Abelardo de la Espriella y sus desafíos en Colombia: “Quiere aplicar la mano dura, pero la situación no es tan fácil por el país que deja Petro”

El mandato presidencial de Abelardo de la Espriella en Colombia inicia oficialmente este viernes 7 de agosto, en medio de una gran expectativa alrededor de cuánto cambiará la gestión del país sudamericano luego del periodo de Gustavo Petro, quien mantenía una línea política ubicada en las antípodas del discurso del mandatario entrante.

El nuevo presidente llega con un programa de campaña centrado en la reducción del Estado, la mano dura contra el crimen y un rechazo frontal al plan de “Paz Total” de su predecesor, además de un acercamiento a Estados Unidos.

En diálogo con El Comercio, la periodista y directora del diario “El Colombiano”, Luz María Sierra, analiza qué país recibe De la Espriella junto a la viabilidad de algunas de sus propuestas capitales.

A juicio de Sierra, parte de los desafíos que deberá enfrentar el líder de derecha no tradicional no solo se remitirá a la ejecución de su programa, sino al abordaje de la política interna, desde la gestión de su relación con el uribismo y el distanciamiento de un petrismo que buscará volver a la presidencia dentro de cuatro años.

Luz María Sierra, directora del diario El Colombiano. (Foto: El Colombiano)

—¿Cuál es la expectativa de cambio con la llegada de un presidente con una línea diametralmente opuesta a la de Gustavo Petro?

La expectativa está dada por el fracaso que fue el gobierno de Petro en varios sentidos. Dejó destruido el sistema de salud, la gente no tiene acceso a medicamentos y hay más de un millón de personas sin acceso a la salud, según la Contraloría General de la República.

En materia de seguridad, la Paz Total fue un fracaso total, los grupos armados se duplicaron y el Clan del Golfo aumentó casi en 250% su número de integrantes y se perdió en control territorial. El tema fiscal es dramático, pues deja una deuda que supera el 60% el PIB, un crecimiento del Estado y la burocracia impresionante, en el que se ha despilfarrado mucho, siendo algo parecido a lo que Gustavo Petro hizo en Bogotá [cuando fue alcalde], donde dejó desastres que le tocó arreglar a Enrique Peñalosa.

Es lo mismo que le va a tocar a Abelardo de la Espriella, llegar y organizar, y la gente tiene la esperanza de que eso suceda. Él no tiene trayectoria en el manejo del Estado, pues era un abogado litigante exitoso. Sin embargo, su vicepresidente, José Manuel Restrepo, es un tipo muy reconocido y sensato, con trayectoria en el trabajo estatal y el manejo de universidades.

El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, saluda mientras pronuncia un discurso durante la Cumbre de Seguridad Urbana, a la que asistieron alcaldes regionales en Barranquilla, Colombia, el 4 de agosto de 2026. (Foto de Vanexa Romero / AFP)

A pesar de que el eslogan de De la Espriella era haber sido parte de “los nunca” —en referencia a no haber vivido jamás del dinero del Estado—, por fortuna eligió a varios de “los de siempre”, pero aquellos con trayectoria que dan un poco de certeza ante la incertidumbre que había vivido el país en los últimos cuatro años sobre la posibilidad de arreglar las crisis que deja el gobierno saliente. El mismo vicepresidente electo señaló que Colombia estaá en una situación de posguerra.

—Si bien mencionaba que De la Espriella no tiene una experiencia política previa, desde fuera se tiene la impresión de que por su buena relación con ciertos sectores el nuevo presidente no es totalmente ajeno al oficio político. ¿Existe esta percepción en Colombia?

Sí, porque cuando era litigante se relacionaba con muchos poderes, en particular con la Fiscalía, y los casos que llevaba eran muchas veces de trascendencia nacional. En general, De la Espriella fue un niño precoz y negociante, como esas personas que le jalan a todo. Cuando fue adulto no solo fue exitoso en su bufete de abogados: cuando quiso cantar y cantó, luego quiso crear una marca de ron para luego retirarse de su función en el derecho. Personas que lo conocen me dicen que le gusta triunfar, entonces su objetivo es hacer un buen gobierno, pero todo es expectativa por ahora.

