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Colombia dio un giro político el domingo con la elección del derechista no tradicional Abelardo de la Espriella como nuevo presidente. El abogado de 47 años, sin experiencia previa en cargos públicos y convertido en un fenómeno político con un discurso antisistema, se impuso por un estrecho margen al izquierdista Iván Cepeda, heredero político del presidente saliente Gustavo Petro. Con el 99,98% de las actas contabilizadas, De la Espriella obtuvo el 49,66% de los votos frente al 48,70% de su rival, poniendo fin al primer ciclo de gobierno de izquierda en la historia reciente del país.
La ajustada diferencia entre ambos candidatos dejó un país dividido prácticamente en dos mitades y abrió una nueva etapa política marcada por los desafíos de gobernabilidad. Mientras algunos interpretan el resultado como una reacción al gobierno de Petro, otros ponen el foco en las dificultades que enfrentará De la Espriella para convertir su victoria electoral en capacidad de gobierno. Para analizar las claves de esta elección y el escenario que se abre para Colombia, El Comercio conversó con Omar Rincón, periodista, académico y ensayista colombiano, y Néstor Julián Restrepo, analista político y catedrático de la Universidad EAFIT.
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¿Cuál es la principal explicación de la victoria de Abelardo de la Espriella en esta segunda vuelta?
Omar Rincón [OR]: “Pues la explicación para mí de la victoria de Abelardo la Espriella es una, la provocación de [Gustavo] Petro de todo el tiempo andar en bronca con los demás colombianos. Entonces, creo que es un voto antipetrista. Segundo, que la campaña de Cepeda pues fue muy precaria y muy centrada en los militantes. En los últimos 15 días entendieron la necesidad de una estrategia digital, de hacerla divertida, lo que les permitió recortar 500.000 votos. Creo que si la elección hubiera sido una semana más tarde hubiera ganado Cepeda. El tercer factor fue el voto de Antioquia y el eje cafetero, todo el mundo paisa que decimos, porque en el resto del país o ganó Cepeda o ganó De la Espriella, pero por poquito. En cambio en Antioquia y Medellín sí ganó mucho [De la Espriella]”.
Néstor Restrepo [NR]: “Yo creo que desde la primera vuelta se había visto la tendencia de cierta favorabilidad de Abelardo de la Espriella. De hecho, lo que uno se pregunta es ¿por qué no ganó tan holgado como se creía que iba a ganar?. De la Espriella logra encauzar su narrativa a una lógica de una gran mayoría de los colombianos que todavía le tienen miedo al conflicto armado, a la guerra de guerrillas y a todo este fenómeno metido con lo de Venezuela, Cuba, etc. Esta es la primera vez en muchos años que veo un margen tan pequeño, lo cual es muy poco para un país. Fue una campaña muy emocional basada en un outsider que vende la idea de un milagro. Es un juego donde las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la comunicación política lograron su objetivo. Además, se monta en agendas muy marcadas de género, lo que llamaríamos “anti-woke”, en un país que tiene un tinte conservador”.

¿Qué factores fueron determinantes en el resultado: la inseguridad, la economía, el desgaste del oficialismo o el perfil del propio candidato?
OR: “Yo creo que no hay ninguna de estas cosas. Creo que las explicaciones clásicas no son las que funcionan. La gente no vota ni por la inseguridad ni por la economía. La economía en este momento está mejor que nunca. El dólar está fuerte. El desempleo es el más bajo del siglo XXI. El presidente Petro le aumentó a las fuerzas militares y al pueblo colombiano el salario mínimo, más de 40%. Tampoco es desgaste del oficialismo, creo que lo más determinante fue el antipetrismo. Es un asunto sobre cómo Petro en todo este tiempo gobernó provocando a los otros y los otros provocados le contestaron. Creo que ese podría ser el segundo fracaso de la paz total e Iván Cepeda y Petro estaban en eso de la paz total. Fue muy débil la campaña de Cepeda, que nunca habló con la gente directamente, sino fue más como intelectual, muy razonable, muy calmado y autónomo, pero que nunca logró crear una campaña de comunicación para fuera de sus militantes del Pacto Histórico”.
NR: “Para mí, el factor determinante fue el sentimiento antipetrista. Creo que existe un rechazo muy fuerte hacia Gustavo Petro, un presidente que generó mucha inconformidad, no necesariamente por su estilo de liderazgo en sí mismo, sino por su gestión, sus decisiones de gobierno y sus formas de actuar en la vida pública. Ese malestar se tradujo en rabia y frustración en sectores importantes de la población, especialmente en la clase media. Si uno observa nuevamente el mapa electoral, se aprecia con claridad en territorios como Antioquia y también en Bogotá, donde muchos ciudadanos sintieron que no estaban representados por Petro e incluso, en algunos casos, se sintieron ofendidos por determinadas actitudes y comportamientos del mandatario”.
