Jorge Nieto Montesinos declaró luego de reunirse con la presidenta electa Keiko Fujimori lo siguiente: “He sugerido que considere las rutas para la libertad del presidente Castillo. Eso para buscar un espacio de despolarización. Tiene que ser en el marco del Estado de derecho y de la Constitución. Es parte de una política general de despolarización”.
El problema de dicha declaración es que, por más bonita y romántica que le suene al señor Nieto, no es viable en el marco del Estado de derecho y de la Constitución, y me parece que él lo sabe. Resulta penoso comprobar, una vez más, que los líderes políticos no tienen el menor rubor en lanzar planteamientos que carecen de respaldo constitucional, en la medida en que ello los posicione políticamente.
Y es que, para algunos en la ‘real politique’, cuyos principios supremos son el toma y daca o la maniobra maquiavélica, resulta una suerte de estupidez democrática exigir el cumplimiento de lo que dice la Constitución. Los que reclamamos esto último somos unos necios que no entendemos que lo importante es que se logren acuerdos que permitan “la gobernabilidad”, y para ello no importa si se rompen las reglas, se hace trampa o se vacía de contenido el sistema constitucional. Total, lo válido es “el mensaje”, “la narrativa”, como les gusta decir, y las posibilidades del futuro.
Para vender eso, todo vale porque la situación nos exige ser prácticos y asumir que no somos un país que pueda regirse por normas y principios, en el que quien está en el poder ajuste su actuar al respeto del marco constitucional. Así no se hace nada y no reconciliamos al Perú, expresan muy sueltos de huesos.
Le escuché también a Nieto esta reflexión, dicha en términos muy ponderados: “Si la posibilidad planteada de revisar la situación legal del presidente Castillo está colocada en el marco de una política simbólica de reconciliación y acercamiento del país, entonces no es una tarea que le competa a este gobierno, sino al que entra”. Hubo incluso quien, pontificando ese caramelo envenenado, comentó, como si estuviéramos frente a algo viable constitucionalmente –casi como si fuera una verdad de perogrullo–: “Si se comprometen a liberar a Castillo, el nuevo gobierno puede asegurar la presidencia de las Cámaras de Senadores y Diputados”.
La presidenta Keiko Fujimori se ha comprometido a que en su gobierno ella respetará el marco constitucional y ceñirá su actuar a este. Yo le creo, pues ella ha vivido en carne propia, directa o indirectamente –y en su caso de manera injusta–, lo que ocurre después cuando no hay respeto al Estado de derecho.
Me permito darle un consejo, señora presidenta. Recuerde la metáfora de Ulises y las sirenas. Usted, al igual que Ulises, como capitana de su navío, exija a sus marineros que la aten al mástil de la embarcación, para no perder el control de esta una vez enfrentada al canto de las sirenas. No ceda a la tentación de desviar el rumbo correcto de la embarcación como consecuencia del ofrecimiento de un aplauso fácil. Ese mástil al que debe atarse es la Constitución.
No vea ello como una pérdida de libertad; recuerde que vivir en democracia es resignarnos a compartir nuestra libertad con los demás. Respetar nuestro marco constitucional no es una estupidez sin sentido, es una obligación no negociable.
Fuente: elcomercio.pe