Catábasis

Sánchez fue. A partir de hoy, ya solo lo veremos aparecer en algunas ocasiones sociales con su sombrero y la gente se preguntará si llegaron los mariachis. Una buena mitad del país respira aliviada, satisfecha de que el proyecto farsesco e irresponsable que él encarnaba haya quedado en el camino. Ahora, sin embargo, otras angustias nos asaltan; angustias relacionadas con el ascenso de la señora Fujimori a la presidencia. Y no nos referimos a las supuestas posibilidades de que, a consecuencia de algún misterioso dictado genético, quiera eternizarse en el poder como su padre. Esa es una paparrucha que no resiste análisis. Las preocupaciones que surgen tienen que ver, más bien, con las decisiones que ella pueda tomar o dejar de tomar en la conformación de su futuro gobierno o ya una vez instalada en Palacio. El ‘casting’ para su primer gabinete, por ejemplo, entraña retos que no deben ser subestimados. Es cierto que a través de la selección de sus integrantes le conviene dar una imagen de apertura. Pero no por eso tiene que morder el anzuelo del equipo ministerial de “ancha base” que le lanzan desde sectores cercanos a los derrotados. Una cosa es que no se rodee únicamente de fujimoristas y otra, que arme un mosaico de piezas contradictorias que le impida cumplir con la responsabilidad que tiene por delante. No puede enrolar, verbigracia, unos ministros que quieran reformar Petro-Perú y otros que no. Tampoco sería sensato, por otra parte, llenarse de enfajinados provenientes de partidos prácticamente desaparecidos tras la primera vuelta. Convocar a tal o cual persona de una de esas organizaciones por sus virtudes técnicas no estaría mal. Pero convertir el primer Consejo de Ministros en una variante del museo de la memoria constituiría una torpeza absurda y el desaprovechamiento de la oportunidad de causarle una buena primera impresión a la ciudadanía.

–Leyes prodéficit–

Su reto más importante, no obstante, está en su relación con el Congreso y, sobre todo, con su propia bancada. Esa bancada en la que no son pocos los representantes que repiten el plato y que en el período parlamentario que culmina votaron ruidosamente a favor de iniciativas regalonas que ahora le complicarán a ella la tarea de gobernar. Leyes sobre bonificaciones, homologaciones, exoneraciones tributarias y demás con un serio impacto fiscal negativo. Literales leyes prodéficit. Y la culpa no es solamente, como se ha intentado argumentar desde Fuerza Popular, del Tribunal Constitucional, que dejó abierta la puerta para que los congresistas tuvieran iniciativa de gasto, sino también de los parlamentarios naranjas que decidieron ser tan populistas como sus colegas de izquierda… sin que ninguna autoridad partidaria les llamara la atención.

Algún tiempo atrás, Keiko padeció prisión injusta por casi un año y medio, y luego recuperó su libertad. Una experiencia que equivale a ese descenso a los infiernos que los tratados de mitología llaman ‘catábasis’, y en el que los protagonistas adquieren un conocimiento iluminador que les servirá para su vida posterior a su retorno al mundo de los vivos. ¿Aprendió ella durante ese duro trance algo que la aleje de la soberbia, la piconería y la frivolidad que le hemos visto exhibir en un pasado no tan remoto? Según su propio testimonio, sí. Y la prudencia y la humildad con las que ha desarrollado esta vez su campaña presidencial tienden a confirmarlo. Esperemos que así sea por el bien de todos y que no se ande distrayendo con pruritos necios. Si cuando la señora estudiaba, por ejemplo, era ‘estudiante’, ahora que presida será ‘presidente’. Y así se la podrá llamar sin que ella o sus correveidiles se despeinen.

Fuente: elcomercio.pe

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