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‘No te doy la razón de prófugo, porque sería muy rochoso, pero igual te salvo’. Ese es el mensaje del TC hacia el polémico Vladimir Cerrón, arropado en solemnes argumentos sobre la debida motivación de resoluciones judiciales. Eso sí, ninguno de los magistrados, ni los 3 que votaron en contra de liberarlo, ni los 4 que estuvieron a favor de hacerlo, ha convalidado una suerte de derecho a la fuga. Hubiera sido una rendición constitucional ante al abogado Humberto Abanto que los estuvo cortejando con esa provocación.
Si queremos entenderlo al pie de la letra, no han liberado a Vladimir. Le han quitado de encima la amenaza de captura que lo tenía parapetado Dios sabe dónde, posteando y hablando con todo el mundo. El dominio de Cerrón ya no era el territorio de Junín (lo perdió ante el movimiento Sierra y Selva Contigo Junín, convertido luego en el partido Batalla Perú, presidido por el actual gobernador Zózimo Cárdenas). Ya no era, tampoco, la izquierda radical, ahora dominada por el castillismo que representaron Roberto Sánchez y Juntos Por el Perú en las elecciones recientes. Su dominio es la ‘tuitósfera’, la red social más selecta luego del Instagram. Con razón, su candidatura por Perú Libre jaló tan pocos votos.
Es cierto que los casi tres años que está prófugo -al cierre de estas líneas está esperando que se ejecute la disposición del TC- ha tenido otro dominio menguante: su bancada en el Congreso. De 37 que tenía quedó en apenas 11. Se le fueron todos los profesores que le colocó Pedro Castillo en la lista. Por eso, considera un traidor al ex presidente preso, aunque mordiéndose la lengua se tuvo que sumar a quienes piden que sea indultado. Se le fue otro grupo importante cuando cometió su movida más audaz: aliarse con el ‘Bloque’, es decir, con la mayoría congresal de derecha, para que su hermano Waldemar ocupara una vicepresidencia en la mesa directiva. Según su propia justificación -para todo tiene una teoría en cuadritos- los juntó la necesidad de combatir al enemigo común caviar.
Con humor -lo único que no le sale en cuadritos- ha vacilado a todos los actores fiscales, judiciales, policiales y políticos que hicieron poco o nada por capturarlo. Si el TC no ha convalidado su derecho a la fuga, tácitamente sí se ha convalidado su derecho a burlarse de la justicia. Es cierto que en algunos casos esta fue dura, caprichosa, persecutoria y posiblemente equivocada con él (una condena que lo llevó a cumplir prisión en Huancayo luego fue anulada y la orden de prisión preventiva por el caso del Aeródromo Wanka también fue anulada). También es cierto que su gestión como gobernador dejó varios flancos abiertos de imputaciones penales de corrupción, pertenencia a organización criminal y lavado de activos, que habría cometido junto a correligionarios y funcionarios del GORE Junín. De ahí viene el caso de Los Dinámicos del Centro, por el que precisamente tiene la orden de prisión preventiva que lo mantuvo a salto de mata hasta que se la acaban de quitar. Jugó a las escondidas y el TC le dijo ‘ampay, te salvo’.
Vladimir nos ha costado bastante. Al TC, le ha costado una de sus sentencias más polémicas, pero al país le ha costado muchísimo. Cerrón fue el motivo, excusa, acicate o coartada, ustedes escojan; que gatilló varias de las llamadas leyes pro crimen que no nacieron con ese propósito explícito sino con el de librar a políticos como Vladimir de trabas judiciales y, de paso, interfirieron en la lucha contra las grandes mafias. La mayoría las aprobó pero fue su bancada la que promovió varias y manejo sus dictámenes desde su manejo de la Comisión de Justicia.
En realidad, ya Vladimir nos había costado demasiado cuando tuvo la genialidad electoral -¿cómo llamarla de otro modo?- de fichar de candidato a un maestro, asegurando los votos del gremio más grande del Perú y provocando un fenómeno de representación que polarizó, enervó y frustró al país. Las ideas de usar el sombrero, de llevar por símbolo un lapicito, de repetir el lema ‘no más pobres en un país rico’, no son de Castillo sino de él. Pero Castillo se las llevó a Palacio, a cambio le regateó cuotas ministeriales, cayó por propia mano en el 2022 y en su nueva campaña desde prisión, le dio el sombrero a un enemigo y rival de los Cerrón, Roberto Sánchez.
Vladimir, parafraseando un concepto marxista, se convirtió en un mero ‘político de la superestructura’: un líder sin masas, sin sindicatos, sin acciones concretas fuera del parlamento, pero listo para preparar la revolución desde X, su refugio de prófugo. Aunque tiene que estar feliz con la decisión del TC, le llega muy tarde, justo cuando desaparece su bancada y tiene poco que pelear en las elecciones subnacionales. Vive de tu fama, Vladimir.
Fuente: elcomercio.pe