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El domingo 20 de julio de 1952 corría un viento apurado. Ese día quedó grabado a fuego en los corazones cremas la inauguración oficial del coloso de Chacra Ríos, su recinto propio en la calle Odriozola, en Breña. Era el estadio en honor a su ídolo máximo: Lolo Fernández, cuyo nombre quedó vinculado para siempre a esa nueva cancha.
Ante un lleno total, la “U” peruana y la “U” chilena protagonizaron un vibrante duelo internacional. El cotejo, lleno de alternativas cambiantes, puso a prueba el temple de un cuadro local que supo reaccionar a tiempo.
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Pero, ese no fue el primer partido en ese estadio. Con las tribunas a medio construir había ocurrido semanas antes, el 6 de julio, el choque amistoso entre los clubes Universitario y Atlético Chalaco, con triunfo merengue 3-2 (doblete de Juan Castro y uno de Lolo Fernández). Y también hubo un clásico, el primero en dicho recinto, que se jugó poco después, el 13 de julio, resultando un empate 1 a 1.

No obstante ello, la jornada dominical del 20 de julio de 1952 amaneció con gran expectativa de los hinchas cremas, que podían decir oficialmente que ya contaban con la “casa propia”. La Asociación Central de Fútbol había catalogado la fecha como el “Día del Club”, permitiendo una jornada de puertas abiertas que desbordó las graderías de madera del recinto (se usó parte de las graderías del antiguo Estadio Nacional, mientras el nuevo Estadio Nacional se venía construyendo).
Las banderas rojiblancas y los estandartes institucionales flameaban con orgullo bajo el cielo limeño, anticipando una ceremonia inolvidable. Las autoridades políticas, los diplomáticos y referentes históricos del deporte se dieron cita en el “Estadio de Universitario”, como le decían, para presenciar el histórico corte de cinta.
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Monseñor Tomás León Barandiarán tuvo a su cargo la solemne bendición del recinto deportivo, un acto que conmovió profundamente a los fundadores y veteranos del club. Los discursos oficiales resaltaron el esfuerzo titánico de la directiva de Universitario, encabezada por Carlos Cillóniz Oberti, quien estaba empeñado en dotar a la institución de un patrimonio monumental.
Antes del partido central de las dos “U”, hubo encuentros preliminares, que incluyeron choques de divisiones infantiles que encendieron los ánimos de la tribuna. Los pequeños valores del Centro de Instrucción Militar Leoncio Prado y los equipos invitados demostraron destreza y entusiasmo en un campo de juego descrito como “impecable”.
Minutos antes del choque del Pacífico, hubo gestos muy simpáticos, como los que dieron cuatro “olímpicos” del Sport Boys Association: Jorge Alcalde, Raul Chappell, Teodoro Alcalde y Víctor Marchena, quienes ingresaron a la cancha antes del partido y abrazaron y felicitaron a Lolo Fernández por el premio y honor que le habían concedido con total justicia.

Pero, la emoción popular alcanzó su clímax cuando los equipos de Universitario de Deportes y la U de Chile pisaron el terreno de juego, entre aplausos ensordecedores y flashes fotográficos. El equipo chileno saltó al terreno dispuesto a arruinar la fiesta inaugural con un despliegue de vértigo y juventud. El equipo visitante arrancó con el arquero Zacarías, defensas Negri y Arenas; en la media cancha Silva, Alamos y Núñez; y adelante Quintana, Di Pace, Passeiro, Ramírez y Scopelli, que jugó solo los primeros minutos.
Universitario alineó con Juan Chau Busanich en el arco; Rufino Valdivieso y Andrés Da Silva en la defensa; Carlos Meza, Alejandro León y Augusto Gasco (volante de marca) en el medio campo; completando con una delantera temible formada por Gilberto Torres, Juan Castro, Lolo Fernández, Alberto Terry y Luis Navarrete. El árbitro Charles Dean debió esforzarse para mantener el orden, ya que el partido fue de “pierna fuerte”.
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Desde el pitazo inicial, los chilenos sorprendieron por su orden defensivo y su rápida transición al contragolpe. Su delantero central, el español Passeiro se convirtió muy pronto en un auténtico dolor de cabeza para la defensa crema, moviéndose con libertad por todo el frente de ataque.
Universitario intentó imponer condiciones mediante un toque rasante, pero chocó reiteradamente con un bloque visitante bien plantado. Entonces, la sorpresa no tardó nada en instalarse en las tribunas del “Lolo Fernández”: a los dos minutos, una jugada hilvanada por el bando visitante culminó en un centro preciso.
Passeiro, de la U de Chile, ganó las espaldas de los centrales y, con un golpe de cabeza impecable, batió la resistencia del “Chino” Busanich. El silencio sepulcral duró apenas unos segundos antes de transformarse en el festejo bullicioso de la delegación chilena.

