“Soy más de Messi que de Cristiano”: Mikel Oyarzabal y la historia que lo une al peruano Alexander Callens, y cómo alucinaba jugar algún día con Leo

Casi un año antes de que Andrés Iniesta se coronara campeón del mundo, en Sudáfrica 2010, César Luis Menotti le estampó un apodo que lo persiguió -ilustremente- hasta el retiro y le anticipó al mundo el genio de jugar que fue. “Parece un oficinista, pero jugando al fútbol es el mejor”, dijo el hombre que llevó a Argentina a su primer título mundial. Casi tres décadas después de aquella premonición, uno ve a Mikel Oyarzabal y hay una sensación ineludible de que heredó la frase con tanta naturalidad que sorprende.

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Mikel no usa redes sociales ni se afana por la moda, tampoco por las primeras planas. Ha cumplido más de una década jugando por el mismo club, el Real Sociedad, y no parece importarle mucho su futuro más allá del club al cual también ama porque es hincha.

Nunca le atrajo ser protagonista. Ni cuando debutó con la Real Sociedad, ni cuando heredó la capitanía con apenas 22 años, ni siquiera después de marcar el gol que le dio a España la Eurocopa 2024. Mientras otros crecían entre campañas publicitarias y millones de seguidores, él seguía siendo el muchacho de Eibar que prefería pasar inadvertido. Luis Enrique lo definió alguna vez con una frase que lo retrata de cuerpo entero: “el capitán silencioso”. Quizá por eso, en la antesala de la final del Mundial ante la Argentina de Messi, Oyarzabal representa mejor que nadie el carácter de una selección que habla poco y juega mucho (y toca, también, mucho).

Oyarzabal convirtió la lealtad en un arte. A los 23 años ya había superado los 200 partidos con la Real Sociedad y nunca sintió la necesidad de marcharse para validar su carrera. Pudo hacerlo. Hubo ofertas, interés de gigantes europeos y temporadas en las que su nombre aparecía en todos los mercados. Siempre eligió quedarse. No porque le faltara ambición, sino porque entendía el éxito de otra manera. En San Sebastián dejó de ser solo un buen futbolista para convertirse en un símbolo. Un héroe común y corriente.

Eso a lo que Marcelo Bielsa define como “sentido de pertenencia”.

Spain's forward #21 Mikel Oyarzabal celebrates scoring his team's third goal during the 2026 World Cup round of 32 football match between Spain and Austria at the Los Angeles Stadium in Inglewood on July 2, 2026.  (Photo by Frederic J. Brown / AFP)

Cuando terminó el bachillerato, todavía no sabía si el fútbol le alcanzaría para vivir. Por eso se matriculó en la universidad para estudiar administración de empresas. Ese rasgo explica mucho de su personalidad: siempre priorizó la estabilidad. Es un futbolista que piensa antes de hablar y que rara vez busca el protagonismo. “Intentando no molestar, puedo ayudar mucho”, resumió en una conferencia de prensa. Una frase sencilla que termina describiendo también su manera de jugar.

El golpe más duro llegó cuando parecía listo para liderar a España en Qatar 2022. Una grave lesión de rodilla lo dejó fuera del Mundial y le arrebató el torneo que llevaba años esperando. Mientras la selección viajaba, él comenzaba una rehabilitación interminable. Fueron meses de incertidumbre y de silencio, lejos de los focos. Pocos regresos explican mejor la resiliencia que el suyo.

Hay un detalle que hoy adquiere un peso especial. Hace cinco años, durante una entrevista con el popular creador de contenido DjMaRiiO, le preguntaron si prefería a Messi o a Cristiano Ronaldo. Oyarzabal no dudó. “Soy un poco más de Messi. A todo el mundo le gustaría estar cerca de Messi, compartir con él en algún momento. Muchas veces lo sufres como rival porque es el mejor”. Nunca imaginó que ese deseo terminaría llevándolo a disputar una final del mundo precisamente contra el jugador que más admiró de su generación.

Su historia también tiene un pequeño capítulo peruano. En la temporada 2014-15 coincidió en la Real Sociedad B con Alexander Callens. El peruano ya era un defensor consolidado de la filial y entrenaba con frecuencia junto al primer equipo; Oyarzabal, en cambio, apenas era un juvenil de 17 años que empezaba a asomarse y solo disputó cinco encuentros con el Sanse. Compartieron vestuario en Zubieta, poco pero lo hicieron. Lo curioso es que más adelante volverían a cruzarse como rivales en LaLiga, cuando Callens defendía al Girona.

Alexander Callens militó en la filial de la real Sociedad. (Foito: Facebook)

Como muchos chicos de su generación, Oyarzabal creció admirando a Xabi Alonso y a David Silva. Del primero heredó el gusto por entender el juego; del segundo, la elegancia para moverse entre líneas. Pero nunca intentó parecerse a nadie. Su carrera se construyó lejos de los excesos y cerca de las pequeñas decisiones correctas: quedarse cuando todos se iban, estudiar cuando otros solo entrenaban, volver cuando muchos dudaban que recuperaría su mejor nivel. No necesitó convertirse en una estrella para ser indispensable.

Este domingo tendrá enfrente al futbolista que alguna vez confesó admirar. Messi buscará cerrar su historia con otro Mundial; Oyarzabal intentará escribir la suya con el primero y sacarse la espina de Qatar. Es una final de generaciones, pero también de maneras distintas de entender el liderazgo. De un lado estará el capitán que todos esperan que salga primero al campo. Del otro, el capitán silencioso que casi nunca levanta la voz. Y, sin embargo, cuando el partido reclama un héroe inesperado, pocas veces falla.

Al menos hasta antes de este domingo.

Fuente: elcomercio.pe

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