Colombia rechaza la izquierda

Por menos del 1% del voto, Colombia ha rechazado la izquierda extrema en las elecciones presidenciales este domingo. Abelardo de la Espriella, de derecha, será el próximo presidente y convierte su país en el octavo en la región de repudiar el socialismo en las urnas desde finales del 2023.

De la Espriella, un ‘outsider’ de la política colombiana, promete recuperar la seguridad, incrementar la libertad económica y reducir el tamaño del Estado. Sus propuestas son contrarias a las que presentó Iván Cepeda, el candidato oficialista y representante de la continuidad con las políticas del presidente Gustavo Petro.

En sus cuatro años de gobierno, Petro logró desacelerar la economía e incrementar la delincuencia. Incrementó impuestos, algo que desalentó el crecimiento y la inversión, y aumentó el gasto público notablemente. Por ejemplo, implementó un impuesto al patrimonio y subió las tasas impositivas efectivas a las corporaciones sustancialmente. Esto incluyó a las industrias financieras y de hidrocarburos en una economía en la que el petróleo, el gas y la minería son sectores importantes. En busca de una transición energética, Petro dejó de firmar contratos nuevos de exploración de petróleo, gas y carbón.

Gastar más de lo que ingresaba generó déficits fiscales cada año –hasta llegar a 6,7% y 6,4% del PBI en el 2024 y 2025, respectivamente– disparó la deuda pública por encima del 60% del PBI y ayudó a desacelerar la economía a un ritmo inferior a lo que experimentaron los predecesores de Petro. La promesa del presidente de convocar una asamblea constituyente, algo que Cepeda prometió al principio de su propia campaña, sin duda contribuyó con la incertidumbre y la desaceleración económica.

La llamada “paz total” de Petro también fracasó. El negociar con grupos narcotraficantes y otras organizaciones criminales solo logró incrementar la extorsión, la expansión de grupos armados, el secuestro y la explosión de la producción de coca y cocaína.

A pesar del fuerte aumento del gasto público antes de las elecciones, la democracia colombiana optó por el cambio. Lo más notable de De la Espriella es que dice que –a diferencia del gobierno actual y los partidos del establishment colombiano– quiere reducir el Estado en un 40% y desregular la economía sustancialmente. Mas allá de indicar que despediría a 700.000 funcionarios, no queda claro cómo reduciría el Estado.

Lo llamativo, sin embargo, es que en ese sentido De la Espriella representa un cambio con el pasado: reconoce que un Estado sobredimensionado es el problema, no la falta de recaudación. Según el analista Daniel Raisbeck, de hecho, “los ingresos totales del [gobierno nacional colombiano] aumentaron en un 269% entre 1990 y el 2024. Sin embargo, el gasto total durante el mismo período, empezando desde un nivel superior, creció en un 372%”. Es eso lo que ha contribuido fuertemente a producir el estancamiento colombiano.

¿Podrá De la Espriella lograr achicar el Estado y reactivar la economía para llegar al 7% de crecimiento como propone? Reabrir o liberalizar el sector minero-energético suena bien, así como la regla de eliminar dos regulaciones por cada regulación nueva que se haga, pero De la Espriella no tendrá mayoría en el Congreso. Algunas reformas podrán pasarse por decreto, pero muchas se tendrán que negociar, algo que reduce la probabilidad de que se realicen.

También se reducen las expectativas al apreciar que el presidente electo quiere preservar programas sociales costosos y que ha propuesto fijar la tasa hipotecaria a 30 años en 2%, cosas que socavarían las propuestas positivas en otras partes de su agenda. Claramente, De la Espriella no es un liberal y hace falta detalles respecto a su plan económico, todo esto sin llegar a hablar de su plan de seguridad, para poder evaluarlo bien. Lo que sí podemos concluir por ahora es que Colombia se salvó del abismo que prometía la izquierda extrema.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fuente: elcomercio.pe

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