Entendiendo los desafíos

Si hablamos de los grandes retos que deberá enfrentar el próximo gobierno, el más importante de todos es, sin duda, la incapacidad del aparato estatal para dar respuestas efectivas a las necesidades de los peruanos. Durante los últimos 25 años, el Estado no ha dejado de expandirse y, con él, el presupuesto público; sin embargo, ese crecimiento no se ha traducido en soluciones concretas ni en mejoras sustantivas para la ciudadanía.

Si hablamos del sector salud, el presupuesto se ha multiplicado de S/6.000 millones en el 2010 a más de S/28.000 en el 2026. Sin embargo, la expansión de recursos no se ha traducido en acceso efectivo: siete de cada diez personas que necesitaron atención médica no la recibieron. Ni el SIS ni EsSalud –que atiende a los trabajadores formales y tiene un presupuesto de S/17.000 millones– lograron cubrir la demanda. Como resultado, el 65% de los pacientes terminó recurriendo a farmacias y boticas para resolver sus necesidades de salud, evidenciando la profunda brecha entre el aumento de recursos y la capacidad efectiva del sistema sanitario.

Entre el 2019 y el 2024, el presupuesto del sector educación aumentó en 40%. Sin embargo, ese aumento no se reflejó en mejores aprendizajes ni en la reducción de las brechas de infraestructura. Hoy, cinco de cada diez colegios públicos carecen de acceso a agua potable, saneamiento adecuado y servicios de higiene. Esta precariedad golpea especialmente a niñas y adolescentes, que faltan entre cuatro y cinco días al mes cuando están menstruando por la falta de agua en sus escuelas y la imposibilidad de adquirir productos higiénicos. Resulta urgente que los recursos que se pierden en corrupción, ineficiencias o que simplemente no se ejecutan se destinen a garantizar que las niñas del Perú reciban estos productos, como parte de la campaña escolar, y así puedan ejercer plenamente su derecho a la educación.

Casi nueve millones de peruanos viven hoy en pobreza y de ellos el 5% en pobreza extrema. Tenemos el doble de pobreza extrema que en el 2019. Pero sobre ellos hay un 32% de peruanos que, si bien ha logrado “escapar” de la pobreza, vive en vulnerabilidad. Es decir, no tiene condiciones básicas satisfechas ni acceso a servicios de calidad y puede regresar a la pobreza ante cualquier eventualidad. El primer trimestre de este año, el 40% de los hogares peruanos reportó haberse quedado sin alimentos por falta de dinero o recursos (IEP).

El gasto público ha crecido sostenidamente, pero los resultados no han mejorado. Parte del problema es que un porcentaje importante se va en gasto corriente (administrativos y remuneraciones). Pero lo cierto es que no estamos logrando atraer a los mejores a la gestión pública. Y esto se traduce en una ineficiencia en la gestión y en el gasto que nos cuesta dinero. Videnza Instituto, replicando un estudio del BID, encontró que S/40.000 millones se pierden anualmente en ineficiencias en el gasto público. ¡Imagínese los hospitales y colegios que se podrían construir!

Nuestro problema no es falta de dinero, aunque estamos en una trampa de limitado crecimiento económico, alta informalidad, pobreza y exclusión, con instituciones débiles y una gran desconfianza en el Estado. En los últimos años hemos perdido gran parte de la burocracia más capacitada. Necesitamos hacer los ajustes necesarios y convocar a los mejores cuadros al sector público para responder a las necesidades de los peruanos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fuente: elcomercio.pe

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