Convento de los Descalzos: la histórica apertura de sus puertas a las mujeres hace 57 años |FOTOS

La capital limeña vivía a fines de la década de 1960 una fiebre de restauraciones en sus iglesias y conventos. El centro histórico exigía cuidados urgentes frente al deterioro evidente de sus reliquias coloniales.

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En medio de este afán, por ejemplo, el Convento de San Francisco había inaugurado su sala capitular, “El General”, con una inolvidable “Misa Criolla” de Chabuca Granda. Fue el inicio de una nueva política de puertas abiertas para atraer al público interesado en el arte religioso.

Lima, 8 de junio de 1969. Mujeres ingresan por primera vez en el Convento de los Descalzos en el Rímac. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio) El Comercio da la sorprendente noticia a todo el país. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

Bajo esa premisa, el Convento de los Descalzos, ubicado en el distrito del Rímac, tomó una decisión trascendental. Debieron pasar 373 años para que sus muros aceptaran, por primera vez, la presencia de mujeres en su interior.

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La fecha elegida no fue casual: el domingo 8 de junio de 1969, hace 57 años, día de la fiesta del Corpus Christi. Lima celebraba con unción procesiones y misas, pero la verdadera noticia estaba al otro lado del río.

CONVENTO DE LOS DESCALZOS: EL DÍA QUE LA HISTORIA CAMBIÓ

A las 10 de la mañana de esa jornada dominical, decenas de mujeres se sumaron a un grupo de visitantes para recorrer el recinto. El ingreso fue autorizado por el R.P. Provincial, Fray Odorico Sáiz (1912-2012).

Cada detalle religioso del Convento era admirado por las nuevas visitantes. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)Debieron pasar mucho más de tres siglos para ver visitas externas del sexo femenino. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

Fray Odorico era un visionario que comprendió la necesidad de acercar el convento a la comunidad. Su vocación religiosa lo llevó a ser, cuatro años después, en 1973, Obispo Vicario Apostólico de Requena, y luego ser consagrado Obispo en 1974.

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Las pesadas puertas de madera se abrieron lentamente. Cerca de 700 personas iniciaron un recorrido que desvelaría secretos guardados por generaciones. Las visitantes admiraron con respeto la solemnidad de un santuario que desafiaba el paso de los siglos.

Al mediodía, el atrio de la capilla de «San Francisco Solano» rebosaba de fieles. El R.P. Francisco Javier Ampuero Nájar celebró una misa que resaltó la importancia de la festividad y la histórica apertura del claustro.

Música sacra, un modesto almuerzo y mucha gente dio el toque final a la jornada histórica. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

Tras la ceremonia, a la una de la tarde, los invitados disfrutaron de un sencillo almuerzo en los pasillos del convento. Fue una jornada donde el arte y la convivencia se fusionaron en un entorno de paz monástica.

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CONVENTO DE LOS DESCALZOS: TESOROS BAJO EL SELLO DE LA CLAUSURA

Durante el recorrido, los asistentes pudieron contemplar altares de una belleza inusual. Destacaba especialmente la capilla de la Virgen del Carmen, una obra en madera con incrustaciones de concha de perla que, hasta entonces, permanecía bajo estricta clausura.

El convento ocultaba, además, leyendas que erizaban la piel. Entre ellas, la del «Cristo de Santiago“, una pintura del quiteño Miguel Santiago sobre la que pesaba el mito de un artista que habría sacrificado a su modelo para capturar la agonía perfecta del Nazareno.

Las visitantes fueron retirándose del convento a de pocos. Fue un día intensa espiritualidad y de íntimo festejo. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

Lamentablemente, el grupo de visitantes no pudo ver esta joya secreta. Según informó El Comercio al día siguiente, el cuadro se hallaba en una capilla interior fuera del alcance del público, aunque Fray Odorico Sáiz prometió que sería posible verlo en otra ocasión.

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El Convento de los Descalzos, fundado en 1596 por San Francisco Solano, el incansable apóstol del Perú y América, se erigía entonces como un testigo silencioso de la fe limeña. Aquel grupo de invitados privilegiados recorrió con asombro cada pasillo, rincón y patio del monasterio.

Ellas se adentraron incluso en las celdas donde los religiosos más notables en ciencia y virtud habían orado y meditado durante más de tres siglos. La experiencia fue un “viaje inmersivo” al pasado, donde el peso de la historia parecía detener el tiempo entre sus coloniales muros.

Fuente: elcomercio.pe

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