Se acerca la elección de las mesas directivas del nuevo Congreso bicameral, la cual debe definirse antes del 26 de julio. Las candidaturas están casi definidas con un panorama más claro para senadores (Miguel Torres de Fuerza Popular) y más dividido en diputados (Cecilia Chacón de Fuerza Popular y Norma Yarrow de Renovación Popular).
En senadores, si bien la candidatura de Torres está definida, la correlación de votos tiene algunos detalles a tener en cuenta. En la práctica, el bloque de derecha (Fuerza Popular y Renovación Popular) y el de izquierda (Juntos por el Perú, Ahora Nación y Obras) tienen 56 votos cada uno, dejando en el centro a un Partido de Buen Gobierno con 18 votos.
La contingencia en el bloque de derecha es que llegan con un voto menos en el Senado, debido a la ausencia de Rafael López Aliaga, quien no ha recibido su credencial. Su accesitario, Absalón Vásquez, no asume directamente, sino que debe darse todo un proceso en el que el nuevo Congreso notifique la situación de López Aliaga al ente electoral y este emita la nueva credencial del reemplazante. Esto se daría recién después del 26 de julio.
Puede parecer un tema menor, pero esto significa que los votos del PBG tienen mayor peso en la elección del bloque de derecha en el Senado. Con un Jorge Nieto que no quiere asumir ministerios, se puede intuir que la negociación pasará por dos aspectos: la presidencia de diputados (como balance opositor ante un Senado fujimorista) o la titularidad en comisiones claves.
¿Y por qué no negociar con Obras? La bancada del partido de Belmont es una moneda al aire, sin liderazgos tan claros, e incluso lleva en sus filas a personajes vinculados a JP. Darle relevancia en una votación de esta envergadura puede terminar abriendo la puerta a negociaciones perniciosas. El bloque de derecha podría terminar convirtiendo a Obras en el nuevo Podemos.
En conclusión, para ganar el Senado se debe ceder en diputados. Y al fujimorismo le interesa tener la presidencia de senadores porque ahí recaerá el control de todo el Parlamento durante este primer año (a partir del segundo año, se intercala con diputados). Tener la presidencia de la Cámara Alta resultará clave en esta temporada de arranque, donde los diputados buscarán disparar proyectos para medir fuerzas y conocer el terreno que enfrentan para lograr que sus textos populistas se conviertan en leyes. Se habla tanto del Senado que se ha perdido la perspectiva de una Cámara Baja donde intentarán, de todas formas, sacar sus leyes; incluso ya se escucha a un legislador de Renovación Popular anunciando que buscará instaurar la figura de la insistencia para saltarse las negativas del Senado. Es muy temprano para hablar de un Senado “todopoderoso”.
Fuente: elcomercio.pe