El abuelo y nieto que definieron el Perú

La semana pasada se cumplió un año de la partida de José Antonio García Belaunde, ilustre embajador peruano. Cumplió con creces el legado de su abuelo, el internacionalista Víctor Andrés Belaunde Diez Canseco, cuyo fallecimiento se recuerda este año en su sesenta aniversario. Por ello, estas son fechas conmemorativas para la diplomacia peruana y latinoamericana.

La referencia a la región no es gratuita por cuanto ambos repercutieron en un aspecto primordial para el Perú y sus vecinos: el establecimiento de las fronteras. Históricamente, definir los linderos fue una labor incluso existencial para los Estados, aunque en el Perú, salvo contadas excepciones, hubo desinterés durante los primeros años de vida republicana. Sin perjuicio de ello, abuelo y nieto postularon dar fin a lo que Carlos García Bedoya llamó las “hipotecas territoriales” del Perú.

El abuelo fue un reconocido académico, representante del Perú ante las Naciones Unidas y brevemente Canciller, impulsando siempre la resolución de las deudas fronterizas. En 1903 ingresó al Archivo de Límites, reuniendo el conocimiento para defender el territorio peruano en litigios internacionales. Participó en el arbitraje contra Bolivia de 1909, fue expositor en las negociaciones con Colombia tras el incidente de Leticia en 1932, y delegado en las Conferencias de Washington de 1936, que abordaron los límite con el Ecuador.

Por su parte, García Belaunde ostenta un capítulo especial en la diplomacia peruana no solo por ser, hasta hoy, el único Canciller que se ha mantenido durante todo un periodo presidencial (2006-2011), sino por resolver en buena lid, impulsado por la paz y la defensa de los valores del Perú, la última “hipoteca territorial”: la cuestión marítima con Chile.

Estos esfuerzos culminan en una brillante gestión de Torre Tagle tras el favorable fallo de la Corte Internacional de Justicia en 2014 con el que el Perú resolvió sus fronteras. Estas gestiones del embajador García Belaunde, primero como Canciller y luego como coagente, también repercuten en las negociaciones con el Ecuador que lograron el acuerdo fronterizo de 2011.

Resolver la cuestión ecuatoriana fue vital, pues las delimitaciones pendientes —otrora motivo de conflictos armados— debían zanjarse por el bien de las relaciones peruano-ecuatorianas y para fortalecer nuestra posición en el diferendo con Chile. El embajador García Belaunde, junto con otros diplomáticos y abogados, logró que el caso en La Haya quedara blindado, impidiendo que el Ecuador fuera parte interesada; reforzó la tesis peruana sobre la ausencia de un tratado de límites con Chile y fijó la frontera norte. Su sagacidad permitió resolver, por partida doble, la última hipoteca territorial.

Es en ese sentido que abuelo y nieto representaron con excelencia los valores de la peruanidad, definiendo al país en forma –su territorio– y fondo –una nación comprometida con la defensa de sus intereses mediante la paz–. Su legado repercute hasta hoy y nos permite conmemorarlos en estas fechas próximas a otro aniversario de independencia.

Fuente: elcomercio.pe

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