—El electorado optó por De la Espriella frente a la derecha tradicional. ¿Cómo es vista la derecha que encarna el nuevo presidente en Colombia, que él mismo calificaba de distinta de la tradicional?

Lo que está ocurriendo estos días es que a los que siempre habían tildado de derecha, que era el Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe, pues ahora ya no son los mismos. Pero eso es un juego político. Abelardo De la Espriella primero se posicionó como el más uribista, pero cuando ganó hubo personas de su grupo que querían en zafarse de la imagen de Álvaro Uribe para reivindicar que quien llegó a la presidencia es el que manda. Es una historia muy larga, pero el resumen es que hay un sector del equipo de De la Espriella que quiere apartar la figura de Uribe. No se sabe si por un problema personal histórico entre el expresidente con Carlos Suárez, estratega de campaña del presidente entrante, o si es por dejar el camino limpio para dejarle vía libre a De la Espriella como único líder. Hay una pelea por ver quién es dueño de ese sector político porque en menos de dos años vienen las elecciones locales, que definen las alcaldías y las gobernaciones.

De la Espriella y Uribe.

Abelardo de la Espriella llegó prácticamente solo porque no tiene bancada en el Congreso, sino solo un partido que tiene cuatro senadores de 103, que es nada. Entonces su estrategia es conquistar a los alcaldes y a los gobernadores de hoy para tratar de que les vaya bien en las elecciones locales.

Lo que ha trascendido como una pelea dentro de la derecha colombiana es más un juego político. Sí es una fricción importante la que hoy existe entre esas dos vertientes, aunque más que nada se está jugando como una guerra fría por debajo, en las redes sociales.

No obstante, por encima De la Espriella invita a Álvaro Uribe a su toma de posesión y este último es muy políticamente correcto al decir que no va porque sus problemas jurídicos no se lo permiten, pero en última instancia todavía existe esa tensión.

Esto ha tenido lugar en las bodegas de ambos lados en las redes sociales, aunque han sido sobre todo las del presidente las que han buscado golpear a Álvaro Urbe. Eso está en pleno proceso porque con el fin de la campaña eso fue una explosión y peleaban más los partidarios de De la Espriella con los de Uribe que con la izquierda y si bien ha ido bajando un poco la temperatura, todavía no se ha resuelto.

Los espriellistas parecen hoy por hoy en Colombia una derecha más extrema, pero eso es en el discurso porque para ganarse a todo el antiperismo se fueron a ese extremo y no sé si en la práctica política de gobierno van a ser así. En general su gabinete no es tan extremo.

—¿De la Espriella va a necesitar de todas maneras del uribismo para gobernar sin apuros?

Sí, se le he visto en las últimas semanas un poquito menos peleador contra el uribismo y tiene que ver con eso. A la hora de elegir al presidente del Congreso, Abelardo de la Espriella perdió y ganó la opción del Centro Democrático, ya que el Pacto Histórico de Petro también votó por el candidato de Uribe.

Los espriellistas comenzaron a hablar de “petrouribismo”, pero eso no pega pues la gente sabe que históricamente Uribe le ha dado batalla a Petro y creo que se han dado cuenta de que no les sirve esa estrategia. Por eso están tratando ahora de ser más cordiales con Álvaro Uribe y el Centro Democrático, pues viene la elección del contralor general y creo el grupo de gobierno no puede seguir sumando derrotas en el Congreso.

Lo que pasó en la elección del presidente del Congreso fue algo realmente extraño porque los votos del uribismo y del petrismo no parecían alcanzar para elegir al presidente Congreso, pero lo lograron. Entonces se mostraba muy endeble un presidente de la República que no es capaz de manejar el Congreso recién entrando. De la Espriella perdió esa primera y por eso se cree que están tratando de acercarse.

