Los expertos en psicología coinciden: las personas que recibieron pocos elogios en su infancia quedan con huellas que se mantienen en su vida adulta

A la gran mayoría le cae bien recibir un halago sincero o aplauso por el buen trabajo realizado, mientras que otro gran grupo no sabe cómo reaccionar y hasta se siente incómodo. En días en donde cada vez es más común escuchar de una crianza de niños más positiva y respetuosa, validando sus emociones, buscando el desarrollo de su autoestima y sabiendo que no se trata de ser exagerados al darlos, pero sí de reconocer lo que hacen bien en el momento oportuno, también salta a la luz que muchas personas que crecieron sin recibir elogios o muy pocos, no saben cómo tomarlos o qué hacer frente a un reconocimiento. Es por esto que la psicología se encargó de analizar cuál es el impacto en la vida adulta de crecer sin muestras de afecto o adulación y los expertos coinciden en que quedan huellas que se mantienen en su vida adulta. Aquí te comparto más detalles.

¿Por qué es importante recibir elogios durante la infancia?

Los gestos de reconocimiento tienen un peso importante durante los primeros años de vida, pues ayudan a construir seguridad, autoestima y una imagen más estable del propio valor. Quienes crecieron sin recibir elogios tienen ciertos rasgos que aparecen con frecuencia a diferencia de quienes se desarrollaron en entornos donde aplaudían sus logros, celebraban sus victorias y cada día les recordaban los valiosos que eran.

La falta de elogios deja huellas que se mantienen en la vida adulta. Muchos individuos minimizan sus logros, restan valor al esfuerzo o responden con expresiones como “no es para tanto” y, aunque parezca un acto de humildad, en realidad puede estar relacionado con experiencias tempranas que influyeron en la forma de construir la autoestima y en la manera de validar los propios méritos.

La infancia forja la manera en la que una persona se percibe a sí misma y recibir elogios es clave para el desarrollo. (Crédito: Imagen referencial creada por El Comercio MAG usando la IA de Gemini)

El papel de los elogios en la autoestima

Cuando una persona no ha recibido suficientes elogios durante la infancia, el reconocimiento en la vida adulta puede percibirse como algo extraño o exagerado y a muchos les cuesta sentirlo como algo habitual.

El investigador Eddie Brummelman destaca que los halagos deben centrarse en valorar el esfuerzo y la constancia. De este modo, el reconocimiento se transforma en una herramienta más equilibrada, capaz de reforzar la confianza sin generar una presión excesiva sobre la autoimagen o las expectativas personales.

Aquí también entra a tallar ‘la teoría de la autodeterminación’, desarrollada por los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, que “entiende la motivación desde una perspectiva tanto cuantitativa como cualitativa, y sostiene que una gran cantidad de motivación no implicaría necesariamente la realización de la conducta deseada si la calidad de la motivación fuese de baja calidad”, según la Universidad de Valladolid.

Ellos demostraron que la ausencia o inconsistencia de validación externa puede intensificar la motivación intrínseca. Cuando el aplauso no llega, la energía se desplaza hacia dentro. En el ámbito profesional, esto se traduce en autonomía, constancia y capacidad de autorregulación. En el ámbito emocional, el elogio no se integra en la identidad y se archiva como información no prioritaria.

En resumen, el uso de los elogios debe ser equilibrado, ya que una validación excesiva podría interferir en el desarrollo de la autonomía, el aprendizaje y la tolerancia al error en etapas clave del crecimiento.

Hay ciertos rasgos que aparecen con frecuencia en quienes crecieron en entornos donde el reconocimiento verbal era escaso. (Foto:  Yan Krukau / Pexels)

Cómo impacta la falta de elogios en la niñez cuando ya se es adulto

Crecer en un entorno en el que apenas había palabras de apoyo o reconocimiento puede generar una relación compleja con los elogios en la vida adulta. Aquí algunos impactos que han detectado los psicólogos:

  • Dificultad para aceptar elogios: lo más notorio para la psicología es que quienes crecieron sin recibirlos, ahora tienen problemas para aceptarlos. Muchos tienden a restarle importancia a un cumplido, a incomodarse o no saber qué responder porque ese tipo de validación no formó parte de su aprendizaje emocional más temprano.
  • Forjar una autonomía férrea: muchos desarrollan una validación más interna y aprenden a medirse con criterios propios, es decir, muestran una mayor independencia frente a la opinión ajena.
  • Dudas sobre lo que uno hace: cuando faltaron señales claras de aprobación, uno se cuestiona si lo que hace es suficiente, incluso aunque desde fuera no haya motivos evidentes para eso.
  • Relación ambigua con la autoestima: autoexigencia, dificultad para reconocer los propios logros o sensación de que el reconocimiento llega “demasiado tarde” o no termina de encajar.
  • Mayor autosuficiencia emocional: ahora buscan menos aprobación constante y suelen apoyarse más en su propio criterio.

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Fuente: elcomercio.pe

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