¿Qué revela esta elección sobre el estado de ánimo de la sociedad colombiana y sus principales demandas?
OR: “Lo mismo que le pasó a Argentina, lo mismo que le pasa a Perú, lo mismo que le pasa a Estados Unidos, El Salvador, a toda parte, a Brasil. La gente ya no vota por partidos ni ideología ni nada por el estilo. Vota emocionalmente en bronca por algo. Y creo que en este punto el capitalismo triunfó, el yopitalismo, el capitalismo de hoy triunfó y la gente vota desde sus sentidos emocionales comunes. Tiene sentimiento. Aquí había un sentimiento que no soportaban a Petro y ese sentimiento lleva a lo otro. La gente no analizó ni condiciones subjetivas de economía ni nada. El país va bien. Simplemente no lo soportaban a Petro, como en Argentina no soportaban a Cristina [Fernández], como en Ecuador Noboa gana porque no soportan a [Rafael Correa], en Bolivia no soportan a Evo [Morales], en Brasil, el PT [Partido de los Trabajadores], no tanto Lula, por eso gana, pero es el PT al que no soportan. Es más un sentimiento anti, de bronca con esta gente que ha tenido el poder y que prometió que lo iban a hacer distinto y no cumplieron”.
NR: “Hay un país muy dividido, pero no sé qué tanta polarización haya cuando se logra cristalizar dos bandos muy bien conformados. De hecho a la izquierda la siento más conformada y hay una derecha que acaba de mutar. El uribismo le da su bando a un nuevo líder. Álvaro Uribe sale de escena. El Centro Democrático queda muy aporreado y aparece un outsider que tiene el deber de capitalizar, cristalizar y unir a toda esa derecha. Me atrevería a decir que desde esa parte hay una madurez democrática en Colombia. Pero si nos vamos a la parte narrativa, pues sí hay una división polarizante. Sin embargo, desde el diseño institucional hay una cosa muy interesante y es que hay equilibrio, uno que no se daba en Colombia. Antes de Gustavo Petro siempre hubo una sola vertiente que llegaba al poder y gobernaba. Aquí hubo diferentes partidos, pero eran de derecha o centro derecha. Ahora hay una vertiente ideológica muy clara de izquierda y de derecha”.

¿La victoria de De la Espriella representa un giro ideológico hacia la derecha o, sobre todo, un voto de castigo contra el gobierno saliente?
OR: “Yo no hablaría de izquierda o derecha, es que Petro es de izquierda y miren el gobierno que hizo. En lo económico no es nada de izquierda. En lo social hay algunas cosas progresistas, socialistas si quieren de redistribución, pero no hay una vaina de izquierda. Eso ya es una manera de pensar. Creo que esto es un triunfo del capitalismo. Lo que sí es cierto es que hoy la gente vota por el capitalismo y todos quieren el capitalismo para uno mismo. Como en Argentina que venden que dignidad y libertad es hacer lo que yo quiera, que yo soy el propio empresario de mi vida, yo voy a lograr lo que sea, yo salgo adelante, yo soy un berraco, yo soy un arrecho para salir adelante y eso es lo que vende. En ese sentido, la campaña De la Espriella vendía eso, mientras que Cepeda vendía los bienes colectivos, la justicia social, la lucha contra la desigualdad, todos valores colectivos y en una sociedad yopitalista, individualista, pues no funciona para muchos este tipo de discursos”.
NR: “No creo que este resultado pueda explicarse únicamente como un voto de castigo al gobierno saliente. De hecho, la elección demuestra que la izquierda sigue siendo una fuerza política muy sólida en Colombia. Su crecimiento ha sido sostenido durante más de dos décadas: pasó de poco más de dos millones de votos con Carlos Gaviria en el 2002 a cerca de 12,7 millones en esta elección. Por eso, más que una derrota contundente de la izquierda, lo que vemos es un país profundamente dividido entre dos proyectos políticos con bases electorales importantes. Esa realidad también se refleja en el Congreso, donde De la Espriella no contará con una mayoría propia para impulsar su agenda. El gran interrogante ahora no es cómo ganó, sino cómo gobernará. A diferencia de otros líderes de la región, como Milei, que lograron ampliar su influencia legislativa a mitad de sus gobiernos, De la Espriella tendrá que trabajar con el Congreso que eligieron los colombianos hasta el último día de su administración. Eso lo obligará a negociar y construir alianzas”.