El uribismo fue el primer partido que se declaró de gobierno y desde que lo hizo lo empezaron a maltratar. Eso quedó como un herida abierta, pero a ambos grupos les sirve estar juntos, por lo que entenderán más temprano que tarde que deben unirse.

—¿El discurso del presidente de mano dura contra el crimen inspirado en el de Bukele se ve realmente replicable en el contexto colombiano?

A mí me parece difícil de aplicar. Colombia no es El Salvador y el problema de la seguridad está en todo el país. Se vive mucho más el problema en el campo que en las ciudades, aunque también existe esta problemática en entornos urbanos. Tenemos a una historia de conflicto y temas de derechos humanos que hacen muy difícil la aplicación.

Abelardo de la Espriella quiere aplicar una mano dura, pero la situación no está tan fácil porque Gustavo Petro acabó con muchos de generales de inteligencia, con cierta capa de experiencia en las fuerzas militares y de policía. Mientras reconstruyes eso te demoras y una megacárcel tampoco se hace de un día a otro. Además, hay un problema fiscal importante.

Venimos de una situación muy distinta a la de El Salvador, en donde el presidente de la República de Colombia había dado a los grupos criminales una especie de carta blanca porque los llamaba gestores de paz. Las fuerzas militares no los podían capturar y si lo hacían los tenían que soltar, para que luego estos terminaran haciendo masacres, una cosa absurda. Sin embargo, el solo hecho de que eso se acabe y que los criminales no se sientan resguardados por el presidente ya genera un cambio en el país. Sucede con el retorno de la cooperación con otros países que quieren combatir a estos grupos, que son básicamente narcotraficantes, algo que también va a generar un cambio.

Una motocicleta pasa junto a una plantación mixta de café y hoja de coca en Argelia, departamento del Cauca, Colombia, el 6 de mayo de 2025. (Foto de JOAQUIN SARMIENTO / AFP).

Más allá de esto, no creo que termine tratándose del modelo Bukele. De pronto el presidente construirá alguna cárcel o llevará a algunos criminales y hará acciones simbólicas porque ha demostrado ser muy hábil en el tema del marketing. Probablemente por ahí puede que haga parecer algunos episodios como los de la estrategia de Bukele, pero, por otro lado, estructuralmente, se necesitan cambios que permitan a decirle a la gente que el crimen paga.

Lo que pasaba con Gustavo Petro es que en los discursos incluso legitimaba el crimen. Decía que los que robaban teléfonos eran unos pobres muchachos que querían llevarle unas chocolatinas a la novia y decía los del Tren de Aragua eran jóvenes buscando su destino. Que desde la cúpula del Estado alguien esté promocionando el delito pues es distinto de alguien que diga que aquí no se seguirá delinquiendo.

No veo a Abelardo de la Espriella haciendo estas escenas como en las cárceles de El Salvador con todas esas personas tiradas en el suelo esposadas, lo veo más capturando a uno o dos de estos grandes criminales y exponiéndolos mientras son llevados con esposas a prisión.

—¿La recuperación territorial frente al crimen es más viable que implementar esa estructura bukelista?

No va a ser fácil ya que desde el proceso de paz Colombia ha multiplicado su número de hectáreas sembradas de coca, que son más de 200.000 y tienen todo un sistema que está explotando, entre cultivadores, comercializadores y más. Los especialistas dicen que esto fue lo que le ayudó a Gustavo Petro a mantener unos indicadores económicos más allá de los fiscales que si bien no eran buenos, generaban una sensación de menos desempleo.

Supuestamente en Colombia hay menos desempleo, no obstante, cuando no miran las cifras en detalle se ve que creció el empleo por cuenta propia y de repente aparecieron millones de emprendedores. Estos últimos no lo son, sino que se considera que el dinero que entró por los negocios ilegales del oro, el narcotráfico y otros está irrigando el sistema económico del país desatando una catarata de crecimiento económico. No se sabe qué pasará cuando empiecen a perseguir a estas personas.

