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Como no era capitán, pasaba desapercibido entre los líderes fotogénicos. Como existía el chileno Ureña, creíamos que no era el que más corría, condición primera -diría que única- para jugar en este club. Y como ponía la otra mejilla ante las críticas, las aguantaba, nadie reparó en sus ojeras ni en su cara triste cuando hizo ese gol en el clásico del Apertura, más consciente que nadie que era el último que jugaba. Martín Pérez Guedes se va de la U, se retira del fútbol y en su adiós definitivo hay una lección que deja dando vueltas, carcomiendo: qué atroz es la competencia en el fútbol que siempre anda buscando el crack por fichar, antes que al héroe que se mata a diario y hasta sin hablar es ejemplo.
Se lo comentó primero al plantel, a sus amigos de ruta hacia Campo Mar -WIlly Riveros y el Tano De Benedetto, otras dos inmensas torres desde el 2023- y luego a los dirigentes: la distancia con su familia, mudada por seguridad, comodidad y plan de vida a su provincia natal en Buenos Aires, Argentina, lo había vencido y solo las videollamadas, los mensajes, la rutina virtual con sus hijos lo mantuvieron en pie para entrenarse a diario, como si nada pasara. Sus píes estaban en Campo Mar, pero su cabeza vivía en Tres Arroyos, la provincia al sur de Buenos Aires donde aún se respira campo, hierba, paz.

La situación fue entendida de inmediato por el club y, posiblemente en el mejor acto reflejo de la administración Velazco en estos seis meses, le propuso esperar al final Apertura, cuidarse de los infiltrados y aplicarse en ese territorio polémico que es la discreción, y recién entonces, decida lo que decida, el tricampeón daría la noticia sobre su futuro. Esa era la única nobleza posible con un futbolista que, permítanme la infidencia, corrió 11 kilómetros promedio en los 104 partidos en los casi 4 años en que defendió a la U.
Hasta que llegó el día. O la noche: nunca en estos tres años gloriosos, en el medio de la crisis deportiva más dura y la nostalgia más honesta, 35 mil personas fueron al Monumental no solo para ver a la U. Asistieron -asistimos-, ya sin posibilidades de salir campeones, a aplaudir por última vez a un futbolista total que ganó 8 títulos, nada menos. A un mediocampista que honró la función que fue de Cruzado, de Leguía, de Roberto Martínez. A un jugador de fútbol que, habiéndolo ganado todo, solo se protegía debajo de las canilleras con unas hojitas del jardín que recogían sus hijos pequeños del malecón.
Como la familia es para siempre y el fútbol solo un rato, la decisión ha derivado en una gratitud unánime que, me parece, no se tenía desde que se retiró el Puma Carranza. Él, Martín Pérez Guedes, eligió irse en paz consigo mismo y en esa valentía ya nadie lo sacará de los libros. Su último gesto, además, obliga a reflexionar sobre el agradecimiento: los últimos segundos suyos en el Monumental los usó para inclinarse y besar la cancha. Otros, por mucho menos, se van pateando la camiseta.
Fuente: elcomercio.pe