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En el Perú existen más de medio millón de docentes, pero pocas veces se habla de la carga emocional que implica sostener, todos los días, las historias de decenas de estudiantes y sus familias. Esa es la grieta por la que se cuela “La profesora”, la obra del dramaturgo español Eduardo Galán que llegará por primera vez a Sudamérica el 4 de septiembre al Teatro Ricardo Blume, bajo la dirección de Mateo Chiarella.
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La historia parece sencilla. América Alcalá, una profesora próxima a jubilarse, convoca al padre de una de sus alumnas para conversar sobre el comportamiento de la adolescente. Lo que comienza como una reunión de tutoría pronto deja de ser una discusión sobre educación para convertirse en un duelo de prejuicios, heridas personales y diferencias sociales. A medida que las defensas de ambos personajes se resquebrajan, aparece una pregunta inevitable: ¿qué tanto conocemos realmente al otro?
Fue precisamente esa sensibilidad la que convenció a Mateo Chiarella de traer el texto a Lima. Conoció a Eduardo Galán durante los Premios Talía, en España, y poco después decidió apostar por la obra. “Hay que revisar hasta qué punto ponemos en práctica la empatía y qué tanto nos priorizamos al momento de hablar”, señala el director, quien adelanta que la puesta no busca una adaptación localista. “No es una adaptación llevada hacia lo limeño, sino que buscamos que el espíritu del texto sea mucho más cercano a estos lares”, explica.
Soledades compartidas
Si bien el punto de partida es una tutoría escolar, Chiarella sostiene que el verdadero conflicto de “La profesora” ocurre en la conversación. “Creo que si algo vincula a los dos es la soledad. Esa es la capa más profunda de la obra: la soledad frente a los retos de la contemporaneidad”. La adolescente funciona apenas como el detonante de un encuentro donde una profesora que enfrenta la cercanía de la jubilación y un padre obligado a criar solo a su hija terminan reconociéndose desde sus propias fragilidades.
Para el director, esa sensación de aislamiento no responde únicamente a problemas individuales, sino también a la manera en que hoy nos relacionamos con el mundo. “El ser humano se encuentra en una encrucijada entre lo que es y lo que no es, entre su ilusión y la realidad, entre vivir a través de realidades mediatizadas o realmente salir a buscar a la gente. He ahí la cuestión”, reflexiona.
En ese escenario, el otro deja de ser un interlocutor y comienza a percibirse como una amenaza. Chiarella observa que la información circula con tanta velocidad que muchas veces reemplaza a la experiencia directa. “Generamos espacios de soledad donde el otro no es una posibilidad, sino un enemigo o alguien en quien no se puede confiar”. La consecuencia es una sociedad más fragmentada, donde el diálogo suele empezar desde la defensa antes que desde la escucha.
Ese fenómeno también atraviesa la relación entre padres y docentes, uno de los ejes de la obra. Chiarella, quien además de director es profesor universitario y ha enseñado en colegios, considera que el trabajo del maestro suele entenderse desde una mirada injusta. “Un profesor sostiene no solo conocimientos, sino también la parte emocional de un grupo de chicos que está aprendiendo a vivir”, enfatiza.
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Al final, “La profesora” propone algo más simple y, al mismo tiempo, más difícil: abandonar por un momento las certezas para intentar comprender la historia del otro. “No hablo de fragilidad, sino de la posibilidad de empatía”, afirma Chiarella. Esa es la lección que atraviesa la obra: recordar que, detrás de cada conversación, siempre hay una vida que todavía no conocemos.
Fuente: elcomercio.pe