En cinco años nada ha cambiado en el Perú. Décimas más, décimas menos, vivimos exactamente la misma situación. Y con los mismos protagonistas, porque, aunque cambiáramos a Roberto Sánchez por Pedro Castillo, sería lo mismo.
Llegamos al final de esta elección, nuevamente, con un país dividido en dos bandos, fujimorismo versus antifujimorismo, aunque en su nueva etapa, que es el antikeikismo, y detrás de cada uno de estos, con decenas de grupos políticos y millones de electores que se han ‘alineado’ o han tenido que optar, por interés, sin otra opción, o incluso a regañadientes: i) por el fujimorismo y su 17%, o ii) detrás del castillismo y su 11%.
Los resultados extraoficiales sobre la votación en las regiones nuevamente ponen a Lima y algunas regiones del norte y selva frente al sur y el centro.
Los políticos son los únicos que no se dan cuenta de que pasan los años y nuestros problemas, nuestras taras y la realidad siguen siendo los mismos.
Si al final del conteo oficial se proclamara a Keiko Fujimori como ganadora, el triunfo no sería del fujimorismo, sino de ese 33% que se sumó a ellos, muy a su pesar, y que se asustó y le dijo no al radicalismo de izquierda, pero que también le dijo al fujimorismo desde la primera vuelta que no quería más de “pactos mafiosos”, de autoritarismos ni de repartijas o blindajes. Si gana Keiko, tendrá que renovar al fujimorismo y rodearse de nuevos aliados, distintos a los que lo rodean y merodean en el actual Congreso, presentando un neofujimorismo ni albertista ni keikista.
Si el resultado final favoreciera a Roberto Sánchez, el éxito sería de ese 38%, antifujimorista y antikeikista, que tuvo que votar por él, y que lo obligó a corregir sus dichos y sus propuestas originales para correrse al centro, porque ese electorado, forzado a seguirlo, no quiere oportunismo, improvisación, enfrentamientos, violencia, ni mucho menos, corrupción.
En cualquiera de los casos, el 70% del electorado les ha dicho a ambos que no quiere extremos, autoritarismos de izquierda o de derecha, que ya no quiere seguir viviendo en el medio de un enfrentamiento político y social que solo nos ha llevado a la inestabilidad permanente; a la incapacidad de articular esfuerzos serios para la aplicación de políticas públicas que enfrenten los problemas que realmente asfixian y desesperan a la población; a desaprovechar los ciclos económicos que podrían llevarnos a crecimientos que aliviarían la pobreza y generarían más empleo y riqueza; y al aprovechamiento de políticos corruptos que han pescado a manos llenas con tanto río revuelto.
Si no son capaces de darse cuenta de eso, entonces volveremos a vivir lo que hemos tenido, en la política y en la calle, los últimos 10 años, o viviremos lo que ya ha vivido o vive actualmente Bolivia, con gobiernos de signos distintos.
La última semana de la campaña ha sido particularmente dura y se han reabierto heridas. Más allá del nombre del ganador, y de lo ocurrido hasta las últimas horas, Keiko Fujimori, Roberto Sánchez, Rafael López Aliaga y Jorge Nieto tienen una responsabilidad muy grande, como oficialismo y oposición, hacer política, dejar de destilar odio, y trabajar honestamente para todos los peruanos.
Fuente: elcomercio.pe