Todavía ni han juramentado y las cosas para la oposición política (o lo que pretende serlo) vienen mal. Se supone que cuatro partidos (Juntos por el Perú, Obras, Ahora Nación y Buen Gobierno) han declarado que tienen un mandato electoral clarísimo: ser opositores al partido de gobierno, Fuerza Popular, y a su eventual socio político en el Congreso, Renovación Popular. Juntos, los opositores tienen 74 de 130 votos en la Cámara de Diputados y 30 de 60 votos en el Senado. Entre los líderes de los cuatro partidos también hay consenso en que las presidencias de ambas cámaras deben estar en la oposición. Si no las obtienen, están perdidos.
Los presidentes de las cámaras son muy importantes porque tienen voto dirimente en caso de empate en las votaciones. En el caso del Senado, en votaciones 30 a 30, la presidencia será determinante. Además, son las mesas directivas las que tienen el control administrativo del Congreso y pueden manejar la agenda de las sesiones del pleno. Sin esa fortaleza, de poco servirá una oposición contra un Ejecutivo que domina el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público y la Contraloría, y cuyo vocero, Fernando Rospigliosi, pretende “barrer” el Poder Judicial.
Ante esta apremiante urgencia política, lo lógico sería ver una indicación de ¡unidad o muerte! como la consigna por seguir. Pues no lo parece. Sin mucho esfuerzo, Fuerza Popular puede neutralizar a sus opositores. Es decir, parece que prefieran morir antes de empezar.
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Revisemos los hechos. El viernes, en el foro de despedida convocado por Flor Pablo en el Congreso, escuchamos al senador Alfonso López Chau darnos un estado de la cuestión. Él afirmó que ya se reunieron y pactaron una coalición entre tres partidos: Ahora Nación, Obras y Juntos por el Perú. De acuerdo con su declaración, se han repartido las presidencias del siguiente modo: JPP en Diputados y Obras en el Senado. Ahora Nación declina las presidencias (es el partido con menos miembros: 10 diputados y 4 senadores), pero tiene presencia en la Mesa Directiva.
¿Cuál es el problema con este anuncio? Uno de aritmética simple. Los tres partidos tienen 56 votos en Diputados y necesitan 66 votos para ganar. En el Senado tienen solo 23 y necesitan 31. ¿Y qué pasa con Buen Gobierno? De acuerdo con la declaración de López Chau: “Somos tres frente a uno, ganamos”. Es decir, Buen Gobierno tiene que aceptar el reparto de las presidencias como la sopa de Herodes, considerando, además, que no les han informado a cuál de los cinco angelitos de Obras quieren de candidato a presidente del Senado, poder en el que Buen Gobierno tiene siete senadores. Las matemáticas de López Chau no son políticas. Su coalición no vale por tres. Vale cero mientras no tenga los votos de Buen Gobierno. Parece que le es imposible entender ese punto.
López Chau ha señalado públicamente que Jorge Nieto es un viejo amigo de sus años de estudiante en México, pero que no ha querido ni contestarle el teléfono. Está ofendido por el desplante. Por su parte, Nieto ha señalado que toda negociación hacia la izquierda se encuentra “adormecida”, aunque ha insistido, ante Keiko Fujimori, en que las presidencias de ambas cámaras deben estar en manos de la oposición. Ha dicho “las presidencias”, no necesariamente toda la conformación de las mesas directivas.
Por otro lado, a Fuerza Popular, sumado a Renovación Popular, solo le falta un voto, uno solo, para colocar a Miguel Torres como presidente del Senado. Un guiño al pasado de su padre, presidente del Congreso mientras Alberto Fujimori era presidente del país. Una reivindicación simbólica para ambos hijos: que él le ponga la banda presidencial a Keiko Fujimori. Torres, el de la gran metida de pata en campaña, necesita este triunfo. Solo por esa foto van a hacer lo imposible para que suceda. Tengo la sospecha de que no tendrán problema y tal vez sea más de uno. Total, el voto en esta elección es secreto y puede salir de cualquiera de los cuatro partidos, supuestamente de oposición. En este tipo de operaciones, el fujimorismo tiene amplia experiencia histórica y los partidos, amplias debilidades e indisciplinas. Ese solo voto también le falta a la oposición, pero ellos no tienen forma de quebrar la disciplina que tienen al frente.
Así, mientras que los cuatro opositores se ofenden como divas, el fujimorismo ya casi tiene el Senado. En Diputados es otra la pelea porque le faltan diez votos. Si Buen Gobierno (con 18 votos) se les alía, a cambio de la presidencia que le niega López Chau, pues adiós coalición opositora. Nieto ha pedido varias cosas a Fujimori: presidencia de las cámaras, derogatoria de leyes procrimen, justicia para las víctimas de asesinatos de Estado e indulto para Castillo. ¿Y si Keiko Fujimori le da la lista casi completa? Es decir, todo menos la presidencia del Senado. ¿Van a quedarse a apoyar una propuesta para el Senado, a la que también le falta un voto, presidida por Obras? Salvo que la estrategia sea “ya sabemos que vamos a perder”, eso no es viable. Sánchez y López Chau deberían saberlo.
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La otra posibilidad es que el fujimorismo consiga los diez votos que le faltan en Diputados. Tampoco es imposible. Los partidos opositores son débiles en muchos sentidos y sus conciencias, fácilmente impresionables. La novatada se paga caro y el creer ingenuamente que no todo es correlación de fuerzas, como dijo López Chau. Falso: en este punto todo es aritmética básica. El fujimorismo llega lleno de cuadros curtidos y experimentados en el arte de conseguir votos, sobre todo en el último quinquenio. Si pudieron pactar con los hermanos Cerrón, lo que viene es bastante más sencillo.
El país votó en contra del pacto que ha gobernado el país en los últimos cinco años. Siete de diez partidos no regresaron al Congreso. Un tercio del país votó nulo o no fue a votar y otro tercio votó por partidos que no pasaron la valla. Este Congreso, ya poco representativo de la gran mayoría de peruanos, será capturado también por el fujimorismo. Con esta oposición, tan necia y torpe para la negociación política, nunca la han tenido tan sencilla.
Dios quiera, por supuesto, que me equivoque. Pero no veo una señal auspiciosa aún. Y si empiezan así, en un par de meses el congresista promedio estará más interesado en saber si le pueden dar otra cochera, si le van a pagar el viaje a Timbuktú, si le van a contratar a su cuñada o si, por fin, le va a caer un bono. En ese predicamento, ya saben quién gana y quién pierde por otros cinco años. Nunca es el pueblo que votó por ellos.
Fuente: larepublica.pe