Tres de cada diez peruanos tuvieron dificultades para acceder a alimentos en 2025, según el INEI

Mientras la economía peruana daba señales de alivio, dentro de millones de hogares la pregunta del día seguía siendo la misma: ¿alcanza para comer? Por primera vez, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) puso cifras a esa pregunta. La respuesta: 3 de cada 10 peruanos (el 30,5% de la población) enfrentaron algún grado de privación alimentaria el año pasado.

Esta medición fue realizada mediante la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES), una metodología desarrollada por la FAO e incorporada de manera permanente en la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) desde 2025. El instrumento no solo identifica situaciones extremas de hambre, sino también problemas más frecuentes, como la preocupación por quedarse sin alimentos, la imposibilidad de acceder a una dieta saludable o la necesidad de reducir porciones y saltarse comidas.

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La Selva registra los niveles más altos de inseguridad alimentaria

Este informe evidencia importantes diferencias territoriales, pues la Selva fue la región más afectada, con el 35,3% de su población en situación de inseguridad alimentaria moderada o severa, por encima de la Sierra (30,5%) y la Costa (29,4%). Dentro de ella, las zonas rurales concentran el problema con mayor intensidad: en la Selva rural, el 39% de la población no pudo acceder a alimentos en cantidad o calidad suficiente.

La situación se agrava en las zonas rurales, ya que, mientras a nivel nacional el indicador alcanzó el 30,5%, en el área rural llegó a 35,4%, frente al 29,3% registrado en las ciudades. La Selva rural concentró el porcentaje más elevado del país, con 39% de su población afectada.

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A nivel departamental, Loreto lideró las cifras con una incidencia de 46,9%, seguido de Puno con 43,4%. Esto significa que cerca de la mitad de la población de estas regiones tuvo dificultades para acceder a alimentos en cantidad o calidad suficiente. En contraste, Moquegua registró la menor prevalencia del país con 13,7%, seguida de Ica (20,1%), Apurímac (20,2%), Áncash (23%) y Arequipa (23,9%).

Además, el estudio encontró que el 3,4% de la población sufrió inseguridad alimentaria severa, lo que significa que hubo días en que directamente no tuvieron qué comer.

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La falta de ingresos sigue siendo el principal factor detrás del problema

Entre la población en condición de pobreza, la inseguridad alimentaria alcanzó el 42%, mientras que en pobreza extrema llegó a 49,7%, afectando prácticamente a uno de cada dos peruanos en esa situación.

Incluso entre quienes no son considerados pobres, pero se encuentran en una situación vulnerable ante cualquier deterioro económico, la prevalencia alcanzó el 33,4%. En cambio, entre la población no pobre y no vulnerable se redujo a 20,9%.

La misma lógica se repite al mirar los ingresos. En el quintil más pobre, el 44,7% enfrentó inseguridad alimentaria; en el más rico, apenas el 13,4%. Cada escalón económico marca una diferencia.

El informe advierte que la inseguridad alimentaria forma parte de un conjunto más amplio de privaciones vinculadas a la pobreza, el empleo precario y las limitaciones en el acceso a servicios básicos.

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Empleo informal y carencias básicas aumentan el riesgo de sufrir hambre

La calidad del trabajo importa tanto como el ingreso. Entre la población que vive en hogares cuyo jefe tiene un trabajo informal, la inseguridad alimentaria alcanzó el 33,7%, mientras que entre aquellos con empleo formal la incidencia se redujo a 17,9%.

El nivel educativo sigue por la misma dirección. La prevalencia fue de 38,5% entre los hogares cuyo jefe tenía educación primaria o menor nivel educativo, mientras que cayó a 18,6% cuando contaba con educación superior.

Asimismo, las familias encabezadas por mujeres registraron mayores dificultades para acceder a alimentos. La inseguridad alimentaria afectó al 34,9% de la población que vive en hogares con jefatura femenina, frente al 28,1% en aquellos liderados por hombres.

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Las condiciones de la vivienda también influyen. El indicador alcanzó el 39,9% entre quienes no tienen acceso a agua por red pública y el 37,2% entre quienes carecen de desagüe. En hogares con hacinamiento, la incidencia se elevó a 42,6%, mientras que entre quienes no cuentan con alumbrado eléctrico llegó a 46,1%.

Los números del INEI cuentan una historia que muchas familias peruanas ya conocen de memoria: que crecer no siempre significa llegar. El verdadero desafío no es solo que la economía avance, sino que ese avance alcance a quienes aún no tienen la certeza de poder alimentarse adecuadamente cada vez que se sientan a la mesa.

Fuente: larepublica.pe

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