¿Qué pasaría si la inteligencia artificial se convirtiera en la mayor oportunidad de nuestra generación, no por lo que puede lograr por sí sola, sino por lo que permite que la humanidad alcance de manera conjunta?
La inteligencia artificial ya no es una tecnología del futuro. Ya está transformando la forma en que aprendemos, trabajamos, accedemos a la información y participamos en la vida democrática.
El desafío que tenemos por delante no es simplemente tecnológico. Es profundamente humano. La pregunta no es si la IA transformará nuestras sociedades. Ya lo está haciendo. La verdadera pregunta es si las sociedades conservarán la capacidad de orientar esa transformación de acuerdo con valores compartidos, los derechos humanos y la dignidad humana.
Por eso, la conversación sobre la inteligencia artificial no puede limitarse únicamente a la innovación. También debe centrarse en la gobernanza. Debe ser una conversación sobre ética, enfocada en herramientas concretas, marcos prácticos y acciones medibles.
En 2021, los 194 Estados Miembros de la UNESCO adoptaron la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, el primer y único marco normativo mundial sobre la ética de la IA. Este instrumento ha proporcionado a gobiernos, empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil una brújula común para garantizar que la innovación avance de la mano de los derechos humanos, la transparencia y la sostenibilidad ambiental.
Pero los principios, por sí solos, no transforman la realidad. América Latina y el Caribe están demostrando que la innovación significativa no surge únicamente de los mayores polos tecnológicos del mundo. Cada vez más, la región está mostrando cómo el Sur Global puede contribuir a definir enfoques prácticos y centrados en las personas para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Durante los últimos tres años, los países de la región han trabajado conjuntamente para adaptar e implementar la Recomendación de la UNESCO sobre la Ética de la Inteligencia Artificial a sus propias realidades, generando nuevos espacios de cooperación.
Este impulso continuó hace un par de semanas, cuando ministros, responsables de políticas públicas, investigadores, líderes del sector privado y representantes de la sociedad civil se reúnan en Santo Domingo para la Tercera Cumbre Ministerial sobre la Ética de la Inteligencia Artificial en América Latina y el Caribe. La Cumbre representó una oportunidad para acelerar la traducción de los principios éticos en políticas públicas, sistemas educativos y prácticas empresariales.
Este compromiso también se refleja en el Perú. Como parte de la colaboración entre la UNESCO y el Estado peruano, en 2025 se presentó el informe Perú: Evaluación del Estado de Preparación para la Inteligencia Artificial, elaborado mediante la aplicación de la Metodología de Evaluación de la Preparación (RAM, por sus siglas en inglés) de la UNESCO, que permiten identificar prioridades y orientar la toma de decisiones con base en evidencia. Este importante análisis examina las dimensiones social y cultural, legal, económica, científica y técnica; e identifica fortalezas y recomendaciones para avanzar hacia un desarrollo y uso ético, responsable e inclusivo de estas tecnologías. Este esfuerzo se complementa con los avances del país en normativa y formulación de instrumentos de política pública que buscan orientar el desarrollo y la adopción responsable de estas tecnologías.
En tanto, en Uruguay, empresas que desarrollan soluciones basadas en inteligencia artificial, con el apoyo de la UNESCO, han unido esfuerzos con el gobierno para crear un Consejo Empresarial sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, la primera red de este tipo a nivel mundial.
La verdadera prueba reside ahora en cómo los principios éticos se traducen en las decisiones cotidianas, tanto en las aulas como en las salas de directorio. Las instituciones públicas deben contar con las capacidades necesarias para ejercer un liderazgo responsable en la era de la inteligencia artificial. Con el apoyo de la UNESCO, los gobiernos están fortaleciendo sus competencias, conocimientos y herramientas para responder a este desafío. Estos esfuerzos trascienden la administración pública y alcanzan también al sector justicia, donde la UNESCO ha colaborado con decenas de miles de jueces, fiscales e instituciones judiciales de América Latina para fortalecer sus capacidades en el uso ético de la inteligencia artificial.
Este año, la UNESCO lanzó en América Latina y el Caribe el curso abierto en línea “Educar en tiempos de Inteligencia Artificial: ciudadanía digital desde la escuela”, diseñado para ayudar a docentes y educadores a comprender los algoritmos, la desinformación, la participación digital y las implicancias éticas de la inteligencia artificial. Más de 30.000 personas de la región y de otras partes del mundo ya se han inscrito, convirtiéndolo en uno de los cursos en línea con mayor participación en la historia de la UNESCO. El mensaje es claro: las personas no solo quieren acceso a la tecnología; quieren sentirse empoderadas para desenvolverse en la era de la inteligencia artificial, con una IA ética desde su diseño.
La inteligencia artificial no debe ser una fuerza que simplemente actúe sobre las personas. Debe ser una herramienta que las personas puedan diseñar, gobernar y utilizar para promover la dignidad humana. Por ello, el futuro de la IA dependerá no solo de los avances tecnológicos, sino también de nuestra capacidad para construir alianzas sostenibles.
Desde el Sur, América Latina y el Caribe están mostrando el camino, demostrando que los países no necesitan elegir entre el desarrollo tecnológico y las salvaguardas éticas. Pueden —y deben— avanzar en ambos frentes de manera simultánea, con las personas y para las personas.
Fuente: elcomercio.pe