La tormenta que está por venir

¿Cuántas veces tiene que destruir el fenómeno El Niño (FEN) una carretera, hacer colapsar un hospital o arrasar un campo de cultivo para que el Estado aprenda a prepararse antes de que llueva? La pregunta no es nueva. Tampoco la respuesta: cada cierto número de años, el FEN vuelve, avisa con meses de anticipación, y el Gobierno reacciona tarde.Este lunes, la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) emitió el Comunicado Oficial 11-2026 manteniendo el estado de “alerta de El Niño costero”. El diagnóstico es preciso y severo: para la región Niño 1+2, el evento iniciado en marzo se prolongará hasta el verano 2026-2027, con una probabilidad del 48% de alcanzar magnitud fuerte entre junio y setiembre. Para la región Niño 3,4 –Pacífico ecuatorial central– se proyecta un desarrollo sostenido hasta marzo del 2027, con mayor probabilidad de intensidad fuerte entre noviembre y diciembre de este año. El propio comunicado exhorta a las autoridades a adoptar medidas de reducción del riesgo de desastres antes del inicio de la próxima temporada de lluvias, prevista entre setiembre del 2026 y abril del 2027.No es solo una advertencia climática. Es también una advertencia económica. El presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, señaló esta semana en el Encuentro Económico Regional de Loreto que el fenómeno El Niño constituye el principal factor de riesgo interno para la consolidación del crecimiento. Y hay mucho que proteger: el PBI creció 3,7% en abril y acumula 3,6% en lo que va del año, con la inversión privada expandiéndose 13,3% en el primer trimestre y el empleo formal creciendo cerca del 8%.

El Perú tiene, además, términos de intercambio históricamente elevados –gracias al oro, la plata y el cobre– que abren la posibilidad real de crecer al 6% o 7%. Todo eso puede evaporarse si El Niño golpea la infraestructura y la producción agrícola sin que el Estado haya hecho su tarea.

El Niño afecta la pesca, destruye carreteras, desborda ríos e infla los precios de los alimentos. Cada sol no invertido hoy en drenajes, encauzamientos y sistemas de alerta temprana se convierte mañana en decenas de soles en reconstrucción y vidas perdidas. La historia de 1983 y de 1998 debería ser lección suficiente. Y, sin embargo, volvemos a llegar tarde.

El Enfen ha cumplido su función: alertar con datos, con fechas, con probabilidades. Le corresponde ahora al Gobierno demostrar que sabe escuchar. No basta con declarar emergencias después del desastre. La preparación no es optativa cuando la tormenta ya tocó la puerta –y, según los propios organismos del Estado, ya cruzó el umbral y está camino a nosotros–. No hacer nada al respecto sería de una irresponsabilidad y una indolencia imperdonables.

Fuente: elcomercio.pe

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *