El voto oculto

En los últimos días, Fuerza Popular y Juntos por el Perú han realizado acciones para tratar de sanear algunos pasivos que los están persiguiendo.

Keiko Fujimori fue a Huancayo y Arequipa, con todos los cuidados y previsiones posibles, para tratar de demostrar que podía pisar y bailar en el centro y el sur, y sobre todo allí donde Juntos por el Perú tiene una importante fuerza electoral. Si todo fue apoyo real o un muy buen montaje con el apoyo de grandes portátiles trasladadas para el efecto, lo veremos en el cómputo final por regiones.

Roberto Sánchez, por su parte, terminó firmando lo que dijo que no firmaría, un “compromiso por el Perú”, o sea, una hoja de ruta. Busca recoger los principales caballitos de batalla de los grupos y organizaciones del centro a la izquierda, planteados y redactados como generalidades que hacen casi imposible estar en desacuerdo, pero sin tocar/deslindar/ratificar los temas más controversiales que el mismo Juntos por el Perú puso sobre la mesa. Busca obtener apoyo de ese electorado que todavía ve con miedo a Sánchez, y que no quiere votar por Keiko Fujimori.

No sabemos todavía si esto, y su desempeño en el debate de anoche, los ayudará a romper en parte la desconfianza que un gran sector siente hacia ellos; pero sí sabemos, en base a lo que nos dijeron las últimas encuestas que se podían difundir públicamente, en las que la distancia se ha estrechado, que cualquier cosa puede pasar el domingo 7 de junio, si algo extraordinario no ocurre en estos próximos seis días.

Al margen de las diferencias en las cifras que separan a Keiko de Sánchez, una de las cosas que llama la atención, si miramos todas esas encuestas, es que en algunas lo que sube es el voto viciado y blanco, y en otras es la indecisión la que aumenta.

Esto –que podría ser la comprobación del rechazo a ambos rivales en el caso del alto voto viciado; o que para algunos puede ser el éxito y para otros el fracaso de lo planteado por Jorge Nieto– puede esconder algo más.

El rechazo a ambas candidaturas –y la disyuntiva que se le plantea a cada elector en la que se ve, literalmente, obligado a votar por alguien por quien nunca hubiera votado para evitar que el contrario llegue, o a viciar su voto para no ser ‘desleal’ a sus ‘convicciones’– puede estar llevando a mucha gente en varios sectores políticos, socioeconómicos y geográficos a engañar a las encuestadoras, a su entorno, y hasta a sí mismo, por ahora, para no ser política o socialmente ‘incorrecto’.

Muchos dicen que votarán por A o B, pero viciarán su voto. Mientras otros dicen que viciarán su voto, pero en realidad sí votarán por A o B para que cualquiera de ellos no llegue al poder.

¿Puede haber mucho voto oculto, escondido o vergonzante? Sí puede haber, y quizás ese voto defina al ganador del 7 de junio.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fuente: elcomercio.pe

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