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La primera vez que Rvssian entendió que un productor también podía contar una historia no fue frente a una consola ni durante una sesión con alguna superestrella. La revelación llegó después de años construyendo éxitos para otros artistas, cuando descubrió que un álbum exige algo más que una colección de canciones: necesita una identidad. Ese hallazgo terminó convirtiéndose en el punto de partida de un proyecto que mira hacia el pasado para explicar el presente. Esa búsqueda toma una nueva forma con el lanzamiento de “TATTUU”, donde el productor jamaicano celebra el Caribe junto a Sech y Lojay.
Detrás del alias está Tarik Johnston, productor jamaicano responsable de éxitos para Bad Bunny, Rihanna, Rauw Alejandro, Carlos Santana, Farruko y decenas de artistas que encontraron en su estudio un lugar donde la identidad pesa más que las tendencias. Su carrera siempre ha transcurrido entre consolas, micrófonos y sesiones de grabación, moldeando canciones para otros. Sin embargo, después de casi dos décadas construyendo éxitos ajenos, decidió que era momento de poner su propia visión al frente y convertir un álbum en una declaración de principios.

Lejos de concebir ese paso como un cambio de rol, Rvssian lo entiende como una consecuencia natural de su trayectoria. “No diría que antes no podía expresarlo. Creo que simplemente estoy en una etapa diferente de mi carrera y de mi vida”, explica durante entrevista con El Comercio. Esa nueva etapa comenzó con “PONGO” y continúa ahora con “TATTUU”, una producción que enlaza el dancehall jamaicano, los ritmos africanos y la música urbana latinoamericana para recordar el origen común de muchas de esas sonoridades.
Más que un experimento sonoro, el proyecto responde a una necesidad personal. Mientras buena parte de la industria busca el siguiente éxito inmediato, Rvssian decidió mirar hacia atrás. “Con este álbum quería recordarme a mí mismo —y también recordarle al mundo— quién soy realmente y de dónde vengo. Creo que para saber hacia dónde quieres ir, primero debes recordar dónde empezó todo”. Esa idea atraviesa todo el proyecto y explica por qué eligió reunir voces de distintas regiones del mundo bajo una misma identidad caribeña.

Volver al origen
La palabra que más repite Rvssian durante la entrevista es “cultura”. Para él, esa es la verdadera conexión que encuentra entre los artistas con quienes mejor ha trabajado, más allá del género o del idioma. No habla únicamente de raíces musicales, sino de una forma de entender el oficio y el respeto por el lugar del que proviene cada uno. Esa filosofía explica por qué ha logrado construir una carrera tan diversa sin perder un sello reconocible.
“Creo que lo que tienen en común es que son artistas que entienden y respetan profundamente su cultura. Compartimos valores y objetivos similares”, afirma. Incluso cuando trabaja con músicos alejados del universo latino o del dancehall jamaicano, dice encontrar el mismo punto de encuentro. “Si muestran ese mismo respeto e interés por la cultura, la conexión surge de manera muy natural”.
Esa confianza también define la dinámica dentro del estudio. Lejos de adaptarse completamente al artista invitado, asegura que la mayoría llega buscando precisamente su universo creativo. “Diría que el 95 % de los artistas espera entrar en mi mundo más que llevarme al suyo”. Aun así, insiste en que nunca sacrifica la honestidad durante el proceso creativo. “Trabajo exactamente igual con todos. Si algo no me gusta, lo digo con sinceridad: ‘Creo que podemos hacerlo mejor’ o ‘Tengo otra idea’. Al final, busco el mismo resultado con todos: hacer la mejor canción posible”.
Una época acelerada
En una industria donde muchas canciones parecen diseñadas para sobrevivir apenas unos segundos en redes sociales, Rvssian evita condenar el fenómeno, aunque reconoce que ha transformado la forma de producir música. “Vivimos en una época en la que tienes apenas entre cinco segundos, máximo quince, para captar la atención del público”, sostiene. Por eso entiende que muchos artistas compongan pensando en ese instante que pueda viralizarse, aunque está convencido de que esa lógica no será permanente. “Pienso que llegará un momento en el que la gente se cansará de esa necesidad constante de obtener un estímulo inmediato cada pocos segundos”.
Su mirada sobre la inteligencia artificial también escapa de los discursos alarmistas. En lugar de verla como una amenaza para los músicos, la considera una herramienta que puede ampliar las posibilidades creativas siempre que exista una persona detrás de las decisiones. “Los artistas de verdad no le tenemos miedo a la inteligencia artificial, porque al final la IA se entrena a partir de los seres humanos. Solo puede replicar lo que nosotros hacemos”. Incluso reconoce que ya la utiliza para desarrollar maquetas cuando un artista rechaza una canción. “Eso también sigue siendo arte, porque la creación original sigue siendo humana”.
Asumir un proyecto propio también le ha permitido descubrir desafíos distintos a los que enfrentaba como productor. Coordinar videoclips, campañas promocionales y las agendas de varios colaboradores se convirtió en una tarea tan compleja como la creación musical. Aun así, asegura que el esfuerzo vale la pena porque finalmente puede construir un relato completo. Antes de despedirse deja una revelación que entusiasma al público peruano: confirma que existen conversaciones para incorporar a un artista nacional al álbum y que espera visitar el país pronto. “Estamos conversando con una persona de Perú que podría formar parte del álbum. Todavía no puedo decir quién es”, nos deja en suspenso.
Fuente: elcomercio.pe