¿Cuáles serán los principales desafíos de gobernabilidad para un presidente que llega al poder tras una elección tan ajustada?
OR: “La gobernabilidad es incierta en el sentido que no sabemos, pues este muchacho De la Espriella nunca ha gobernado nada, ha sido un poco irresponsable con todas sus declaraciones, todo lo que dice es como si uno pudiera llegar a ser presidente y renovar todo y no pues no es no es tan posible. Es un tipo que pues no sabemos la gobernabilidad depende del mismo en términos de cómo se comporte. Si el lenguaje agresivo que usaba en campaña lo va a mantener. Si sigue el modelo [Javier] Milei, seguirá una cosa de campaña. Dependerá de cómo negocie, qué gabinete va a armar y si se reorganiza con los partidos tradicionales o cómo hacen. Creo que es como una cosa que nadie se puede atrever a decir absolutamente nada. Es un tipo impredecible, porque esto fue como más una cosa de yo quiero demostrar que soy un ganador y puedo ganar hasta la presidencia”.
NR: “De la Espriella es un outsider, sin una trayectoria política previa y con un partido que apenas cuenta con cuatro senadores. Ganar la elección era una cosa; gobernar será otra muy distinta. A partir de ahora necesitará construir alianzas con sectores de la política tradicional, desde los partidos Liberal y Conservador hasta el Centro Democrático. Incluso es probable que encuentre apoyo en el uribismo, que sigue teniendo una presencia importante en el Congreso. Sin embargo, esas negociaciones no serán sencillas porque existen tensiones y resentimientos acumulados con algunos de esos sectores. El problema es que muchas de las propuestas que impulsó durante la campaña requerirán respaldo legislativo. En Colombia, el presidente no puede gobernar únicamente mediante decretos, ya que estos pueden ser revertidos por la Corte. Tarde o temprano tendrá que pasar por el Congreso. Por eso, más que tecnócratas, necesitará operadores políticos capaces de tejer acuerdos y administrar una coalición amplia. Si no logra construir esos apoyos, le resultará muy difícil convertir sus promesas”.

¿Qué explica que Iván Cepeda haya quedado tan cerca de la victoria pese al contexto adverso para el oficialismo?
OR: “Que Iván Cepeda haya quedado cerca significa que el gobierno de Petro tampoco fue tan malo como dicen. Los medios de comunicación, los periodistas en Colombia hablan de que este gobierno ha sido el peor de la historia, pero los indicadores económicos y sociales no lo indican. Entonces, qué Cepeda haya podido quedar tan cerca es porque de alguna forma la obra de Petro ha sido bien evaluada. Entonces, de alguna forma el decir que el país va mal, no es cierto. Lo que demuestra es que Petro tuvo sus aciertos, muchos aciertos, pero que básicamente en la construcción del ambiente público y político, su peleadera con los periodistas, con los medios, con los opositores, fue muy arrogante. También pienso que Cepeda, que se presentó como un buen tipo, muy argumentado, tranquilo, solemne, pero como candidato le faltó, digamos, energía de comunicar por fuera de su gueto”.
NR: “Creo que las actitudes de Gustavo Petro, de la que hablábamos al inicio, terminó perjudicando también a Iván Cepeda. Aunque se trata de un candidato con un perfil más serio e institucional, cargó con el desgaste del gobierno de Petro y con una serie de estigmas propios de la política colombiana. Tenía una “mala fama” montada por los procesos de paz y su pasado familiar, cargando con el estigma de que todo lo que sea izquierda es guerrilla en Colombia. Su papá fue del Partido Comunista y de la Unión Patriótica. Por eso considero que el resultado responde más a emociones y percepciones que a un debate sobre propuestas concretas. Había un temor y una inconformidad acumulados que encontraron un vehículo político en Abelardo de la Espriella. Su discurso duro, confrontacional y disruptivo logró canalizar ese malestar social. Más que sus propuestas específicas, lo que terminó conectando con una parte importante del electorado fue su capacidad para representar y expresar esa rabia contra el gobierno saliente”.
¿La elección de De la Espriella confirma que Colombia se suma a una corriente política que ya se ha expresado en otros países de América Latina y en Estados Unidos, o se trata de un fenómeno con causas principalmente locales?
OR: “De la Espriella no tiene una idea propia. No hay una idea que nazca de su historia política, de su historia de abogado. Su historia ha sido así como te digo una cosa, te digo otra. Era ateo y se convirtió al cristianismo y después al catolicismo. Defendía la mafia, ahora dice que va a luchar contra ella. Decía que acabaría con el medio ambiente y ahora dice que lo va a defender. Y lo que aplicaría es como el concepto de seguridad de El Salvador, con megacárceles, pero este es un país pequeño con un problema identificado claramente de inseguridad urbana, que eran las Maras. Colombia tiene esta problemática, pero contra ello no hay propuestas. Sí las hay contra los grupos criminales y disidentes, pero la inseguridad urbana no se cuida con cárceles”.
