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La decisión de la FIFA de impulsar la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), una empresa destinada a gestionar sus activos comerciales y abrir la puerta a inversionistas privados, provocó una reacción casi unánime en el mundo del fútbol. Desde Europa hasta América, pasando por Asia e incluso organismos políticos, el principal cuestionamiento no apunta únicamente al proyecto, sino a la forma en que fue presentado: sin consulta previa con quienes integran la estructura del fútbol internacional.
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La UEFA fue una de las primeras en levantar la voz. Consideró que la esencia y la gobernanza del fútbol no pueden convertirse en objetos de especulación financiera y recordó que ninguna institución puede atribuirse la propiedad del deporte para decidir vender parte de él.
En la misma línea se pronunciaron la Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC). Ambas aseguraron que conocieron la iniciativa a través de los medios de comunicación y lamentaron que un proyecto de semejante magnitud se hiciera público antes de ser debatido con las federaciones y organismos involucrados.

Las críticas también alcanzaron al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Su antecesor, Sepp Blatter, cuestionó el vínculo entre el máximo dirigente del fútbol y el gobierno estadounidense, al considerar que esa relación ha adquirido una dimensión financiera que perjudica al deporte. Su mensaje fue directo: “Nadie tiene derecho a vender nuestro deporte”.
La Federación Inglesa (FA) también expresó sorpresa por la ausencia de información previa y reclamó un proceso de gobernanza transparente antes de adoptar decisiones que comprometan el futuro económico del fútbol.
Fuera del ámbito estrictamente deportivo, el debate escaló hasta la política. El dirigente británico **Andy Burnham** sostuvo que el fútbol pertenece a quienes llenan los estadios cada semana y no a fondos de inversión. Desde la Unión Europea, el comisario de Deportes, Glenn Micallef, adelantó que la Comisión analizará el proyecto por las interrogantes que plantea en materia de competencia.
Las voces más duras llegaron desde España y Francia. El presidente de LaLiga, Javier Tebas, afirmó que los derechos comerciales de la FIFA no son patrimonio personal de Infantino y acusó al dirigente de concentrar poder sin transparencia. En Francia, el presidente de la federación, Philippe Diallo, lamentó que un asunto determinante para el futuro del fútbol se conociera mediante un comunicado, sin que las asociaciones nacionales tuvieran acceso a información suficiente para pronunciarse.
El rechazo también alcanzó a organizaciones de aficionados. La Football Supporters’ Association (FSA) denunció que la FIFA vuelve a priorizar intereses comerciales sobre quienes sostienen el deporte desde las tribunas y advirtió que se opondrá a cualquier iniciativa que transforme al Mundial en un producto financiero antes que en la principal celebración del fútbol. Para buena parte del planeta fútbol, el debate ya dejó de ser económico: se trata, dicen, de quién debe ser realmente el dueño del juego.
Fuente: elcomercio.pe