Después de los 30: la pérdida de masa muscular de la que nadie te habló

Cuando pensamos en envejecimiento, solemos enfocarnos en las arrugas, las canas o los cambios hormonales. Pero hay algo mucho más importante que ocurre de forma silenciosa a medida que pasan los años: la pérdida de masa muscular. Y no es un asunto exclusivo de deportistas. Nos afecta a todos.

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A partir de los 30 años comenzamos a perder masa muscular de manera gradual si no hacemos nada para mantenerla. El proceso es lento, casi imperceptible al inicio, pero acumulativo. Y aunque muchas personas se preocupan por el número que marca la balanza, la realidad es que la cantidad de músculo que conservamos tiene mucho más impacto en nuestra salud futura que unos kilos de más o de menos. ¿Por qué? Porque el músculo es mucho más que estética.

Hoy sabemos que el músculo funciona como un verdadero órgano metabólico. Participa en el control de la glucosa, influye en la sensibilidad a la insulina, ayuda a regular la inflamación y juega un papel clave en nuestra capacidad de movernos, mantener el equilibrio y conservar la independencia a medida que envejecemos. En otras palabras: tener músculo no es solo verse fuerte, sino estar saludable y asegurar una pieza clave para la longevidad.

La proteína de calidad es fundamental: huevos, pescado, pollo, yogur griego, lácteos, legumbres o tofu son recomendables.

El problema es que el estilo de vida moderno no ayuda mucho. Pasamos horas sentados, nos movemos menos de lo que creemos y muchas veces comemos menos proteína de la que realmente necesitamos. A esto se suman factores como el estrés, el mal sueño y, en el caso de las mujeres, los cambios hormonales que comienzan durante la perimenopausia y continúan en la menopausia. Y aquí es donde la nutrición se vuelve una herramienta fundamental.

Para construir y mantener músculo, el cuerpo necesita aminoácidos (esos bloques que forman las proteínas). Sin suficiente proteína, es difícil reparar tejidos, recuperarse del ejercicio o conservar la masa muscular existente. Por eso, una de las recomendaciones más importantes es incluir proteína de calidad de forma distribuida durante el día. Huevos, pescado, pollo, yogur griego, lácteos, legumbres o tofu pueden formar parte de esta estrategia. Pero la proteína no trabaja sola. El músculo también necesita energía. Muchas personas, especialmente mujeres, viven en una constante restricción alimentaria: comen poco, entrenan mucho y esperan sentirse bien. Sin embargo, el cuerpo necesita combustible suficiente para mantener funciones básicas, recuperarse y preservar tejido muscular.

Y luego está el ejercicio. Si hubiera una inversión con retorno garantizado para la longevidad, probablemente sería el entrenamiento de fuerza. Levantar peso, usar bandas, hacer ejercicios de resistencia o trabajar con el propio peso corporal envía una señal muy clara al organismo: “Este músculo es necesario, no lo elimines”. Además, el ejercicio de fuerza mejora la salud ósea, el metabolismo y la calidad de vida.

Usar bandas, levantar peso, hacer ejercicios de resistencia o trabajar con el propio peso corporal contribuyen a mejorar el organismo.

La buena noticia es que nunca es tarde para empezar. El músculo es un tejido extraordinariamente adaptable. Puede fortalecerse y desarrollarse incluso en edades avanzadas si recibe los estímulos adecuados. Mantener, y si es posible aumentar, tu masa muscular no debería ser un objetivo estético, sino una estrategia de salud. Todos queremos vivir más, pero no solo se trata de cantidad, sino también de calidad, y ese músculo es clave para lograr una vida más larga y, sobre todo, mejor. //

Fuente: elcomercio.pe

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