadores. Muchas veces el autobús llegaba tarde y entraban al Estadio Nacional cuando el encuentro ya había comenzado, pero aquello nunca importó. Lo esencial era compartir el camino. “Mi papá podía quedarse todo el día viendo fútbol. Todo esto nació por él”, recuerda.

La semifinal entre Argentina e Inglaterra parecía escapársele de las manos incluso antes de disputarse. La confirmación de su acreditación llegó apenas un día antes del encuentro y los pasajes aéreos habían alcanzado precios inalcanzables. Alquilar un vehículo tampoco parecía posible: las empresas ya no tenían unidades disponibles debido a la demanda del Mundial. Cuando todo indicaba que el viaje terminaría allí, un grupo improvisado de fotógrafos de distintas nacionalidades decidió unir esfuerzos. Compartieron gastos, consiguieron un vehículo casi de milagro y emprendieron un recorrido de trece horas por carretera.

El trayecto fue agotador. Viajaban siete personas prácticamente sin espacio para moverse, turnándose para mantener despierto al único conductor con café, bebidas energéticas y conversaciones que evitaran el sueño. Llegaron al estadio apenas una hora y media antes del inicio, demasiado tarde incluso para recoger equipos prestados, por lo que Andrés debió trabajar únicamente con el material que llevaba consigo. En ese momento todavía no lo sabía, pero cada obstáculo terminaría encontrando sentido unas horas después.

La imagen que solo podía hacerse desde arriba

Mientras la mayoría de fotógrafos elegía trabajar al borde del campo, Andrés tomó una decisión que parecía poco lógica: pidió una ubicación en la parte alta del estadio. No fue producto del azar. Desde hacía tiempo perseguía una idea fija. Siempre había querido recrear aquella fotografía de Maradona ante Italia en México 1986, pero cada vez que intentaba hacerlo desde abajo encontraba el mismo problema: las cámaras oficiales bloqueaban completamente el momento del sorteo. “La única forma de conseguir esa foto era desde arriba. Si después me tapaban o no se daba, ya era cuestión del destino”, explica.

Instalado en su posición, montó un teleobjetivo de 400 milímetros y comenzó a trabajar. La primera imagen que buscó fue el saludo entre Messi y Kane, pero la perdió porque otros equipos bloquearon su visión. Por un instante sintió que la oportunidad había desaparecido. Sin embargo, siguió disparando.

Entonces ocurrió. Observó que la cámara oficial no interfería esta vez con el encuadre. Messi y Kane avanzaron hacia el centro del campo. Andrés levantó ligeramente el cuerpo y comenzó a disparar. No fueron cientos de fotografías. Apenas ocho o diez. Solo después, al revisar la secuencia, comprendió que había capturado algo irrepetible.

André Lino, fotógrafo peruano, cubre su tercer Mundial. El primero fue en Rusia 2018 siguiendo a la selección peruana. (Foto: Archivo personal)

“Messi nunca dejó de mirar a Kane. Desde que le dio la mano hasta que terminó el lanzamiento de la moneda no apartó la vista. Recién cuando hice zoom y vi la expresión dije: Ya está. Esta es la foto”. El instante era todavía más extraordinario porque coincidía con otro detalle casi imposible de calcular. La moneda aparecía suspendida exactamente entre las manos del árbitro. El margen de error era mínimo. Bastaba disparar unas décimas antes o después para perder la composición. “Tuve suerte, claro, pero también había que estar preparado para ese momento”, admite.

Cuando terminó el protocolo previo al partido aún no imaginaba la dimensión de lo que acababa de registrar. Recién un colega argentino, Adrián Michelena, le escribió poco después con una frase que cambiaría todo: “tienes la foto de la historia”.

Comenzaron entonces a revisar las principales agencias internacionales: Getty Images, Reuters, las galerías oficiales de FIFA. Había miles de fotografías de aquella semifinal, pero ninguna mostraba el mismo ángulo ni la misma composición. La comparación con Maradona apareció de inmediato y la imagen empezó a recorrer Argentina con una velocidad inesperada. Medios nacionales, páginas especializadas e incluso cuentas ajenas al fútbol comenzaron a compartirla como una de las postales más representativas del Mundial. En pocos días acumuló millones de visualizaciones y cientos de miles de reacciones.

Para Andrés, sin embargo, el momento más importante había ocurrido mucho antes de que la fotografía se hiciera viral.

Una promesa cumplida

Tres años atrás había despedido a su padre colocando dentro del ataúd la primera credencial que obtuvo para cubrir un Mundial, la de Rusia 2018. Era la forma de agradecerle todos aquellos viajes en autobús, todas las tardes de fútbol y el amor por un deporte que terminó convirtiéndose en su profesión.

Por eso, cuando observó la imagen de Messi mirando fijamente a Kane, no pensó primero en la repercusión internacional. Pensó en él. “Lo primero que hice fue acordarme de mi papá. Sentí que él hizo posible esa fotografía.”

Quizá por eso la historia de esa imagen conmueve tanto. Porque no habla únicamente de Messi, de Maradona o de Inglaterra. También habla de un hijo que cruzó medio Estados Unidos persiguiendo una intuición, de un fotógrafo que entendió que las mejores imágenes no siempre nacen durante un gol y de una promesa hecha muchos años atrás en una tribuna del Estadio Nacional.

Andrés Lino suele repetir que las jugadas espectaculares siempre existirán porque hay miles de fotógrafos alrededor del campo. Lo verdaderamente difícil es encontrar una historia en medio del ruido. Aquella tarde, mientras millones de personas solo esperaban el inicio de una semifinal, él encontró un puente entre dos generaciones del fútbol argentino. Descubrió que, a veces, la historia vuelve a escribirse en silencio, apenas con una mirada. Y tuvo el privilegio -o el destino- de ser el único que estuvo exactamente en el lugar indicado para inmortalizarla.

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Fuente: elcomercio.pe

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