¿En qué país les gustaría vivir?

Esta es la pregunta que desde Capitalismo Consciente Perú planteamos a los chicos que participan en el taller Jóvenes Ciudadanos Conscientes en distintas regiones del país. Y las respuestas, sin importar el lugar, se repiten. Los jóvenes quieren vivir en un país con seguridad, acceso real a educación y salud de calidad. Donde las mujeres no tengan miedo de caminar por una calle oscura o subirse a un taxi. Donde tengan oportunidades económicas y no sean discriminados por su raza o lugar de origen. Quieren un país donde no haya corrupción, sicarios, minería ilegal ni narcotráfico. Quieren vivir en democracia, con libertad y dignidad.

Pero para lograr ese país, la política importa, y mucho. Durante largo tiempo creímos que la economía corría por cuerda separada de la política. Y que no era necesario ocuparnos de los temas políticos porque el país crecía, nuestras empresas hacían muchísimo dinero y la pobreza se reducía.

Olvidamos que la economía crecía porque diseñamos instituciones económicas adecuadas; sin embargo, a pesar de que crecimos, no logramos reducir la informalidad ni aumentar la productividad de nuestros trabajadores. Olvidamos, además, que había reformas pendientes que eran necesarias para lograr el desarrollo.

Cuando en el 2021 elegimos a Pedro Castillo para dirigir el destino del país, no medimos las consecuencias. Durante los últimos cinco años, el país ha retrocedido. La brecha de infraestructura educativa, en lugar de reducirse, se amplió. El 48% de los colegios públicos debe ser demolido y solo el 22% de colegios públicos rurales tiene acceso a los tres servicios básicos; esto es cuatro puntos porcentuales por debajo del nivel del 2015. Pero no es solo infraestructura. Al cierre del 2025, el 20% de las computadoras de los colegios públicos estaban inoperativas, mucho más que el 12% del 2019 (IPE). Y a pesar de que se ha aumentado el gasto por alumno en 40% desde el 2019, los aprendizajes no han mejorado. De hecho, hoy son menos los alumnos de colegios públicos que en segundo de secundaria entienden lo que leen.

El Perú, como hemos repetido muchas veces en esta columna, no es un país pobre, es un país de ingreso medio alto, y uno de los que más inversión pública ejecuta en América Latina. En el 2025, el Perú superó los S/60.000 millones en inversión pública y, sin embargo, no logramos reducir la brecha de acceso a servicios básicos. En el 2019, el 47% de los hogares recibía agua adecuadamente clorada; al cierre del 2025 es el 38%. Y solo el 51% de hogares tiene agua las 24 horas del día. Seis puntos porcentuales por debajo del 2020 (57%).

La poca capacidad de gestión pública del Estado impacta directamente en el descontento de los peruanos con el mismo Estado y la clase política, lo que muchas veces los lleva a votar por candidatos antisistema, como Castillo. El problema es que estos candidatos antisistema suelen ser malos gobernantes porque no saben de gestión pública ni tienen cuadros técnicos que suplan sus deficiencias. Además, la plataforma desde la que postulan los obliga a proponer reformas populistas que ahondan los problemas y debilitan –aún más– la institucionalidad, ahuyentan la inversión privada, aumentan la pobreza y, como consecuencia, la insatisfacción de los ciudadanos.

Hay mucho que está en juego, y la decisión que usted tome este domingo 7 tendrá un impacto directo en nuestra calidad de vida en los próximos años. Ahora la pregunta se la hago a usted: ¿en qué país le gustaría vivir?

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fuente: elcomercio.pe

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