Los primeros días del gobierno de Keiko Fujimori van proyectando lo que será su mandato. Por lo pronto, pueden distinguirse, al menos, tres aspectos que, no en vano, se dan casi de manera cronológica, como si lo que fuéramos a ver en la gestión Fujimori se terminase convirtiendo en una puesta en escena en tres actos.
Primer acto: la vulnerabilidad ante el Congreso. El gobierno de Fujimori empezó, en la práctica, el domingo 26, cuando se eligieron las cabezas de ambas cámaras. Como se sabe, el oficialismo logró, a duras penas, asegurar el control de la mesa directiva del Senado, pero tuvo que dejar ir la de la Cámara de Diputados, donde la oposición consiguió una amplia victoria.
El discurso conciliador de Óscar Reto, flamante presidente de la Cámara Baja, contrastó con el gesto intransigente de la bancada de Juntos por el Perú, que, minutos antes de que Fujimori iniciara el mensaje a la nación, abandonó el hemiciclo. Estas actitudes proyectan una oposición que, seguramente, alcanzará consensos, aunque solo de manera intermitente.
En cualquier caso, este será el Parlamento con el que el naciente gobierno deberá negociar. Entre sus primeros desafíos se encuentra el pedido de delegación de facultades, analizado ayer en el Consejo de Ministros, y luego su proyecto de presupuesto para el 2027.
Segundo acto: la voluntad de plantear una agenda acotada, aunque ambiciosa. El mensaje a la nación de Fujimori puede leerse como una apuesta por tomar la iniciativa y proponer los temas de debate. Incluso las omisiones, muy criticadas por la oposición política y algunos sectores sociales, tienen un mensaje detrás.
En tal sentido, el gobierno parece apostar por la consolidación de una narrativa propia: el Estado burocrático que hostiliza y abandona al ciudadano debe dar paso a uno más presente y realmente eficiente. Los planteamientos, en algunos casos, son poco novedosos (delegación de facultades y estados de emergencia) y, en otros, plantean cierto continuismo (la apuesta por el activismo mediante obras).
Tercer acto: la presentación de un Gabinete con peso político, preso de incógnitas en algunos sectores y con cierta dependencia del posfujimorismo de los últimos 25 años. Si algo puede distinguirse, es una apuesta por dotarse de un grupo de corifeos que le aporte rostros a lo planteado en el segundo acto: tres excandidatos presidenciales, dos ex primeros ministros y cuatro excongresistas incluidos, todos ellos con algún rol en (o frente a) los gobiernos de los recientes lustros.
En suma, el guion propone un final abierto. Los personajes: una oposición difícil, aunque no cohesionada; una mandataria que buscará perfilar un protagonista que transmita cierta apertura a la vez que eficiencia; y un elenco que, se espera, esté a la altura de la historia que pretende contarse.
Fuente: elcomercio.pe