“Ecuador aplicó lo de Bukele y es un fracaso. Llevó la seguridad al máximo nivel de muertes por 100.000 habitantes, convirtiéndolo en el país más peligroso de América Latina aplicando esa política salvadoreña. Se parece sí más a Milei, porque va a aplicar la destrucción del Estado. Básicamente, manejar una economía pro empresa, libertaria, y no invertir en lo social. Eso es lo que uno se imaginaría que va a hacer. Habría que ver si pasa lo de Chile, donde Kast también aplicó eso y tiene mucho problema social. O de repente lo de Paz en Bolivia, que también tiene problemática social. La mezcla de presentarse como un estilo de Bukele, con la barba, la performance como la del presidente salvadoreño, el ejército digital es de Milei, las ideas son del mandatario argentino, y su admiración por Trump puede ser la otra cosa que presenta”.

NR: “De la Espriella representa una corriente política que ya hemos visto en otros países de América Latina y que tiene mucha influencia de Estados Unidos. Es una derecha que comparte discursos muy similares a los del ‘trumpismo’, el bolsonarismo o incluso algunos sectores cercanos a Javier Milei. Aquí se habla mucho del Foro de Sao Paulo cuando se hace referencia a la articulación de la izquierda latinoamericana. Pero también existe el Foro de Madrid, donde confluyen varias de estas derechas radicales de la región. Ahí se comparten narrativas muy parecidas: críticas a las agendas progresistas, discursos antifeministas y una visión muy confrontacional de la política. De la Espriella encaja bastante bien en ese espacio”.
“Eso también podría traducirse en una política exterior más alineada con Estados Unidos y menos cercana a organismos multilaterales. Supuestamente nos vamos a desafiliar de la OEA, de la de la UNESCO, de toda esa parte social y multilateral. Colombia podría apostar por una relación más estrecha con Washington, formando parte de ese nuevo pacto de las Américas, siguiendo una línea similar a la que han intentado otros gobiernos de derecha en la región. Ahora todo esto puede cambiar tras las elecciones de Medio Término en Estados Unidos. Si Trump sigue como va, si pierde estos comicios de noviembre, todo se vuelve a reevaluar en América Latina”.
Si tuviera que resumir el mensaje que dejaron las urnas en una frase, ¿cuál sería?
OR: “El mensaje básico es una lucha de clases. En Colombia, el clasismo ha sido alucinantemente siempre presente. En este caso hay una lucha de clases entre la money, ni siquiera entre clase social cultural, sino la gente que tiene plata contra los pobres y eso es lo que ha pasado. Es lo que he llamado la new money, que ya no es una clase social por cultura ni por valores, sino es porque tengo dinero, yo hice el capitalismo posible contra los que no han hecho posible el capitalismo. Lo que explica esto es la división de clases de Colombia. En Perú se dice que es lo regional contra Lima, pero creo que tiene que ver con las clases sociales más que cualquier otra cosa. En Argentina es lo mismo. Ahora, como decía, lo que ha triunfado ahora en Colombia es el capitalismo del yo, no un capitalismo solidario ni social. Obviamente ahí lo que se pone de moda es que todos queremos tener un capitalismo para mí y de ahí la lucha de clases se vuelve muy importante, no en el sentido comunista, pero si hay una cosa de dos clases sociales”.
NR: “Diría que Colombia está demostrando una madurez democrática que antes no tenía. Hay alternancia en el poder y quedó claro que existen dos grandes corrientes políticas capaces de competir de manera real por el gobierno. También se confirmó la fortaleza de las instituciones y de los contrapesos democráticos. Durante el gobierno de Petro hubo iniciativas que encontraron límites en la oposición y en las propias instituciones del Estado, y ahora el reto será que ocurra lo mismo con el nuevo gobierno. La democracia funciona cuando ningún sector puede imponer por completo su agenda. Por eso, más que ver esta elección como una victoria absoluta de un bloque sobre otro, la interpreto como una muestra de que Colombia tiene una ciudadanía activa, una oposición fuerte y mecanismos institucionales capaces de garantizar la alternancia. Ahora le corresponde a De la Espriella gobernar y demostrar si puede cumplir sus promesas. Si no lo logra, la misma democracia ofrecerá una nueva alternancia en el futuro”.
Fuente: elcomercio.pe