De la tv noventera al Mundial: Brasil vs. Japón, el partido imposible de Oliver Atom por fin existe y por qué los samuráis pueden acabar con Neymar

Hubo una generación que aprendió a amar el fútbol antes de entender una táctica o memorizar una alineación. Lo hizo frente al televisor, viendo a un niño de enormes ojos correr durante capítulos enteros hacia un arco que parecía estar al otro lado del planeta. Para millones de aficionados, Japón nunca fue únicamente la selección que comenzó a sorprender en los Mundiales del siglo XXI. Mucho antes de eso ya era el país de Oliver Atom, Benji Price, Steve Hyuga y de un sueño imposible: enfrentar a Brasil en la Copa del Mundo.

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Ese partido, que durante décadas existió únicamente en la imaginación de los fanáticos de Capitán Tsubasa —o Supercampeones, como fue conocido en Latinoamérica—, finalmente tendrá una versión real. Brasil y Japón se cruzarán en los dieciseisavos de final del Mundial 2026, un enfrentamiento que trasciende lo futbolístico para convertirse en un homenaje a una de las obras que más influyó en la expansión del fútbol japonés.

“Lo vi mil veces”, dice entre risas Juan Chacón, argentino de 44 años y especialista en anime. La primera vez que vio la serie tenía apenas nueve años y, desde entonces, nunca dejó de seguir las aventuras del número 10 japonés. Como él, millones crecieron esperando conocer el desenlace de aquel enfrentamiento con Brasil que marcó el punto más alto de la historia creada por Yoichi Takahashi.

“Este partido es como la cereza del postre”, explica Chacón. “Piensa que en Japón vienen fomentando el crecimiento del fútbol a través del anime desde los años 80. Y Brasil siempre fue su mayor influencia y referente deportivo. El entrenador de Oliver es Roberto Zedinho, quien es brasileño. Oliver va a jugar al San Pablo después de la secundaria y ahí forja su carácter y calidad para pasar al Barcelona”.

No es una casualidad. Takahashi construyó toda la evolución de Oliver alrededor del fútbol brasileño. Brasil representaba la excelencia, el destino inevitable para quien quisiera convertirse en el mejor jugador del planeta. Allí estaba Roberto Zedinho como mentor. Allí estaba el Sao Paulo como escuela. Allí estaba el estilo ofensivo que moldeó al protagonista antes de dar el salto a Europa.

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La canarinha quiere hacer valer su papel de favorito en el duelo Brasil vs Japón (Crédito: Alamy Stock Photo).

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Por eso, para muchos seguidores de la serie, Brasil nunca fue un simple rival. Era el examen final. Durante años, ese encuentro quedó suspendido en la memoria colectiva. El manga continuó desarrollando la historia, pero el anime dejó una sensación de deuda. La batalla entre Japón y Brasil se convirtió en una especie de leyenda que cada generación completó con su propia imaginación. Algunos recrearon el partido en videojuegos; otros, en foros de internet. Décadas después, incluso aparecieron animaciones creadas por aficionados que intentaban darle un final a ese duelo pendiente.

Lo curioso es que, mientras la ficción alimentaba la fantasía, la realidad comenzaba a acercarse lentamente a ella. Japón dejó de ser un invitado exótico en los Mundiales para convertirse en una selección competitiva. Clasificó de manera consecutiva, venció a potencias europeas, fortaleció su liga y exportó futbolistas a las mejores competencias del mundo. Aquella idea que parecía exagerada en los años ochenta empezó a adquirir sentido.

“Y creo que Japón puede ganarle”, sostiene Chacón. “Mundial a Mundial, Japón ha venido en alza. Y, como en el anime, que Japón ganó 3-2, puede ocurrir”.

La frase ya no suena descabellada. Brasil continúa siendo uno de los gigantes del fútbol mundial, dueño de una tradición incomparable y de una camiseta que inspira respeto en cualquier rincón del planeta. Sin embargo, el crecimiento japonés ha sido tan constante que hoy nadie considera imposible una sorpresa. El fútbol moderno ha reducido las distancias que antes parecían eternas.

Quizá ese sea el mayor triunfo de Capitán Tsubasa. No haber anticipado un marcador ni haber adivinado un cruce mundialista. Su verdadera victoria fue convencer a millones de niños japoneses de que podían competir con Brasil algún día.

Takahashi imaginó un país capaz de desafiar a la mayor potencia futbolística del planeta cuando esa posibilidad parecía una fantasía. Cuatro décadas después, esa fantasía se juega en un estadio real, con camisetas auténticas, millones de espectadores y un boleto a octavos de final en disputa.

El resultado será escrito por los futbolistas. Pero el partido ya pertenece a quienes crecieron creyendo que una cancha podía extenderse durante kilómetros, que un remate tardaba minutos en llegar al arco y que los sueños también podían dibujarse en viñetas.

Porque, a veces, el Mundial no solo enfrenta selecciones. También reúne a la infancia con el presente. Y pocas veces un partido había esperado más de cuarenta años para comenzar.

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Fuente: elcomercio.pe

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