El gobierno de Keiko Fujimori está próximo a recibir una economía que, dentro de las dificultades internacionales y locales que enfrenta, continúa creciendo a niveles cercanos a los registrados en el 2025, demostrando su resiliencia. Diversos sectores destacan por su buen desempeño –especialmente los no primarios– mientras que otros, más bien, acusan el severo impacto climático derivado del fenómeno de El Niño (FEN), que ha vuelto a presentarse una vez más.
Un reciente informe de Scotiabank revela que la economía peruana habría registrado una expansión cercana al 3 % entre abril y junio; un ritmo inferior al percibido en el primer trimestre (3,5%), pero que se ubica dentro de lo previsto si consideramos el golpe que ya ha sufrido el PBI anual en sectores como pesca (-73,1%) y manufactura primaria (-41,7%) al quinto mes del año. Se trata de contracciones sectoriales significativas que no se pueden subestimar ni pasar por alto. A ello se suma la advertencia formulada en el último reporte del Enfen, el cual señala que no se puede descartar un evento de magnitud extraordinaria por El Niño costero hacia finales de este 2026. Bajo este panorama, las expectativas resultan inciertas y la alerta es clara.
Aun así, los indicadores más recientes sugieren que el potencial de crecimiento de la actividad productiva peruana se sostiene a pesar de estos embates. De hecho, el BBVA Research reveló en junio pasado que la inversión privada –indicador clave para nuestra economía– habría crecido un 13% durante el segundo trimestre, acumulando así una expansión de doble dígito desde el tercer trimestre del año anterior. En paralelo, el empleo formal se mantiene al alza. Quizás hayan sido estos datos los que llevaron a la presidenta a pronosticar un crecimiento del 3,8% al cierre del año para la economía peruana durante una entrevista brindada a “El Universo” de Ecuador dos semanas atrás; una proyección que se sitúa por encima del 3,4 % previsto por el BCR, y que podría pecar de optimista si se considera que el segundo semestre se perfila, de forma inevitable, como un período más retador.
En los próximos días, el entorno de Fujimori tendría ya un balance detallado que revelará el estado real en el que reciben las distintas entidades públicas que asumirá su gestión. Será entonces cuando su equipo económico y político tenga mayor claridad sobre los urgentes pendientes a resolver en el corto plazo. Lo primordial, sin duda, pasa por revisar las obras inconclusas para enfrentar un FEN sumamente complejo –tales como proyectos de infraestructura destinados a contener las lluvias y mitigar desastres–, así como ejecutar las correcciones requeridas ante el incremento del gasto público (surge la gran incógnita: ¿se atreverá el próximo Gabinete a acudir al Tribunal Constitucional para demandar la inconstitucionalidad de las iniciativas de gasto irresponsablemente aprobadas por el Congreso vigente?).
A esta agenda inicial añado otro asunto importantísimo, que no puede quedar en el olvido: el gobierno entrante debe asumir, desde el primer día, una política de reducción de la pobreza, respaldada por metas específicas y con la mirada puesta en el cierre de brechas sociales, si quiere demostrar que está dispuesto a gobernar por el bienestar general. Si defendemos que el crecimiento económico es indispensable para elevar los índices de desarrollo humano, es momento de demostrarlo.
Fuente: elcomercio.pe