Muerte o cárcel, el destino de burriers que lo arriesgan todo por dinero

El último miércoles 20 de mayo. Tercer piso del aeropuerto internacional Jorge Chávez. A unos cinco metros del body scan (escaneo corporal), Vicitación Duvan Abanto Rojas se detiene. Su corazón se desbanda. No hace frío, la temperatura oscila entre 22 °C y 24 °C, pero tiene una casaca y un gorro que alertan a un agente de la Dirandro. Vicitación lleva una mochila tipo comando y pretende viajar a Sao Paulo, Brasil, con destino final a Milán, Italia.

—Quédese tranquilo.

Así le dice el hombre de uniforme. Cuando pasa el examen no invasivo de rayos X en el body scan, el agente visualiza cuerpos extraños en la cavidad abdominal de este peruano.

El viajero es trasladado al hospital Daniel Alcides Carrión para un examen de tomografía. El resultado es positivo y se queda internado bajo custodia policial, a la espera de la evacuación de las ‘cápsulas’.

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A Vicitación, de 45 años, se le viene a la mente su familia y maldice al ‘amigo’ que, por Facebook, le ofreció trasladar la droga por US$5.000. Una fortuna. Jamás había cometido un delito. “Si me va bien, podré abrir un negocio”, pensó.
Dos días después terminó de evacuar las 119 ‘cápsulas’ que se había tragado. Llevaba en su estómago un kilo 155 gramos de cocaína, valorizado en el mercado europeo en US$45.000.

Los riesgos son altísimos. “Si se rompen y la cocaína se libera bruscamente, no hay forma de salvarlos: el corazón hace un proceso que se llama aritmia ventricular y tienen muerte súbita. Otras veces, la cápsula se ‘lastima’ y la droga se va eliminando poco a poco: ahí comienzan a tener síntomas de intoxicación y su vida depende de si llegan al hospital al tiempo”, asegura uno de los médicos.

Historias como la de Vicitación llegan al primer terminal aéreo del país. Pero la mayoría permanece en las sombras. ‘Momias’, ‘encapsulados’, ‘artesanos’, ‘maleteros’ son algunos de los nombres con los que se deshumaniza a estos ‘correos humanos’, el último y más débil eslabón de la cadena del narcotráfico.

El perfil de un burrier

Sus perfiles parecen fotocopias: muchas de estas personas están atravesadas por la pobreza estructural, sufrieron múltiples violencias, la mayoría no terminó la secundaria ni la universidad, están excluidas del sistema de empleo formal y son madres solteras. Quienes las captan lo saben bien.

Y, en el traslado de drogas, a las mujeres que son madres les ofrecen una estrategia de supervivencia para criar a sus hijos e hijas, en la que ellas arriesgan su libertad y hasta su vida.

La mayoría no tenía antecedentes y cayó detenida en el primer intento de cometer ese delito. En el tráfico de drogas son quienes ponen el cuerpo y cumplen las condenas: una vez detenidas, les es muy difícil identificar a quienes las contactaron para hacer “el trabajo”.

Las investigaciones, generalmente, mueren con su captura.

El coronel PNP Marco Godenzi Jesús, jefe de la División Portuaria Antidrogas, dice que, en lo que va del año (hasta el 3 de junio), han sido detenidos 32 burriers: 17 varones y 15 mujeres. De ellos, 28 son peruanos, 2 españoles, 1 lituano, 1 estadounidense y 1 brasileño. Seis viajaban a Brasil, 3 a Chile, 7 a España, 3 a Francia, 9 a Italia, 1 a Japón, 1 a Malta y 2 a Panamá.

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Asimismo, 26 de los traficantes llevaban cocaína en sus equipajes, 3 la habían ingerido y 3 la llevaban adherida al cuerpo.

“En general, en el último año el traslado de drogas lo estamos viendo no tanto en la modalidad de las cápsulas, sino en maletas. Creemos que es porque lleva menos tiempo de preparación y pueden trasladar mayores cantidades”, cuenta un agente de la Dirandro. Y agrega: “En el caso de las cápsulas, el máximo que pueden tragar es entre 80 y 120. Cada una contiene unos 10 gramos de cocaína y se intenta completar el kilo y un poco más”.

Historia de un brasileño

El último jueves 30 de abril. Antonio Carlos Alves Junior, brasileño, de 37 años, se apresta a embarcarse a Madrid. Su destino final es Barcelona, España.

Había llegado del Cusco, adonde fue para alentar al Club Atlético Mineiro, el equipo de sus amores, que en la víspera había caído derrotado 1-0 contra Cienciano, por la Copa Sudamericana.
Salvo la camiseta listada, no llamaba la atención. Sin embargo, al llegar al ambiente de inspecciones de la Brigada de Operaciones Especiales de Aduanas, en el tercer piso del aeropuerto Jorge Chávez, realizó varias llamadas telefónicas. Un perfil que para los sabuesos de la Dirandro no pasa desapercibido.

Al ser intervenido, su nerviosismo lo delató. Llevaba droga acondicionada en la estructura de la maleta y en un portátil. Tenía 6 kilos con 25 gramos de alcaloide de cocaína.

El director antidrogas, general PNP Leiby Antonio Huamán Daza, cuenta que, muchas veces, el motivo que los o las arrastra son necesidades urgentes, como pagar el tratamiento por alguna enfermedad o discapacidad de sus hijos o sus padres.

Yhonjairo y las maletas

El último martes 5 de mayo. Yhonjairo Heredia Flores tiene 33 años y piensa que su sueño de llegar a Europa por fin está a punto de hacerse realidad. Con un celular, S/40,00 y 1.200 euros llega hasta el Jorge Chávez.

Se dirige al counter de Iberia. Tenía un boleto para viajar a Madrid, pero su destino final era Milán, Italia. Llevaba dos maletas de bodega que contenían productos comestibles, acondicionados con droga.

En el primer equipaje había 5 kilos con 10 gramos de cocaína y en la segunda maleta, otros 4 kilos 685 gramos de la misma sustancia. En total hacía 9 kilos 695 gramos.

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“Yo no sabía qué hacer. Me dijeron que lo pensara”, cuenta mientras un agente pesa el clorhidrato. “Tenía muchas necesidades, no tenía plata ni para la combi. Por eso acepté”, agrega. No tenía antecedentes penales.
“Tenía miedo. Pensaba con quién iba a quedar mi familia si me descubrían”, recuerda. Su deseo a futuro es conseguir un trabajo: “Mi mamá me dice que tengo que terminar de estudiar”, concluye.

En 2024 fueron detenidos 175 ‘correos humanos’, de los cuales 166 eran peruanos. El año pasado arrestaron a 79 traficantes con más de 482 kilos de clorhidrato de cocaína.

“Son captados por la misma necesidad que deben tener, quizás alguna deuda, algún tratamiento médico o alguna enfermedad terminal”, explicó el general Huamán Daza, quien subrayó que la expectativa de pena, que puede ir de ocho a quince años, a menudo no representa un factor disuasorio suficiente para quienes buscan cubrir necesidades urgentes.

“Vemos que hoy se da otro fenómeno en el que peruanos son captados acá por las mafias y llevados fuera del país, como es el caso de Buenos Aires (Argentina), y allí se les hace ingerir cápsulas con droga que es transportada bajo esta modalidad hacia Europa.

Fuente: larepublica.pe

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