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En el fútbol peruano, cuatro meses pueden sentirse como cuatro años. El Torneo Apertura empezó el 30 de enero con dieciocho entrenadores en los banquillos de la Liga 1 y terminó con apenas cinco sobrevivientes. Una cifra brutal, incluso para un campeonato acostumbrado a la impaciencia. La estadística no solo expone la fragilidad de los proyectos deportivos en el país, también revela cómo el resultado inmediato sigue devorando cualquier intento de estabilidad.
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Entre los que resistieron está Pablo Guede, el técnico que terminó levantando el Apertura con Alianza Lima. Y quizás su permanencia resume mejor que ninguna otra el caos emocional del fútbol peruano. Porque hace apenas unos meses, el argentino parecía condenado. Su equipo había sido eliminado prematuramente en la Fase 2 de la Copa Libertadores frente al modesto 2 de Mayo de Paraguay y Matute ardía entre cuestionamientos, críticas y dudas sobre el proyecto.

Pero hubo algo que no suele abundar en la Liga 1: paciencia. Franco Navarro Monteiro y Franco Navarro Mandayo, director deportivo y gerente deportivo, apostaron por sostener el proceso pese al ruido externo. También hubo respaldo interno. El plantel cerró filas con Guede cuando el ambiente parecía empujarlo a la salida. El resultado terminó siendo contundente: Alianza campeón del Apertura y un técnico fortalecido luego de caminar al borde del abismo.
“Lo que me pasó en estos meses en Alianza, es lo que pasa a un entrenador en diez años de carrera”, resumió el entrenador aliancista en una reciente entrevista.
Otro caso llamativo es el de Walter Paolella en Los Chankas. Sin el presupuesto de los grandes ni la presión mediática de Lima, el argentino construyó al equipo revelación del torneo. Su equipo peleó el Apertura hasta la penúltima fecha y convirtió a Andahuaylas en una de las plazas más incómodas del campeonato. En un torneo donde muchos sobreviven partido a partido, Paolella logró algo todavía más difícil: darle identidad a su equipo.
¡𝗟𝗶𝗱𝗲𝗿𝗮𝘇𝗴𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗯𝗮𝗻𝗾𝘂𝗶𝗹𝗹𝗼 𝘆 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘁𝗮𝗯𝗹𝗮! ⚽🔝
Con su segunda victoria al hilo, Miguel Rondelli repite como el DT @sporade_pe de la Fecha 2 y consolida a FBC Melgar en la punta del Clausura. 🔴⚫️#Liga1TeApuesto#ElADNdelHincha pic.twitter.com/1uFIeWjX9M
— Liga1 Te Apuesto (@Liga1TeApuesto) July 27, 2026
También sigue Horacio Melgarejo en Cienciano. Polémico en conferencia, intenso en las formas y frontal en sus declaraciones, el argentino encontró resultados para sostenerse. El cuadro cusqueño terminó tercero en el Apertura y, paralelamente, se mantiene vivo en la Copa Sudamericana, donde disputará los playoffs frente a Lanús. En el Cusco entendieron que, más allá del ruido externo, el equipo compite.
Federico Urciuoli completa la lista de extranjeros sobrevivientes. El técnico argentino de 42 años llegó como una apuesta fuerte a Alianza Atlético. Aunque el cuadro norteño no logró trascender en la Sudamericana y terminó último en su grupo, sí mostró competitividad en varios pasajes del Apertura. Acabó décimo, lejos de la pelea grande, pero con la sensación de haber construido una estructura futbolística reconocible.
Y luego aparece Jaime Serna. El único peruano que resistió. El dato no es menor. La Liga 1 comenzó el año con cuatro entrenadores nacionales: Serna en CD Moquegua, Juan Reynoso en Melgar, Roberto Mosquera en Sport Huancayo y Carlos Silvestri en FC Cajamarca. Ninguno, salvo Serna, logró sobrevivir al Apertura. Todos los demás fueron destituidos por malos resultados. Mosquera volvió a Cristal para el Clausura.
A los 41 años, Serna representa una excepción en un entorno que suele desconfiar del técnico peruano joven. Muchos todavía lo recuerdan por su paso en la Sub 20 de la selección peruana o como asistente de Juan Reynoso en Puebla, Cruz Azul y la Blanquirroja. Pero desde hace tres temporadas construye silenciosamente uno de los proyectos más interesantes del fútbol peruano.

Primero llevó a Deportivo Moquegua al ascenso. Después consolidó al club en la Liga 1. Y en este Apertura logró instalarlo en la mitad de tabla compitiendo contra presupuestos muy superiores. Su gran golpe fue vencer a Sporting Cristal en el Alberto Gallardo, un triunfo que terminó de poner a su equipo en el mapa.
La otra cara de la moneda
Si algo demuestra este Apertura es que en los clubes grandes el margen de error prácticamente no existe. Universitario, tricampeón del fútbol peruano, apostó por Javier Rabanal luego de su exitoso paso por Independiente del Valle. El español llegó con cartel internacional y una metodología moderna, pero nunca logró conectar del todo con el vestuario.
Dirigió apenas doce partidos oficiales: diez por Liga 1 y dos por Copa Libertadores. Ganó cinco, empató cuatro y perdió tres. Incluso venció a Alianza Lima en el clásico. Pero ni eso alcanzó. La interna se desgastó rápidamente y el técnico terminó saliendo sin respaldo futbolístico ni emocional. En Ate entendieron demasiado tarde que el currículum no garantiza adaptación inmediata al ecosistema peruano. Hoy está Héctor Cúper, de 70 años, lo más parecido a Jorge Fossati, el hacedor del tricampeonato. Rabanal, lejos de irse, encontró su lugar en Cusco FC.

En Sporting Cristal ocurrió algo similar. Paulo Autuori, un técnico respetado y querido por la hinchada rimense, inició la temporada intentando reconstruir a un equipo golpeado. Sin embargo, los resultados nunca despegaron y el desgaste fue acelerándose jornada tras jornada. Luego dejó el cargo y la directiva apostó por otro brasileño: Zé Ricardo. Sin embargo, para el Torneo Clausura está Roberto Mosquera, quien retornó al club.
La sensación que deja el Apertura es contundente. En el fútbol peruano, sostener procesos sigue siendo una rareza. El campeonato devora técnicos con una velocidad feroz y obliga a los clubes a vivir permanentemente entre la urgencia y la improvisación. Apenas cinco sobrevivieron. Y solo uno nació en el Perú.
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Fuente: elcomercio.pe