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El golpe inicial no hizo más que despertar el furor competitivo de un Universitario que jamás bajó los brazos. El veterano e idolatrado Lolo Fernández, en su rol de capitán espiritual y eje del empuje crema, comenzó a ordenar a sus compañeros desde el terreno de juego.
Sus pases largos y su lectura clara de los espacios desconcertaron a la retaguardia chilena, que empezó a sufrir los embates merengues. Pero, a pesar de esos intentos, la U de Chile amplió su ventaja antes del descanso tras un nuevo descuido defensivo de los locales.
Un centro medido desde el sector izquierdo permitió nuevamente a Passeiro anticiparse a los defensores y conectar un frentazo letal. El 2 a 0 parcial reflejaba la contundencia de la visita y obligaba al técnico local a replantear el esquema táctico de cara al complemento. Los primeros 45 minutos concluyeron con un sabor amargo para los cremas, conscientes de que el resultado parcial era demasiado castigo.
Sin embargo, en el entretiempo se tomaron decisiones desde el banco peruano que cambiarían por completo el rumbo del partido en coloso de Chacra Ríos. El ingreso de los jóvenes valores aportó la frescura física y la dinámica que el equipo necesitaba para sacudirse el dominio visitante.
Con el reinicio de las acciones, Universitario se volcó hacia el arco defendido por Zacarías. La variante táctica de incluir al juvenil René “La Lora” Gutiérrez por Carlos Meza en la volante, y a Dante Rovai por Luis Navarrete en la delantera, rindió frutos inmediatos, ahogando la salida de los volantes chilenos. El despliegue físico del mediocampista crema Alejandro León en la recuperación, así como el desequilibrio constante por las bandas transformaron el trámite del choque en el estadio «Lolo Fernández“.

El descuento no tardó en llegar gracias a una jugada rápida nacida en los pies de Torres y culminada con categoría por Rovai, quien oportunista y veloz tomó un rebote dentro del área y empalmó un remate imposible para el golero. El reloj marcaba 2 minutos del segundo tiempo.
En una de las postales más recordadas de esa fría tarde, el propio Rovai corrió a extraer el balón de las redes para llevarlo al centro del campo entre el delirio popular de la barra crema. A los 9 minutos, Rovai de nuevo, pero esta vez en combinación con “Toto” Terry anotó en el ángulo del arco del chileno Zacarías.
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El empate transitorio desató la locura en las tribunas de Chacra Ríos, donde miles de almas alentaban sin tregua. Universitario dominaba a placer las acciones, arrinconando a un once chileno visiblemente agotado por el desgaste físico del primer tiempo. Los ataques se sucedían en oleadas, con centros cruzados que ponían en aprietos constantes a la defensa visitante.
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La presión incesante dio frutos cuando una genialidad colectiva encontró bien ubicado al eterno Lolo Fernández, el temible “Cañonero de Cañete”, quien había habilitado con precisión quirúrgica a sus compañeros, generando superioridad numérica en el área rival.
Y así, llegó el tercer tanto. Desde de un centro del mediocampista León –ubicado casi en el córner– y que encontró destino en la ancha frente de Lolo que de un potente cabezazo, y desde fuera del área, puso la ventaja crema: 3 a 2. Fue un hermoso gol de remontada, una “obra de arte” del juego aéreo, indicaron los cronistas de entonces.

Lejos de conformarse con la ventaja mínima, el cuadro crema continuó buscando el arco contrario con ambición inagotable. La U de Chile intentó responder mediante esporádicos contragolpes, pero la solvencia de la zaga merengue, así como su arquero Busanich neutralizaron todo peligro.
Los cambios tácticos introducidos por el comando técnico funcionaron como un relojito suizo en la recta final del encuentro. El cuarto tanto consagratorio, a los 28 minutos del complemento, sentenció definitivamente el marcador a favor de los peruanos, desatando la algarabía general en el “Lolo Fernández”. Tras un disparo al arco de “Toto” Terry, el “Gallo” Rovai lo interceptó y desvío, sorprendiendo al portero de la U de Chile. Gol crema.
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Las lágrimas de emoción y los abrazos interminables en las tribunas coronaron una jornada que quedaría grabada en los anaqueles del balompié peruano. El pitazo final del juez central decretó el 4 a 2 definitivo y el triunfo histórico de la “U”.
Concluido el partido, el ministro de Relaciones Exteriores, el doctor Manuel O. Gallagher, entregó la copa al ídolo crema Lolo Fernández, el líder de ese equipo desde comienzos de los años 30.

Si antes del partido el público motivó a Lolo Fernández para que diera la vuelta olímpica en el nuevo estadio; al finalizar este con victoria local, el mismo público cargó en hombros al potente centro delantero de la “U”.
Por la noche, en la residencia miraflorina del presidente del club, Carlos Cillóniz, se ofreció un amistoso cóctel de confraternidad y buena voluntad, entre peruanos y chilenos, jugadores, dirigentes y periodistas de ambos países. Fue un sereno cierre de la histórica jornada, que tendría un segundo capítulo en setiembre de ese año en Santiago de Chile, cuando la “U” devolviera el gesto amigable del equipo chileno.
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De esta forma, el estadio “Lolo Fernández” abrió oficialmente sus puertas al fútbol peruano con una victoria que enalteció la historia institucional de la “U”. El recinto de Chacra Ríos quedó inaugurado no solo como un espacio físico, sino también como el templo sagrado de la garra y la tradición crema.
Los años venideros confirmarían que aquella tarde de julio de 1952 marcó el inicio de la eterna leyenda crema. Teodoro Fernández Meyzán, o simplemente, Lolo, se retiraría de la actividad futbolística el 30 de agosto de 1953.
Fuente: elcomercio.pe