Casi seis de cada diez locales escolares ubicados en zonas rurales del Perú requieren ser reemplazados debido al deterioro de su infraestructura, según cifras del Ministerio de Educación (Minedu) y el Banco Mundial. Aunque existen esfuerzos para evitar el colapso o el agravamiento de estas condiciones, aún resultan insuficientes, advierte Ketty Zarate, especialista de la Unidad de Gestión Educativa Local 03.
“Tratamos de mejorar la infraestructura mediante la articulación con los gobiernos locales у regionales, así como con el uso del canon minero, entre otros mecanismos. Sin embargo, estos avances se ven limitados por la reducida capacidad de ejecución administrativa у la ineficiencia en la gestión de los recursos. Además, solo el 37% de las escuelas públicas cuenta con servicios básicos en condiciones óptimas”, señala.

Si bien este escenario representa un llamado de atención para que las autoridades actúen con mayor eficacia, también abre espacios para que diversas instituciones impulsen iniciativas solidarias en favor de la educación de cientos de escolares.

En ese contexto, el Instituto de los Hermanos de La Salle desarrolla desde hace más de una década la Misión Lasallista, un programa anual de voluntariado que brinda apoyo social a instituciones educativas de comunidades altoandinas en situación de vulnerabilidad. La iniciativa reúne a estudiantes de cuarto y quinto de secundaria de sus distintas sedes, ubicadas en Lima, Abancay, entre otras ciudades.
“Los estudiantes logran conectar con realidades muy distintas a las suyas al enfrentarse a sus necesidades, riquezas y desafíos. Bajo el lema ‘Todo está conectado’, la misión fortalece su compromiso frente a la injusticia y el olvido” afirma Edgardo Guzmán, subdirector del colegio La Salle Lima.
Más que voluntariado: convivencia y aprendizaje
Una de las más recientes misiones se realizó en agosto del año pasado, cuando un grupo de estudiantes visitó las comunidades de Pampahura, Saywa, Arcahua y Pichiupata, ubicadas a casi 4.000 metros sobre el nivel del mar en la región de Apurímac.
Durante dos semanas convivieron con las familias de la zona sin acceso a internet ni señal telefónica, integrándose a la rutina diaria de comunidades dedicadas principalmente a la agricultura, la ganadería y el trabajo comunal.

“Los estudiantes participaron en actividades familiares como arrear ganado, cosechar, desgranar y secar legumbres, cortar y cargar leña, entre otras labores. También apoyaron en la catequesis diaria de los niños y participaron en un valioso intercambio cultural que incluyó una misa en quechua. Además, contribuyeron a mejorar la infraestructura local mediante el lijado y pintado de aulas y de la única capilla de la comunidad, la nivelación del terreno del estadio y la limpieza y habilitación del huerto comunal”, detalla Guzmán.
Una experiencia que transforma la mirada
Conocer de cerca una realidad distinta puede resultar desafiante, pero también profundamente enriquecedor. Así lo reflejan los testimonios de dos estudiantes que participaron en la misión a Pampahura.
Nuria Huaccac, estudiante de La Salle Lima, recuerda especialmente a Tatiana, una niña de cinco años que soñaba con aprender a leer y le preguntaba constantemente cuándo llegarían más libros a la comunidad. “Yo quisiera poder leer, tener libros… ¿Cuándo van a traer?”, recuerda Huaccac.
Por su parte, Micaela De La Vega asegura que la experiencia transformó su manera de entender la vida y sus prioridades.
“Antes me enfocaba en lo que me faltaba, pero al conocer la realidad de las familias de la comunidad aprendí a valorar mucho más a las personas que me rodean que a lo material. Volví siendo la misma persona, pero con una forma completamente distinta de mirar la vida” comenta.
La Misión Lasallista responde a una realidad preocupante. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), cerca del 70% de los jóvenes peruanos participa poco o nada en organizaciones sociales o comunitarias. Frente a ello, esta iniciativa demuestra el potencial de una formación basada en el servicio, la solidaridad y el contacto directo con otras realidades, manteniendo vivo el legado de San Juan Bautista de La Salle y su compromiso con la educación de los más vulnerables.
Fuente: elcomercio.pe