Un Gabinete a la altura del país

Keiko Fujimori es la virtual presidenta del Perú tras una de las elecciones más reñidas de la historia reciente. El margen estrecho de su victoria no es un detalle menor: es un mandato que exige prudencia, amplitud y, sobre todo, resultados. La instalación de su primer Gabinete Ministerial será la primera señal real de hacia dónde se dirige su gobierno, y el país hará bien en juzgarla no por la procedencia política de quienes lo integren, sino por la calidad de las personas elegidas.

El nuevo gobierno asumirá funciones el 28 de julio con una agenda que no admite improvisaciones. La inseguridad ciudadana –extorsión, sicariato, minería ilegal armada y un crimen organizado que ha desbordado a la policía– exige un ministro del Interior con experiencia comprobada y capacidad operativa real. El fenómeno de El Niño, cuya amenaza ya ha sido advertida por los especialistas para los próximos meses, requiere un equipo en Vivienda, Desarrollo Agrario y Defensa capaz de prevenir, no solo de reaccionar cuando ya es tarde, como ha ocurrido en ciclos pasados en que la desidia costó vidas e infraestructura. Y el Reinfo, ese mecanismo que se ha convertido en un escudo para la minería ilegal y el daño ambiental, demanda un ministro de Energía y Minas con la firmeza técnica y política para ordenar lo que sucesivos congresos prefirieron prorrogar.

Frente a estos tres desafíos, lo que el país necesita no es un debate sobre cuotas partidarias. Si la presidenta decide convocar a cuadros de Fuerza Popular, a independientes o a una alianza amplia con otras fuerzas políticas, esa es una decisión que le compete exclusivamente a ella y a su criterio de gobernabilidad. Lo que no debería de ser negociable para una democracia que arrastra una desconfianza ciudadana profunda, es la idoneidad ética de quienes ocupen cada cartera.

Ningún ministerio puede recaer en una persona que cargue cuestionamientos serios o sentencias que pongan en duda su proceder. No se trata de exigir perfección, sino de un mínimo innegociable: que cada ministro pueda presentarse ante el Congreso, ante la prensa y ante los ciudadanos sin tener que explicar denuncias pendientes.

Keiko Fujimori tiene la oportunidad de demostrar, desde el primer día, que entendió el mensaje de las urnas. Un Gabinete probo y capaz es la condición mínima para que la seguridad ciudadana, la prevención ante El Niño y el ordenamiento del Reinfo dejen de ser promesas de campaña y se conviertan en política de Estado. El país no pide colores partidarios. Pide manos limpias y capaces.

Fuente: elcomercio.pe

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