Exprimiendo el poder

El congresista José María Balcázar llegó a la presidencia a consecuencia de una serie de eventos fortuitos y con una agenda muy acotada. Tras el licenciamiento de José Jerí, fue elegido efectivamente por una mayoría parlamentaria negociada a último momento y sobre la base de acuerdos no revelados. De cualquier forma, habida cuenta de que iba a estar unos pocos meses en el cargo y en medio de un proceso electoral, se entendía que su responsabilidad esencial era asegurar que esos comicios se desarrollasen limpiamente y en paz, al tiempo de hacer lo que pudiera para evitar que la inseguridad en el país no continuara empeorando. Nada más. Rápidamente, sin embargo, se hizo claro que él no estaba dispuesto a desaprovechar la notoriedad y el poder adquiridos azarosamente, y que haría lo posible por dejar huellas de diverso tipo de su paso por el poder. Aprovechó cada presentación pública para alardear de una ilustración fatua –como cuando peroró de modo descaminado e históricamente errado sobre Hitler y el nazismo–, causó un incidente internacional a propósito de la compra de los aviones F-16 a Estados Unidos y trabó lo poco que se había avanzado en el intento de reforma de Petro-Perú.

Pero eso no fue todo, en este Diario hemos informado también acerca de la enorme cantidad de cambios que introdujo en la administración pública desde que llegó a Palacio. En solo tres meses y a 20 días de dejar el poder, tales cambios suman más de 50 y se extienden por sectores como Trabajo, Educación, Energía y Minas, la PCM y el Despacho Presidencial, entre otros. Se trata, además, de cambios relevantes, pues el número de ministros y viceministros sustituidos asciende a cinco. Como varios especialistas consultados por El Comercio han señalado, ello no solamente es absurdo por lo poco que podrían hacer funcionarios llegados a la hora nona a puestos tan importantes, sino también por las dificultades que la situación generaría en el proceso de transferencia.

Finalmente, desde que se ciñó la banda presidencial, Balcázar merodea también la idea de indultar al golpista Pedro Castillo. Ya múltiples hombres de leyes le han hecho notar las circunstancias que le impedirían adoptar una medida así, pero él persiste en el empeño, soltando frases ambiguas al respecto y reuniéndose con allegados al encarcelado exmandatario. La gracia presidencial no procede y mal hace Balcázar en pretender abrir una puerta para dejar una potencial bomba de tiempo al próximo gobierno. Los ministros de su gobierno deben estar atentos a cualquier intentona en ese sentido y denunciarla si es que se pretende concretar semejante despropósito legal.

La sensación general es que, en lugar de ser consciente del carácter transitorio del encargo recibido, quiere él exprimir el poder hasta la última gota. Sus esfuerzos ahora deberían estar centrados en entregar de manera ordenada el poder que se le otorgó de manera interina. Y no en alentar en vano las esperanzas de un recluso que merece cumplir la pena que se le dictó.

Fuente: elcomercio.pe

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