Un grupo de científicos descubrió cómo algunas poblaciones de sapos lograron resistir al hongo quítrido, un patógeno que ha provocado más eventos de extinción de especies que cualquier otra enfermedad infecciosa conocida. El hallazgo no solo ayuda a comprender por qué estos anfibios sobrevivieron, sino que también podría abrir la puerta al desarrollo de nuevos tratamientos médicos.
El protagonista de esta historia es el sapo partero común (Alytes obstetricans), una especie que habita en distintas zonas de Europa y que recibió su nombre porque los machos transportan los huevos fecundados adheridos a sus patas traseras hasta que están listos para eclosionar.
Un mecanismo de defensa que aparece antes de tiempo
En los Pirineos occidentales, muchas poblaciones de estos sapos desaparecieron tras la llegada del hongo Batrachochytrium dendrobatidis, también conocido como hongo quítrido. Sin embargo, algunos grupos consiguieron sobrevivir a pesar de estar infectados. Para averiguar qué los hacía diferentes, investigadores del University College London (UCL), la Zoological Society of London (ZSL) y el Imperial College London compararon ejemplares procedentes de varios lagos de alta montaña.
El estudio reveló que los sapos supervivientes desarrollan antes una importante defensa inmunológica. Mientras aún se encuentran en la etapa de renacuajo, comienzan a producir péptidos antimicrobianos en la piel, unas sustancias que impiden que el hongo se establezca cuando completan su transformación en adultos.
Esta diferencia resulta decisiva porque el hongo solo puede vivir sobre piel con queratina, presente en los sapos adultos, pero no en los renacuajos. Gracias a esta protección anticipada, los animales llegan mejor preparados al momento de mayor riesgo.
El cambio climático favoreció la expansión del hongo
Los investigadores explican que los lagos de alta montaña de los Pirineos permanecían congelados durante gran parte del año, lo que había limitado durante mucho tiempo la presencia del hongo. Sin embargo, el aumento de las temperaturas ha modificado esas condiciones y ha favorecido la expansión del patógeno en estos ecosistemas.
Aun así, algunas poblaciones lograron recuperarse. Ahora los científicos buscan entender qué permitió que su sistema inmunológico madurara antes.
"El siguiente paso es investigar qué factores impiden que estos sistemas inmunológicos maduren de forma temprana", explicó el herpetólogo Phillip Jervis, autor principal del estudio.
"Esto podría deberse a la genética o a factores ambientales como la temperatura o la presencia de truchas, un gran peligro para los renacuajos que podría impulsarlos a convertirse en adultos más rápido para abandonar el agua, lo que significa menos tiempo para que su sistema inmunológico se desarrolle", añadió el investigador.
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Un descubrimiento que podría beneficiar también a los humanos
El equipo identificó un total de 1.152 péptidos en las secreciones de la piel de los sapos, de los cuales únicamente siete eran conocidos hasta ahora. Además, comprobaron que los ejemplares que desarrollaban una mayor diversidad de estos compuestos durante su etapa de renacuajo tenían más probabilidades de sobrevivir a los brotes del hongo.
"Descubrimos una diversidad de péptidos mucho mayor de la que esperábamos. Ahora necesitamos comprender cómo funcionan para controlar los patógenos y cuáles de ellos tienen propiedades antimicrobianas", señaló la química Alethea Tabor.
Los investigadores consideran que estos compuestos podrían tener aplicaciones más allá de la conservación de los anfibios. "Muchos medicamentos para los seres humanos se descubrieron inicialmente en la naturaleza; por ejemplo, la penicilina provino de los hongos", recordó Tabor.
"Estos péptidos representan nuevas pistas que podrían utilizarse para mejorar la salud humana, especialmente ahora que también enfrentamos el aumento de la resistencia a los antimicrobianos, lo que nos obliga a encontrar nuevas formas de tratar las infecciones”, concluyó.
Fuente: larepublica.pe