Las siete plagas de Venezuela

Primera: el bipartidismo colapsado trajo a Hugo Chávez. El enriquecimiento ilícito, el clientelismo, el despilfarro de la riqueza petrolera y la crisis económica y social llevaron a una revuelta popular, el ‘Caracazo’, que dejó cientos de muertos. Quedaba claro que los ciudadanos ya querían otros gobernantes.

Segunda: la dictadura y el control de instituciones. Chávez, vía una Asamblea Nacional Constituyente, construyó un régimen autoritario: disolvió el Congreso, cooptó el Poder Judicial y, de especial importancia, el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral; asimismo, militarizó la administración pública, cerró medios de comunicación e hizo expropiaciones masivas.

Tercera: Nicolás Maduro, hambre y éxodo. El régimen de Maduro mantiene una crisis humanitaria caracterizada por la escasez, la hiperinflación y el colapso de los servicios básicos, lo que ha provocado una desnutrición infantil que supera los umbrales de emergencia sanitaria y ha causado el éxodo de más de 7,7 millones de venezolanos.

Cuarta: el 28 de julio fraudulento. Antes, durante y después usaron el terrorismo de Estado para impedir una verdadera contienda electoral. El 28 de julio del 2024 manipularon los resultados, dándole la victoria a Maduro. La oposición recopiló más del 80% de las actas que le daban una holgada victoria. Siguieron cerca de 300 manifestaciones, salvajemente reprimidas.

Quinta: la rendición de María Corina Machado y la miseria de Donald Trump. Su impotencia ante la imposición de Maduro la llevó a regalarle a Trump su merecido Nobel de la Paz. De poco le sirvió, ya que, si bien lo metió preso, dejó al criminal gobierno, incluyendo a los siniestros Diosdado Cabello y Vladimir Padrino; se apropió del petróleo y quiere que sean el estado 52 –incluyo a Puerto Rico, modelo en el que está pensando–. Cuando ella quiso regresar a su patria, tras los terremotos, Trump calificó esta pretensión de “oportunismo político grotesco”.

Sexta: la etapa del horror inmediato. Los espantosos terremotos fueron sucedidos por el silencio. No había sirenas ni de bomberos ni de ambulancias. El Estado no respondió a las urgencias de su pueblo, que tuvo que actuar solo en esas tan difíciles primeras horas.

Séptima: la época del horror prolongado. La solidaridad internacional acabará pronto; eso es inevitable. Otras tragedias ocurrirán y lo de Venezuela será solo memoria. Un Estado corrupto y sin recursos deberá enfrentar problemas mayúsculos. Hay 58.000 edificios dañados, incluyendo 889 desplomados. Además de los estados directamente afectados, en el norte escasean los alimentos. Muchas familias continuarán viviendo a la intemperie o en refugios precarios. Vendrán enfermedades causadas por la agudizada crisis del sistema de salud, como el sarampión, la difteria y la tos ferina; también las causadas por el severo deterioro de la calidad de vida cotidiana, como el dengue, la malaria y otras similares.

CODA: Keiko Fujimori mantendrá y aplicará la ley que ordena que los crímenes de militares y policías –así estén ya en la justicia ordinaria– sean sancionados por el fuero militar-policial. Gravísimo error. Pudo optar por las ideas sensatas de Miyashiro en su plan de gobierno. Pero siguió al extremista Rospigliosi, el creador de una norma antiderechos humanos y antidemocrática. A muchos eso no les importará, si es que la economía marcha, pero estas barbaridades nos alejan de la OCDE, membresía que traería más inversión. El problema fundamental con esta ley es que no solucionará nada con respecto al crimen violento. Por el contrario, ocasionará muchas muertes de policías. El fanatismo del perpetrador le impide entender que, si el delincuente sabe que lo van a matar, venderá cara su vida y responderá a balazos. Y, en medio de esta ‘coboyada’, simples transeúntes también sucumbirán. Eso ya sucedió en otros lares. Que no se diga después que no se los advirtieron.

Fuente: elcomercio.pe

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