Los libros piratas en los colegios y la indignación del sector editorial

En estos días he recibido una nota de prensa cuyo contenido no deja de ser preocupante.

Consigno una parte de dicha nota:

“Este podría ser el título de una novela de intrigas, si no fuera porque ¿sabías que hasta el 70% de los libros que leen los escolares peruanos son de procedencia pirata? Esta cifra abrumadora nos conduce a preguntarnos qué les estamos enseñando a nuestros niños, a nuestros jóvenes, cómo los estamos tratando y qué futuro les permitiremos construir. ¿Somos conscientes de que les estamos dando un mal ejemplo, puesto que la propiedad intelectual es un bien como lo es también un celular, y tampoco se debe robar?”. La nota fue enviada por tres de los grupos editoriales más importantes del medio: Penguin Random House, Grupo Planeta y Santillana. Y también está acompañada por una lista nutrida de autores que respaldan dicha nota.

Para los que conocemos la dinámica del libro en Perú, este es un problema que lleva bastantes años. Hay mucha gente inescrupulosa que ha hecho de la piratería un lucrativo negocio. Quienes están detrás de ella no son para nada “pobrecitos” y no actúan solos. Tienen la complicidad de profesores, directores de colegios y autoridades ministeriales sin ética para llevar a buen puerto sus fines torcidos. No es la primera vez que los grandes grupos editoriales denuncian esta situación. La existencia de la piratería de libros no obedece, como suele pensarse, al precio de los libros originales. Ese es el discurso que los delincuentes han hecho creer para justificar la piratería.

La piratería de libros es consecuencia de la falta de programas sólidos de promoción de la lectura (regalar libros no es promover la lectura). A ello sumemos que hay pocas bibliotecas públicas y programas de plan lector que, desde el mismo Estado, permiten que se publiquen bodrios literarios mediante licitaciones extrañas y a dedo. Se piratea lo canónico, lo fijo, no lo que a los dos meses de publicado va a terminar en las mesas de saldo (la guillotina de la mayoría de los escritores locales).

Con programas responsables de promoción de la lectura, los cuales han sido mermados durante el gobierno de Dina Boluarte, se pueden forjar valores relacionados con la importancia del libro como objeto y fortalecer el espíritu crítico. Un lector verdadero, sin importar cuáles sean sus recursos, jamás consumirá un libro falso o pirata.

Datos:

Investigación. Debería haber un enfoque en las licitaciones del Estado. Autores canónicos no son incluidos en los programas del Plan Lector.

El valor de la piratería. Entre S/ 25 000 en intervenciones locales y más de 5 millones de soles (o incluso millones de dólares) en redadas masivas.

 

Fuente: larepublica.pe

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