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Hay recuerdos que sobreviven al paso del tiempo con una facilidad sorprendente. Basta escuchar los primeros acordes de una canción para volver a la infancia. Eso ocurre con Diego Topa, el artista argentino que durante más de tres décadas ha acompañado a niños de distintos países y que hoy descubre un fenómeno inesperado: muchos de quienes crecieron con sus programas y conciertos regresan para verlo, esta vez, de la mano de sus propios hijos.
Ese vínculo es el punto de partida de El Circo de Topa, el espectáculo con el que llegó a Lima recientemente (y que va hasta el 2 de agosto) para realizar, por primera vez en su carrera, una temporada fuera de Argentina. El escenario es el nuevo Multiteatro Movistar, donde música y artes circenses se encuentran en una propuesta creada especialmente para las vacaciones escolares y para mantener viva la tradición de disfrutar del circo durante el mes patrio.

La idea nació cuando los productores peruanos le propusieron formar parte de un circo, un formato que nunca había explorado. “Me apasionan los desafíos”, cuenta Topa. Aceptó con una condición: construir una experiencia pensada para la primera infancia y coherente con los valores que ha defendido durante toda su trayectoria.
Por eso, más que reproducir el circo tradicional, decidió imaginar uno propio. Aquí no habrá fuego ni números que puedan intimidar a los más pequeños. En cambio, el espectáculo reúne en un mismo escenario destrezas físicas, humor, burbujas de jabón, teatro de sombras y mucho color e imaginación, elementos que dialogan con un repertorio integrado por sus grandes éxitos y nuevas canciones de su canal de YouTube.
Mirar de cerca
La temporada también responde a un deseo personal. Después de años presentándose en grandes escenarios, Topa buscaba una propuesta más íntima. El formato del multiteatro le permitirá encontrarse con los espectadores a pocos metros de distancia, algo que considera fundamental cuando se trata de niños. “El público infantil necesita proximidad”, dice. “Quiero que estén muy cerca de mí, que vivan la experiencia y no solamente vean un espectáculo desde lejos”, agrega.
Ese contacto directo adquiere todavía más sentido cuando habla de sus seguidores. Son dos generaciones las que conviven en sus funciones: los niños que descubren sus canciones por primera vez y los adultos que disfrutaron de ellas en su infancia. “Muchos de los chicos que crecieron conmigo hoy son mamás o papás y vuelven a conectarse a través de la música. Es una vuelta de amor hermosa”, resume.

Quizá esa permanencia tenga que ver con una idea que repite varias veces durante la conversación: nunca intentó construir un personaje distinto a él mismo. Aunque haya interpretado varios papeles a lo largo de su carrera, asegura que siempre ha procurado transmitir los mismos valores. “Me preocupo por dejar una semillita en el corazón de cada uno de los chicos para que florezca”, reflexiona.
En el repertorio no faltarán temas como “Me muevo para aquí”, “Pompa de jabón” o clásicos de toda la vida como “La gallina turuleca”, además de nuevas canciones que millones de niños siguen en YouTube. Incluso promete algunas sorpresas inspiradas en dinosaurios y recursos escénicos que transformarán el teatro en un espacio de fantasía.
A sus 50 años, Topa siente que todavía tiene mucho por hacer. Habla de nuevos proyectos, de televisión, de música y de seguir creando contenidos para las infancias. Pero antes de todo eso quiere disfrutar esta temporada limeña, que vivirá acompañado por su familia y que, espera, lo acerque todavía más al público peruano.
“No es un trabajo. Es mi misión”, dice. Y esa convicción parece atravesar cada decisión detrás de este espectáculo, uno pensado para que la familia comparta el mismo asombro. Porque, al final, la verdadera magia del circo quizá no esté solo en los actos que ocurren sobre el escenario, sino en la posibilidad de volver a mirar el mundo con ojos de niños.

Fuente: elcomercio.pe