Al menos 19 muertos dejó un atentado con explosivos en una carretera del Cauca el 25 de abril de este año. La zona tiene una amplia presenta de grupos guerrilleros. (JOAQUIN SARMIENTO / AFP)

En Antioquia, la minería ilegal está acabando con todos los territorios. Cuando se quema alguna de las dragas, estos grupos reaccionan con movilizaciones o paros armados, entonces hay que ver qué va pasará cuando se aplique mano dura y cómo reaccionarán.

—Teniendo en cuenta que las elecciones colombianas se han resuelto con un margen estrecho, ¿se espera alguna concesión programática o ideológica del presidente para complacer a la población que no votó por él o hará una ejecución implacable de su proyecto?

Yo no veo ninguna concesión y realmente ese va a ser otro de los temas que puedes tener ocupado al país y el presidente en los próximos cuatro años. En las últimas semanas Petro dijo que De la Espriella se va a conocer como “Abelardo El Breve” porque no va a durar y lo van a tumbar. De eso nunca se había hablado en Colombia y Petro lo dijo siendo todavía presidente, alborotando e invitando a la movilización, lo único en lo que ha sido medianamente bueno y solo le queda eso.

Recurre por dos cosas: la primera es quiere recuperar el poder dentro de 4 años para alguna persona cercana a él y en segundo lugar es porque en su periodo tuvo demasiados escándalos. En “El Colombiano” hicimos un listado de 90 de estos eventos hace un mes y en el tiempo más reciente ha habido más escándalos de dimensiones absurdas.

Por ejemplo, a la esposa de la que está separado le había entregado Ecopetrol, la gran petrolera del país, junto a unos catalanes. Un audio reveló que la señora señalaba que necesitaba 50.000 dólares para sobrevivir, pero esos socios le entregaban 2 millones de dólares.

Hay una gran cantidad de evidencias de corrupción en ese gobierno y es tanta que Petro necesita hacer ruido para que no lo investiguen y asustar a quienes quieran hacerlo como medida de presión.

—¿Qué se puede esperar de la gestión internacional del presidente entrante en frentes como el del alineamiento regional hacia la derecha, una relación que se espera estrecha con Estados Unidos y la proximidad geográfica con Venezuela?

Hay casi tres millones de venezolanos en Colombia, muchos muy integrados al país, que en realidad han sido una aporte muy interesante, pero todavía no sabría qué esperar de esa relación (con Venezuela).

Abelardo de la Espriella dijo que no iba a salir del país ni un día, que solo se iba a dedicar a Colombia y para la toma de posesión de la presidenta del Perú envió al vicepresidente y el canciller. Me parece que él va a tratar de mostrar esa diferencia porque Gustavo Petro se la pasaba en el exterior, dedicándose un poco a hacer campaña de sí mismo.

Y la sensación que tengo es que es evidente que la conexión con Estados Unidos irá incluso más allá que la que tuvo cualquier predecesor. Las placas tectónicas de la política se están moviendo de manera cada vez más diferente, los proyectos de izquierda y derecha progresivamente se están alienando —en sus espectros— de forma más marcada. De la Espriella está muy de lado de Donald Trump, muy cerca de Marco Rubio y no veo que eso vaya a cambiar, no tendría muchos motivos para eso.

Eso tiene implicaciones en el continente, pues para Estados Unidos supone recuperar lo que había sido un bastión suyo en América Latina, como tal vez creo que fue Perú, junto a su hegemonía en la región.

Además de seguir cercanos a Estados Unidos veo a Colombia volviendo a tejer relaciones con Israel, que se habían roto con Petro. De la Espriella dijo que no tendrá relación con Cuba ni con Palestina, volviendo un poquito a lo que siempre había sido Colombia alineada a un sector. Independientemente de ello, no he visto al presidente muchas propuestas de orden de política exterior, no es ese su fuerte.

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Fuente: elcomercio.pe

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