La Declaración Universal de los Derechos Humanos es el documento jurídico más importante en la historia de la humanidad, porque consiste en la expresión normativa de los derechos naturales. En este caso lo jurídico, en cuanto concreción de la dignidad humana, se manifiesta en su total positividad.
Este texto fue aprobado por la mayoría de las delegaciones que integran la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 10 de diciembre de 1948. En el fondo, es la constitución de todos los pueblos. Con el devenir del tiempo, diversas constituciones los han incorporado.
Al margen de esta creación jurídica, ¿qué son los derechos humanos en la realidad? Respuesta simple: somos nosotros, la persona en toda su dignidad. Como bien dice el Papa en su reciente encíclica: “La dignidad fundamental no se adquiere, no debe de ganarse ni necesita ser demostrada”. Digamos, en otros términos, que es como una operación matemática en donde se llega a un resultado sin demostración empírica, porque tiene una verdad de coherencia interna, es decir, es evidente para la razón. Así, 2+2=4, es así en el Cusco o en Hong Kong.
El ser humano vale por el hecho de serlo, no por lo que tiene, sino por lo que es. No por sus condiciones extrínsecas, sino por las intrínsecas, aunque nos rebelamos contra nosotros mismos y nos neguemos a ser lo que somos, como dice Albert Camus en “El hombre rebelde”.
Quienes se han dedicado al estudio y aplicación de estos derechos nos explican que han pasado por diversas etapas. Aquellos que se refieren al derecho a la vida, a la dignidad. También en esta relación están el derecho al honor, a la libertad, a la igualdad y a participar en la vida política de una comunidad, entre otros. Son la primera generación de los derechos humanos. Después vendrán los económicos y sociales, posteriormente los relacionados con la protección del medio ambiente y finalmente al desarrollo pleno e integral del ser humano.
Estos derechos son universales, iguales, imprescriptibles e inembargables. Por eso León XIV nos recuerda que “por desarrollo humano integral, entendemos un proceso en el cual el crecimiento de las personas y de los pueblos abarca todas las dimensiones de la existencia y abre el futuro a las generaciones venideras”.
Los peruanos debemos poner atención a estas palabras del Papa porque, como un pueblo mayoritariamente católico, debemos respetar la dignidad de cada uno. Por ello debemos apoyar aquellos organismos internacionales que defienden los derechos humanos y rechazar ese discurso antihumanista y demagógico que plantea retirarnos tanto de la Convención Interamericana como de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos.
Dime cómo se respetan los derechos humanos en tu país y te diré qué tipo de país tienes.
Fuente: elcomercio.pe