Arya Satheesh, una estudiante de secundaria de 18 años de Letterkenny, Irlanda, obtuvo reconocimiento internacional por desarrollar Eco Purge, un bioplástico de origen vegetal diseñado para ayudar a combatir la creciente contaminación por microplásticos. Al biodegradarse, este material libera enzimas especializadas capaces de degradar microplásticos derivados del PET presentes en el suelo y el agua, al menos en las pruebas realizadas hasta ahora.
Gracias a este invento, la joven científica ganó en mayo la categoría europea de The Earth Prize 2026, uno de los concursos ambientales para estudiantes más importantes del mundo. Además, recibió un premio de 12.500 dólares para continuar el desarrollo de su prototipo.
¿Cómo funciona Eco Purge, el bioplástico creado por Arya Satheesh?
Satheesh quería crear algo más que un plástico biodegradable convencional. Eco Purge está elaborado con materiales de origen vegetal y diseñado para descomponerse de forma natural tras ser desechado. En condiciones adecuadas, el material puede biodegradarse en un plazo de hasta dos semanas.

Durante ese proceso libera gradualmente enzimas en el suelo o el agua circundantes. Estas están diseñadas para ayudar a degradar microplásticos derivados del PET, uno de los tipos de plástico más utilizados para fabricar botellas y envases de alimentos.
A diferencia de otros bioplásticos, cuyo único objetivo es reducir la generación de nuevos residuos, Eco Purge busca además contribuir a la degradación de microplásticos ya presentes en el ambiente. Según las pruebas realizadas por Satheesh, tanto el bioplástico como las partículas de microplástico utilizadas en el experimento se degradaron tras seis semanas.
Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros que ya se han detectado en océanos, ríos, suelos agrícolas, alimentos, agua potable e incluso en el cuerpo humano, por lo que representan una creciente preocupación para la comunidad científica. Si esta tecnología demuestra ser eficaz fuera del laboratorio y a mayor escala, podría convertirse en una herramienta complementaria para reducir este tipo de contaminación.
¿Por qué Arya Satheesh decidió crear Eco Purge?
La idea nació a partir de una investigación previa sobre la contaminación por microplásticos. Tiempo atrás, Satheesh había desarrollado un monitor inteligente capaz de detectar contaminantes en el agua potable. Sin embargo, ese proyecto la llevó a concluir que identificar el problema no era suficiente: también era necesario buscar una solución.
Otro de los factores que impulsó su trabajo fue la baja tasa de reciclaje de los plásticos a nivel mundial, lo que la motivó a desarrollar una alternativa más sostenible a los materiales convencionales.
ChatGPT la ayudó a conseguir un ingrediente clave
Uno de los principales obstáculos fue obtener la enzima necesaria para su investigación. Además de ser difícil de conseguir, su precio era demasiado elevado para una estudiante.
Para localizar posibles proveedores, Satheesh utilizó ChatGPT para identificar empresas de Europa y Estados Unidos que trabajaban con ese tipo de enzimas. Después contactó directamente con ellas. Tras varios intentos sin éxito, Kevin O'Connor, director de BiOrbic, el Centro Nacional de Investigación en Bioeconomía de Irlanda, consiguió importar dos enzimas procedentes de Dinamarca y Alemania, lo que permitió que el proyecto siguiera avanzando.
Un proyecto prometedor, pero aún en fase experimental
Eco Purge le valió a Satheesh la categoría europea de The Earth Prize 2026, un certamen que reconoce a estudiantes que desarrollan soluciones innovadoras frente a los desafíos ambientales. Además, el programa ofrece mentoría y apoyo para transformar las ideas ganadoras en proyectos con potencial de aplicación.
Expertos consideran que Eco Purge representa una innovadora prueba de concepto, ya que propone un enfoque diferente al de los bioplásticos tradicionales al intentar contribuir a la degradación de microplásticos ya existentes. Sin embargo, también advierten que aún enfrenta importantes desafíos.
Actualmente, las enzimas utilizadas actúan principalmente sobre plásticos derivados del PET y su eficacia podría reducirse en ambientes abiertos debido a su rápida dilución. Además, la producción a gran escala, la estabilidad de las enzimas durante la fabricación y los costos siguen siendo obstáculos que deberán resolverse antes de que esta tecnología pueda comercializarse.
Aunque científicos de todo el mundo investigan el uso de enzimas para acelerar la degradación de residuos plásticos, la mayoría de estas tecnologías permanece en etapa experimental. Si Eco Purge consigue superar estos desafíos, podría convertirse en un complemento a las estrategias de reciclaje y contribuir a reducir tanto la generación de nuevos residuos plásticos como la de los microplásticos ya presentes en el medio ambiente.
Fuente: larepublica.pe