Un diminuto organismo hallado en las profundidades del Gran Lago Salado, en Utah, Estados Unidos, despertó el interés de la comunidad científica. Se trata de una nueva especie de nematodo que, hasta ahora, solo se conoce en este lago caracterizado por niveles extremos de salinidad.
El descubrimiento fue realizado por investigadores de la Universidad de Utah, quienes identificaron a la especie tras varios años de análisis. Bautizado como Diplolaimelloides woaabi, este gusano microscópico mide menos de 1,5 milímetros de longitud y habita entre estructuras minerales conocidas como microbialitos, formaciones creadas por comunidades de microorganismos que desempeñan un papel clave en el ecosistema del lago.
¿Cómo descubrieron esta nueva especie de nematodo?
Los nematodos figuran entre los animales más abundantes del planeta y prosperan en ambientes tan diversos como los suelos agrícolas, las regiones polares y las profundidades oceánicas. Sin embargo, hasta 2022 ningún representante de este grupo había sido confirmado en el Gran Lago Salado.

La primera evidencia apareció durante campañas de muestreo dirigidas por la investigadora Julie Jung, quien detectó ejemplares en microbialitos distribuidos por distintas zonas del lago. Desde entonces, el equipo desarrolló un estudio exhaustivo que incluyó secuenciación genética mediante ADN 18S y observaciones con microscopía electrónica de barrido.
Estas técnicas permitieron identificar características anatómicas únicas, entre ellas manchas oculares, labios fusionados, una cavidad bucal con forma de embudo y estructuras reproductivas especializadas en los machos.
Es el tercer grupo animal conocido en las aguas saladas del lago
La identificación de D. woaabi amplía la reducida lista de animales multicelulares capaces de sobrevivir en las aguas hipersalinas del Gran Lago Salado. Hasta ahora, los científicos solo habían documentado allí a los camarones de salmuera y las moscas de salmuera, especies fundamentales para la alimentación de millones de aves migratorias.

Los investigadores también detectaron señales genéticas que apuntan a la posible existencia de una segunda especie de nematodo en el lago. Aunque esta hipótesis requiere nuevas verificaciones, los datos sugieren que la diversidad biológica del ecosistema podría ser mayor de lo que se pensaba.
Otro aspecto llamativo surgió al analizar la proporción de sexos. En las muestras obtenidas directamente del lago, los machos representaban menos del 1 % de la población. En contraste, los ejemplares criados en laboratorio mostraron una distribución cercana al 50 %, una diferencia que los especialistas aún no logran explicar.
¿Cómo llegó esta especie al lago?
El origen de este organismo constituye uno de los mayores enigmas del estudio. Una de las hipótesis plantea que sus ancestros habrían habitado la antigua vía marítima que dividió Norteamérica durante el período Cretácico, hace más de 100 millones de años. Según esta idea, los cambios geológicos que transformaron la región habrían aislado a estas poblaciones, permitiendo su supervivencia hasta la actualidad.
Otra posibilidad apunta a un arribo mucho más reciente. Los científicos consideran que aves migratorias podrían haber transportado huevos o individuos microscópicos adheridos al barro o a sus plumas desde otros lagos salinos.
La relevancia de este descubrimiento va más allá de la descripción de una nueva especie. Los nematodos suelen reaccionar con rapidez a las alteraciones ambientales, por lo que pueden actuar como indicadores biológicos de la salud de un ecosistema. Esta característica cobra especial importancia en el Gran Lago Salado, que enfrenta problemas asociados a la sequía, la reducción del nivel del agua y el incremento de la salinidad.
Fuente: larepublica.pe